Bryce vio cómo su hermanito se iba en medio del caos del viento. Quería poder ir con él y preguntarle si se encontraba bien. Si no se había hecho daño. Lo estaba considerando seriamente cuando alguien detrás de él le habló.
— Señor, ¿Se ha hecho daño?
Bryce se giró para decir que no cuando descubrió quién era la persona que le preguntó eso. Ahí estaba, usando el uniforme de los meseros mientras lo miraba absolutamente sorprendido. Al parecer tampoco lo había distinguido a la primera sin embargo una vez que ambos se miraron y reconocieron, perdieron el aliento. Bryce hasta sintió cómo su corazón se detuvo unos segundos. No lo pensó tanto para salir corriendo por la primer puerta que encontró. No tenía un rumbo fijo, sólo tomó el primer pasillo que vio y se fue corriendo como si lo persiguieran.
Desde el suelo de la terraza, Dylan vio cómo Issac se acercó a él para después meter una de sus frías manos debajo de sus ropas. Sintió los dedos de Issac simplemente tocar su piel. No obstante se encontraba demasiado ebrio como para hacer o decir algo. Es más, hasta ese gesto lo estremeció un poco. No se lo esperaba y jamás nadie lo había tocado ahí, ni siquiera sí mismo. Con inquietud y un poco de frío, dejó que Issac metiera otra de sus manos debajo de su camisa.
Issac no sabía qué estaba haciendo. Lo único que entendía era que sentía una necesidad casi incontenible por tocar la suave y cálida piel de Dylan. Mientras sus manos hurgaban entre las ropas del joven lentamente, se le ocurrió mirar la cara que podría tener su prometido. En todo ese tiempo no vio su expresión por que se encontraba demasiado concentrado en acariciarlo. Levantó la mirada y vio que Dylan tenía la cara muy roja pero no estaba en él su usual expresión de melancolía de la que ya se había acostumbrado a pesar de llevar pocas semanas en el pueblo. No, era distinto. Dylan no parecía sufrir como siempre. Se veía bastante relajado. Eso confundió un poco a Issac, que sintió la necesidad de acercarse más y explicarse. Inclinarse más en el suelo lo mareó un poco porque había bebido esa noche aunque no lo suficiente como estar ebrio.
— No quiero hacerte daño— le dijo muy cerca de su cara, mientras sus ojos se encontraban—, es sólo que... debo tocarte. Tengo que hacerlo o yo... no sé que pasará conmigo...
Dylan no entendió nada de eso y tampoco le importó porque lo único en lo que podía pensar su mente era en lo profunda y bella que le parecía la voz de Issac. En cómo su piel se erizó de sólo escucharlo así de cerca.
Issac podía sentir la respiración acelerada de Dylan en su cara. Al mismo tiempo escuchaba los sonidos de su propio corazón latiendo demasiado fuerte. Deseaba a Dylan, lo deseó desde el primer momento en que lo vio y odiaba tener que recordarse frecuentemente a sí mismo que no podía tenerlo. Aunque en ese momento lo tenía. Estaba ahí, en el suelo, cerca de él, tan cerca que podía oler su fragancia.
Se debatió un poco internamente si debía o no hacer alguna cosa pero su mente dejó de tener el control y acortó el espacio entre ellos. Sus labios se tocaron. A Dylan le sorprendió sentir ese gesto. Le tomó unos segundos entender que eso era un beso. Los había visto en las películas o entre sus padres cuando ellos pensaban que él no se encontraba ahí. No supo decidir si era algo que le gustaba, sólo sentía que eso no debía estar pasando aunque no tenía una razón del por qué no. Esa era su fiesta de compromiso, ellos dos serían esposos en unos días, ese tipo de contacto físico no sorprendería a nadie.
Issac tuvo ese mismo pensamiento acerca de si debía hacer más o detenerse. Pero concluyó en que Dylan sería de su propiedad en unos días, no estaba mal si quería dejarse llevar. Así que le cedió el control total a sus instintos y deseos.
Dylan sintió cómo ese beso se hacía más profundo e intenso, tanto que se quedó sin aliento muy pronto. Su cuerpo se sentía muy caliente y débil, como si todas sus energías lo hubieran abandonado. Las manos de Issac, tan grandes y frías, recorrieron parte de su pecho y espalda. Dylan cerró los ojos porque la incertidumbre lo tenía muy nervioso. Aquellas manos dejaron de acariciar su cuerpo y se apresuraron a separar sus piernas. Issac se sentía tan excitado que quería acabar con eso lo más rápido posible. Había tenido sexo muchas veces y sabía bien el proceso. Sentía que podía hacerlo rápidamente ahí en esa terraza sin que nadie se diera cuenta. Entonces Dylan se movió un poco y la entrepierna de ambos se tocó. El joven soltó un pequeño gemido. Issac recordó que a pesar del delicado aspecto de Dylan, él era un hombre y hacerlo con él no sería tan fácil. Eso lo molestó un poco pero se convenció a sí mismo de que no era momento de lamentarse por eso, tenía que encontrar una solución principalmente porque ya tenía una erección que hasta era dolorosa. No era un experto en saber cómo debían verse las erecciones de otros hombres pero por el pequeño bulto en la entrepierna de Dylan, al parecer se encontraba tan caliente como él. Saber que sus caricias habían causado efecto en la persona que tanto deseaba lo llenó de satisfacción y volvió a buscar sus labios.
Dylan no entendía qué pasaba, sólo se estaba dejando llevar. Volvieron a besarlo y él aceptó esos labios ajenos sin pensarlo mucho.
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El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
