Capítulo 17

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- ¿Lo ha leído? - Marina y Luisita estaban sentadas en una de las  mesas de la terraza del Asturiano tomando unas cañas mientras  la rubia revisaba, cada dos por tres, su teléfono.

- No, no se ha vuelto a conectar.

- Pue ya está, Luisita, no le des más vueltas. Te escribirá cuando quiera.

- Y yo le contestaré cuando quiera.- Dijo orgullosa.

- Eso es, cuando quieras. No hay presión.

- Ninguna. -  Dio un último sorbo a la cerveza. - Voy a pedir otra ronda. -  Luisita se levantó y se fue adentro sin esperar una respuesta por parte de su amiga.

Le hizo una señal a su padre para que le pusiera dos más y se quedó mirando pensativa a través del cristal. Por más vueltas que le deba no entendía la reacción de Amelia, no comprendía por qué no le había escrito o por qué no revisaba el teléfono. Casi se cruza con ella y la vio bien, no le había pasado nada. ¿Cómo pudo ser tan estúpida? Había ido a buscarla a casa por miedo a que le hubiese pasado algo y no le había pasado nada. 

De pronto, vio como Marina saludaba a alguien desde la distancia, le llamó la atención puesto que ella misma había dicho que ya no conocía a nadie, que Madrid se había convertido en un nueva ciudad para ella. "¿A quién saluda?" pensó, escudriñó la mirada para intentar distinguir a la pareja que, poco a poco, se iba acercando a Marina. 

- ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No! - Gritó Luisita.

- ¿Qué pasa? - Preguntó asustado su padre.

- Dime que esa chica de ahí, la que está con la pelirroja, no es Amelia. - Su padre fijó la mirada a través del ventanal.

- Sí, sí que es. ¡Mírala! que sencilla pero que guapa está ¿eh? 

- Papá, no es el momento. -  Respondió molesta.

"¡Claro que estaba guapísima! Siempre lo está" pensó para ella "¿y ahora qué hace Marina?" Su amiga se había girado hacia su dirección y con la mano le hizo señas para que se acercase. Observó a Amelia que estaba cabizbaja y a su acompañante que le agarraba del brazo.

- ¡Ve! Ahora te llevo yo las cañas, no te preocupes. - Le dijo su padre.

- No, tranquilo, me espero y las llevo yo, que tienes mucho trabajo y no es plan tampoco.

- Que no, hija, que te las llevo yo, que además Marina te está llamando.

- No es urgente,  me espero, de verdad, papá. - Insistió. 

- Mira que eres cabezona, te quieres ir fuera con tus amigas. - Marcelino salió de detrás de la barra y empujó a Luisita hacia la salida. - ¡Venga! No hagas esperar que está feo. - Le dio un último empujón y Luisita salió con el corazón en un puño.

- Mira, ya viene. - Señaló Marina.

Amelia levantó la cabeza para ver cómo la rubia se iba acercando a ellas. La miró de arriba a bajo; estaba preciosa. Llevaba un vestido de margaritas con un poco de vuelo y el pelo suelto, sonrío con timidez, se puso recta y respiró. Notó como Natalia le daba un pequeño apretón para infundirle un poco  de ánimo.

- Hola Amelia. - Saludó avergonzada.

- Hola  Luisita. - Susurró.

Un silencio lleno de tensión invadió el espacio. Natalia y Marina se miraron con cierta complicidad, eran conscientes de lo que ese silencio significaba, de los nervios de sus amigas, del miedo del momento. Hacía menos de tres días habían estado besándose en el baño del King's y ahora no eran capaces ni de mirarse a la cara. Tanto Amelia como Luisita no estaban preparadas para este encuentro, no tan rápido, no sin haber procesado y entendido todo lo ocurrido. 

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