- ¡Mierda! - Soltó Luisita nada más ver la que acababa de liar. - Si es que soy un pato mareado.
- ¡Qué dices! Tú no haces nada como un pato mareado...
Amelia comenzó a recoger los trozos de cerámica que estaban esparcidos por la pila.
- ¡Mierda! ¿Ves? - Se quejó este vez Amelia.
- ¿Qué ha pasado?
- Esto - Le enseñó el dedo que comenzaba a sangrar.
- ¿Te has cortado?
- Eso parece. - Se llevó el índice hacia la boca para cortar la hemorragia.
- Espera aquí.
Luisita desapareció para volver a los pocos segundos con una tirita.
- Trae - Le agarró el dedo, lo acercó hacia la pila y lo puso debajo del lavabo - Es mejor limpiar la herida con agua y con jabón antes que con alcohol, el alcohol lo que hace es quemarla.
- Sí que sabes de curas ¿no? De todos modos, es sólo una rajita.
- Nunca está demás prevenir, Amelia. ¿Te duele?
- Me escuece un poco pero nada más.
Una vez que terminó de limpiar la herida, acercó su dedo a sus labios y comenzó a soplar con suavidad. Amelia la miraba con atención ¿cómo podía ser que un gesto tan simple le pareciese tan sensual?
- Es para que se seque. - Le explicó la rubia, Amelia asintió mientras tragaba saliva.
La verdad es que aquella situación le estaba provocando unos calores que no eran normales, tenía que admitir que cualquier roce de Luisita le provocaba un torrente de sensaciones. Se sentía vivía con ella y eso era demasiado bonito.
- Ya está - Finalizó Luisita tras ponerle la tirita.
- No hacía falta, Luisita, pero muchas gracias, además me encanta que la tirita sea de los Minions. - Sonrío.
- Es lo que tiene vivir con cuatro niños.
Se miraron a los ojos durante varios segundos, analizando sus expresiones, intentando saber qué pensaba cada una.
- No, no tengo pareja - Dijo de pronto - ¿Tú?
- Tampoco.
Volvieron al silencio, a esos segundos dilatados en el espacio, al intercambio de miradas. Era el momento, tenían que tener la conversación.
- Lo siento, - empezó Amelia - siento lo que pasó la otra noche y lo de ayer.
- ¿Lo sientes? - Respondió un poco desconcertada. ¿Qué sentía? ¿Los besos o la huída?
- Sí, no quería que te sintieras utilizada o no sé...
- No, tranquila, no me he sentido utilizada para nada.
- A ver que no me arrepiento, me refiero que estar contigo de... ese modo me gustó mucho, pero que no quiero que pienses que... - Luisita la interrumpió.
- No te preocupes, Amelia, lo entiendo, no quieres que piense lo que no es.
"¿Qué pensaba?" se preguntó Amelia. Ella lo único que quería era hacerle saber que no había sido un polvo de una noche, pero no sabía por qué no estaba siendo lo asertiva que solía ser.
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Kintsugi
Любовные романыEl kintsugi es la práctica de reparar fracturas de la cerámica con barniz o resina espolvoreada con oro. Plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse. Amelia y Luisita tendrá...
