2. Libros

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Aunque Dylan tenía 8 años y solía ser tímido, también era amable con todos y le gustaba ayudar cuando podía. Sus padres eran dueños de una cafetería. Cualquiera que pudiera conocerlo y no supiera quién era, lo consideraría un chico normal. Pero así no eran las cosas. Dylan tenía un destino y por lo mismo necesitaría una rutina. Katrina Cassell sabía eso y se dispuso a crearle una en vista de que ese niño sería un día el esposo de su hijo.

Después de la escuela, cada tercer día, debía ir a la mansión de la familia Cassell. Ahí se encontraba con ella, la señora de la casa, una mujer rubia de aspecto refinado y aires elegantes que le enseñaría muchas cosas. Además de reglas de etiqueta y cómo funcionaba la casa, lo prepararía para todo tipo de situaciones y aunque Dylan entendía que era porque tenía un destino por cumplir, no se sentía cómodo ahí.

A Katrina le preocupaba un poco eso porque sabía que su hijo era un excelente jovencito y como sería él quién representara a la familia, debía tener un esposo a su altura. Por lo tanto la educación y bienestar de Dylan era de suma importancia para ella. Los Cassell no querían tener que ocultar el matrimonio de su hijo con Dylan porque querían mantener el honor de su familia lo más posible y esconderse demostraría debilidad y hasta culpabilidad. Ellos aceptaron eso con dignidad y lo mostrarían con orgullo porque querían demostrar que pese a todo, nada podía derribar a una antigua familia como esa.

Por eso Katrina era muy estricta con Dylan. Quizá el destino fue el encargado de escoger con quién debía casarse su hijo, pero eso no significaba que no pudiera hacer de ese joven alguien apropiado para la familia. Así que le consiguió profesores privados para todo. No era su hijo pero quería que el futuro esposo de Issac y por lo mismo el próximo señor de esa casa, fuera alguien culto y respetable. La señora Katrina quería que él pudiera mantener la mansión a flote. Eso implicaba desde saber dirigir a los empleados hasta cocinar. Porque aunque Dylan era hombre, eso no le impediría cumplir un rol. Katrina y los Cassell estaban totalmente convencidos de que la razón por la que su familia prosperó tanto y se había mantenido siglos así era por el excelente equilibrio que sus integrantes mostraban con respecto a su familia. Debía haber alguien que manejara los negocios y alguien que cuidara de todos. Que se encargara de la casa y de todos en ella. Desde que Issac mostró una inteligencia superior y un genuino interés por los negocios de su padre, se le eligió como el próximo jefe de la familia Cassell pese a no ser el primogénito. Con ese pensamiento en mente, Katrina solía creer que en algún momento escogerían una esposa a su altura sin embargo ocurrió lo de la maldición y ya no fue una opción. Sólo le quedó conformarse con Dylan.

Siendo Dylan tan pequeño,
a ella le pareció que podría educarlo lo suficiente como para que pudiera ser la esposa que Issac necesitaba y mereciera. Sin embargo en su primera lección de modales de etiqueta, se dio cuenta de que eso iba a ser más difícil de lo que pensó. Dylan estaba nervioso, no entendía por qué debía aprender a usar tantas cucharitas diferentes en la mesa siendo que una sola servía para todo, se sentía incómodo estando solo con Katrina y esa casa tan enorme le daba miedo así que todo lo que quería era ir a buscar a su mamá.
Katrina notó que el niñito sentado frente a ella se sentía muy incómodo y probablemente sólo quería irse. Suspiró.

— Dejemos las lecciones para después— le dijo—. Mejor demos un recorrido por la casa.

Se levantó de la mesa y el niño lo hizo también. Le pidió que la siguiera. Él caminó detrás de ella por los pasillos guardando una distancia corta pero marcada.

— Tu madre me dijo que te gusta leer— le dijo ella.

El niño asintió levemente con la cabeza.

— Entonces este lugar te gustará— dijo ella mientras abría una puerta.

Encendió las luces y se internó en la habitación. Dylan lo hizo también mientras miraba a su alrededor absolutamente sorprendido.

— Esta biblioteca es muy antigua— dijo ella—. Nuestros antepasados la comenzaron y con los años las generaciones la han fortalecido. Hay incluso primeras ediciones.

El niño se acercó a un estante. Después la observó a ella. Katrina le sonrió.

— Adelante, toma algo si quieres— le dijo.

Dylan tomó un libro de una de las repisas de abajo donde se guardaban los libros para niños.

— Puedes ir al sofá de ahí y verlo— le dijo ella.

El niño lo hizo. Se sentó y comenzó a pasar hojas. Katrina lo observó. Era un chico pequeño de apariencia delicada y cabello rubio claro, tanto que hasta parecía platinado. Tenía una carita muy adorable y como según sus padres no le gustaba que le cortaran el cabello, lo tenía largo hasta los hombros y a simple vista parecía una chica. Se parecía mucho a su madre, pensó ella. Aunque Becca no tenía los ojos azules y Dylan sí.

— ¿Te gusta este lugar?— le dijo ella.

Dylan la observó y asintió con la cabeza.

— Entonces te agradará saber que un día esta biblioteca va a ser tuya— le dijo.
— ¿Mía?— dijo Dylan confundido.
— Así es. Igual que toda esta casa. En unos años más, cuando seas adulto, te casarás con mi hijo y vivirán aquí como una hermosa familia. Todo lo que ves será tuyo.
— Mi mamá ya me dijo que debo hacer eso— dijo el niño con timidez.
— ¿Te explicó porqué?— le preguntó ella.

El niño negó con la cabeza.

— Es complicado de explicar pero que debas hacerlo no significa que sea algo malo— dijo ella—. De hecho es muy bueno para ti. Serás un Cassell. Yo tampoco lo era pero cuando me casé me volví parte de la familia y eso pasará contigo también. Formar parte de un legado como este es todo un honor y me siento muy orgullosa de poder haber llegado aquí y tener una hermosa familia. Quiero que tú también tengas eso. Vas a tenerlo. Pero debes hacer siempre lo que yo te diga. Tienes que ser obediente, ¿De acuerdo?

Dylan asintió con la cabeza.
A Katrina le sorprendió que a pesar de ser joven, el niño era obediente y mostraba disposición. El único niño así de educado que había conocido ella alguna vez era su propio hijo, Issac. Entonces de repente descubrió que esa unión podría tener sentido. Quizá no todo sería una desgracia: Dylan era joven y maleable, ella podría hacer que fuera como quisiera. Así que se propuso a sí misma que lo haría perfecto. Sería el esposo que cualquier persona quisiera tener.

— Entonces tomarás algunas clases conmigo y otros maestros— le dijo ella—. Aprenderás mucho. A cambio obtendrás muchas cosas fabulosas. Absolutamente cualquier cosa que quieras la tendrás. Lo que sea, yo me encargaré de eso... ¿Hay algo que quieras ahora?

Dylan lo pensó un poco.

— Quiero leer— admitió con timidez.
— Por supuesto pero eso ya lo estás haciendo— dijo ella—. Podrás hacerlo siempre que quieras. Este lugar está totalmente disponible para ti, siempre y cuando tomes tus clases primero.

Dylan se puso tan feliz que sonrió. A Katrina le agradó ver que a pesar de ser tan tímido también podía mostrarse así de feliz.

— Pero además de eso también podrías tener otras cosas— le dijo ella—. Cualquier cosa que quieras. Piensa en algo que siempre hayas querido pero que tus padres no te compraron.

Dylan lo pensó.

— En el centro comercial vi un estuche para lápices que parecía bonito— dijo Dylan con timidez—. Tenía un patito.
— De acuerdo, lo conseguiré para ti— le dijo ella—, ¿Algo más que quieras?

Dylan negó con la cabeza. Katrina pensó en lo diferente que era ese niño a comparación con sus hijos. Ellos hubieran aprovechado la oportunidad para pedir muchas cosas, quizá porque ella siempre los consentía y quería que tuvieran todo lo que quisieran.

— Quizá después quieras más cosas— dijo ella—. Así que puedes pedirme lo que sea.

Sin embargo con el pasar de los años eso no pasó. Dylan nunca pedía nada porque no era una persona ambiciosa. Incluso si lo necesitaba jamás pedía algo. Y esa cualidad a Katrina le constenaba. Dylan sería un día alguien muy rico, ella sentía que no le quedaba ser tan humilde. Sin embargo además de eso no había ninguna otra cosa en su carácter que le molestara. Porque para sus ojos, Dylan era perfecto y mejoraba. Se volvía lo que ella quería.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora