MAN MADE PARADISE

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Sean acertó a cerrar la puerta mientras Enzo le arrancaba el resto de la ropa. Su cuerpo se convirtió en gelatina entre sus manos expertas y rápidas como rayos. Con dos movimientos certeros era capaz de dominar todo su cuerpo. De doblegar su voluntad y hacer que gimiera contra su cuello. Le alzó dentro de él mientras él mismo afianzaba sus tobillos contra su trasero. Sean pegó su frente a la suya mirándose con fiereza. Era tan sexy el modo en que Enzo tenía la boca entreabierta sobre la de él sin llegar a rozar sus labios. Sean se sentía triunfante al haber podido hacerle perder el autocontrol y al mismo tiempo apocado ante el deseo que le despertaba. Era tan natural esa forma de follar como salvajes. ¿De donde había salido esa necesidad tan primaria?

Se deslizaron hasta el suelo rendidos. Sean se mantuvo sentado sobre él mientras Enzo seguía dentro de él con naturalidad, sin intentar levantarle para desligarle de él. Tras unos minutos de recuperación se volvieron a mirar a los ojos queriendo decirse que esto no era ningún error. Sean acercó sus labios casi con timidez a los de Enzo plantando sonoros besos una y otra vez. El sonreía.

Sean se abrazo a su cuerpo como un koala mientras Enzo le alzó las caderas para salirse de él. Sean suspiró contra su cuello mientras hundía en su pelo los dedos echando su cabeza para atrás. Recorriendo con sus labios su largo cuello estirado. Le clavó los enormes ojos encendidos y el le devolvió la misma intensidad en su mirada.

-              Vamos a la cama ahora

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- Vamos a la cama ahora. Aún no he terminado contigo –sentenció Enzo muy serio abriendo con su lengua su boca.

Algo en el vientre de Sean aleteó empezando a reanudar el familiar vértigo. Enzo sentado en la cama empezó a meterse su polla en la boca de forma muy sensual. Besándola y lamiéndola con el ritmo adecuado para que Sean no acabara corriéndose.

- Penétrame con esta obra de arte –exigió alzando su mirada a él, ahí de pie frente a él.

Sean empujó lentamente su cuerpo boca abajo sobre la cama recorriéndolo con sus manos desde la nuca hasta las palmas de los pies. Deslizó un brazo bajo su vientre rodeándolo. Apretó su dedo pulgar e índice sobre el con ligeros masajes. Esa sensación poderosísima le aceleró sin remisión. Enseguida le penetró antes de que le suplicara. Su característico gemido protesta-liberación resonó en la habitación mientras sentía la respiración de Sean moviendo su pelo. Salió para introducirse con más contundencia. Volvió a gemir ladeando la cara hacia donde adivinaba su boca abierta. El cuerpo le ardía como si fuera una pira viviente. La exigencia se derramaba dentro de él entre gemidos.

- Dios mío, ¿qué cojones acaba de pasar aquí? –preguntó Enzo resollando contra la almohada mientras sentía la boca de Sean pegada, exhausta, contra su nalga izquierda.

Sean se echó a reír empezando a besar su trasero hasta buscar agotado su rostro y besarle en los labios.

- Eso mismo me preguntaba yo –le sonrió observando enternecido su rostro sudado.

MR BAD GUYDonde viven las historias. Descúbrelo ahora