40. Impecable

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Matty fue en su auto hasta la casa de Dylan. Por suerte no había nevado en unos días así que las calles estaban despejadas. Aún así hacía mucho frío. Pero él creció ahí y de alguna manera no le molestaba. Sólo se cubría bien y podía seguir adelante. Llegó a la casa de los Jensen y vio que la cafetería estaba abierta. De hecho habían clientes. Se acercó. Se encontró con Becca. Ella le dijo que Dylan estaba en su habitación y que podía entrar a buscarlo. Como Matty ya había estado ahí un par de veces antes sabía cómo llegar. Fue adentro. Buscó las escaleras y las subió. Cuando llegó a la habitación que buscaba, golpeó la puerta un par de veces. Dylan le dijo que podía entrar. Él abrió la puerta y se asomó. Vio a Dylan sobre la cama.

— Hola, te traigo tu traje— le dijo.

Entró totalmente mientras sostenía una bolsa. Se acercó a Dylan y se la dio.
El joven la sostuvo. Sacó el contenido. Era blanco. Lo miró mientras parecía bastante consternado.

— Es bonito, ¿No?— le dijo Matty.

Dylan no le dijo nada. Sólo miró las prendas entre sus manos. Matty sabía lo que significaba. Dylan estaba nervioso. Quizá asustado. Y no era para menos.

— Mi mamá quiere que te lo pruebes— le dijo tratando de tomar con ligereza el tema—. Porque si necesita alguna modificación estamos a tiempo para llevarlo con el sastre.
— ¿Debo hacerlo ahora?— le preguntó Dylan.
— No, puedes quedártelo y ponértelo cuando te sientas listo— le dijo Matty—. Sólo avisa si te queda bien.

El joven sólo miró la ropa con una expresión muy triste en la cara. Matty odiaba ver eso.

— Deberíamos salir— le dijo a Dylan—. Hay que dar una vuelta por el pueblo.

Dylan no parecía de humor pero Matty le insistió tanto que terminó aceptando. Subieron al auto y Matty condujo por algunas calles. El pueblo era pequeño pero se podían hacer muchas cosas. Sin embargo Dylan no parecía tener ganas de nada. Caminaron un poco y Matty trató de hablarle animadamente pero el chico se limitó a contestar brevemente y sólo lo siguió. Definitivamente no quería hacer eso. Pensó en regresar al auto. Lo hicieron. Cerraron y Matty comenzó a conducir de vuelta a casa de los Jensen.

— Tal vez deberíamos ir a mi casa— le dijo Matty.

Dylan no quería pero le preocupaba Bryce así que aceptó.
Llegaron después de un rato. Dylan había extrañado ese sitio más por costumbre que por sentirse cómodo ahí. Ambos entraron al lugar.

Issac estaba leyendo un libro tranquilamente en el sofá del salón principal. La chimenea estaba encendida. Escuchó ruidos de risas y voces pero no le importó. Sin embargo después de un rato le molestaron así que salió de ahí un poco molesto. Entonces vio a Matty y Dylan a punto de subir las escaleras. Ambos chicos lo miraron a él también.
Dylan sólo se limitó a saludarlo cortésmente. Como si fueran desconocidos. Después iba a subir las escaleras cuando Issac le preguntó si podían hablar. A Dylan le pareció que era coherente así que aceptó. Matty dijo que lo esperaría en su habitación. Dylan bajó las escaleras y se unió pronto con Issac. Él caminó hasta la biblioteca con su libro en la mano. Dylan sólo lo siguió en silencio.

Issac era alguien astuto. Siempre lo había sido y por eso sus negocios resultaban tan bien. No había pérdidas o fracasos en su historial. Aunque sí algunos negocios inconclusos. Él dejaba algo cuando sentía que era una causa imposible así que no perdía el tiempo más. En ese momento mientras caminaba a la biblioteca sentía que Dylan era una causa imposible. Quizá él se sentía atraído pero era más que obvio que Dylan no sentía lo mismo. Así que era momento de que dejara de perder el tiempo así. Esa semana lejos de él le había ayudado a pensar y llegó a muchas conclusiones. Sabía que no era del tipo de persona que esperaba el afecto de nadie y por eso le dolió cuando Dylan lo dejó para ir a tocar el piano para Bryce. Odiaba sentirse rechazado por lo tanto trataría de no exponerse más. Eso significaba que debía dejar toda esperanza de que algo pasara entre él y Dylan. Aunque no podía simplemente alejarse de él porque sería su esposo. No obstante sí podía exigirle que hiciera bien su parte del trato.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora