MOTHER LOVE

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Enzo salió de aquella habitación dos palmos sobre el suelo. Necesitaba hablar con Pauline cuanto antes. La llamaba pero no cogía el móvil así que mandó a Carl que le llevara en coche las dos manzanas que les separaban. No estaba en su piso pero como tenía las llaves entró a esperarla y de paso ponerse a jugar con Trikson y Bruce, los dos gatos que compartieran cuando eran pareja.

- Cariño, ¿por qué no respondes mis llamadas? –acudió a la puerta en tromba.

- Lo siento. Estaba en el pediatra con Charlotte.

- ¿La ocurre algo?

- No, una vacuna. ¿Y a ti? ¿Te pasa algo? No me asustes.

- Me voy a casar.

Por unos instantes Pauline no supo ni cómo reaccionar. Hacía quince días había acudido a ella hecho un lío penando de amor y ahora esto.

- Ahora es cuando dices Felicidades.

- Oh, Enzo. Si, claro. Pero... tú casado.

- No solo le reconquisté sino que le pedí que se casara conmigo. ¿Hice bien?

- Pues... si, si eres consciente de lo que implica.

- ¿A qué te refieres?

- A que vas a salir del armario públicamente.

- Oh, cariño. En eso ha consistido siempre. ¿Por qué te piensas que he tardado tanto en decidirme? Ya me habría casado con él hace mucho.

- ¿Cómo lo llevas ahora en frío? Ya sabes que es algo más que ponerle ese bonito anillo y pedirle que sea tu marido.

- Pauline, no me trates como a un niño.

- Lo siento, a veces lo eres, Enzo.

- Ya sabes que me importa una mierda lo que piense el mundo entero. Es un secreto a voces en la industria. Los que me preocupan son mis padres. Voy a decírselo porque queremos ponernos cuanto antes con los preparativos de la boda.

- ¿Quieres que te acompañe?

- Oh, mi amor. No es necesario. Gracias –la besó la mano con cariño.

- No me importa, en serio. Ya sabes que nos llevamos bien. Seguro que conmigo delante son un poco más comprensivos.

- Es algo que debo afrontar yo solo.

- Te va a merecer mucho la pena. Vas a desplegar tus alas por fin. Como cuando me lo confesaste a mí ¿recuerdas? Y yo te vi florecer desde ese mismo momento. Fuiste mucho más hermoso cuando empezaste a ser libre. Y cuando se lo cuentes a tus padres vas a ser aún más libre.

- ¿Crees que voy a ser feliz con Tarek?

- Creo que lo has sido durante estos años. ¿Por qué no seguir?

- Es curioso, cuando te llamé para decirte que había terminado con Tarek no me abroncaste ni me llamaste caprichoso narcisista.

- Como alguna vez te he llamado, si.

- Por eso. Solo me dijiste que no pensara más en ello, que no me culpara. Confiaste en la legitimidad de mis caprichosos actos.

- Siempre lo he hecho, cariño.

- A veces me das miedo.

- No seas tonto. Decidiste que no le querías en casa y yo pensé que tendrías tus razones. ¿Quién soy yo para juzgar a otra pareja?

- Peleamos pero como hacemos cada dos por tres. No sé qué me pasó por la cabeza al día siguiente. Aún lo intento analizar.

- Oh, Dios. ¿En serio? Todo ha vuelto a la normalidad. ¿Qué digo? Mucho mejor. Vais a casaros. Deja de analizar, cerebrito.

MR BAD GUYDonde viven las historias. Descúbrelo ahora