42. Pastel

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Dylan quería desaparecer. Deseaba poder simplemente desvanecerse en el aire. Pero no podía hacerlo por más que lo quería así que simplemente aceptó lo que le ordenaron hacer. Cuando terminaron de comer, los padres se fueron al jardín y él siguió a Issac por las escaleras con solemnidad, muy lentamente, tratando de obligar a sus piernas a moverse y fingiendo que todo estaba bien. Tratando de parecer que realmente no se encontraba totalmente aterrado.

Issac no sabía si debía decir algo mientras se dirigía a su habitación. Sentía que no había nada que le quedara por decir después de su conversación de la última vez. Además no quería. Se dedicó a caminar hasta que llegaron a la que sería su habitación. Era una en el tercer piso al principio de un pasillo. Era grande y espaciosa. Entró y se hizo a un lado para dejar a Dylan pasar. El chico lo hizo pero no se internó en el lugar, se quedó ahí. Issac notó que aunque no parecía particularmente nervioso, sí se veía muy agobiado. Pero decidió ignorarlo. Simplemente caminó hacia la ventana. Como no sabía qué decir decidió hablar de la habitación.

— Ampliaron el closet— dijo—. Es más grande.

Dylan sólo lo miró pareciendo confundido.

— Deberías verlo— agregó Issac—. Si algo no te gusta podría modificarse.

Le señaló una puerta. Dylan la observó y se acercó. Issac lo miró caminar. Descubrió que hasta eso le gustaba de él. Se movía con mucha gracia para su gusto. También notó que el color verde pastel de su suéter se le veía muy bien. Como el interior de la casa estaba cálido, Dylan pudo quitarse el abrigo.
Entró al closet para verlo. Era toda una habitación, el lugar era amplio. No sabía qué pondría ahí porque no tenía tantas cosas así que después de unos segundos ahí salió y dijo que estaba bien.

— Me alegra— le dijo Issac aunque no parecía feliz para nada—. Si no hay alguna otra cosa que quieras ver, vayamos con los demás.
— Está bien— dijo Dylan con timidez.

Bajaron las escaleras de nuevo en silencio. Issac se sentía muy estresado. Ya quería que todo terminara. Sólo deseaba poder ir a su habitación para acostarse y leer.
Fueron al jardín. Los demás estaban mirando el jardín. Los vieron llegar.

— ¿Ya vieron la habitación?— dijo el señor Cassell sorprendido.
— Así es— dijo Isaac mientras se acercaba a un árbol—. Todo está bien.
— Fue algo... muy rápido— dijo Katrina con extrañeza.
— Dylan, debes ver el invernadero— le dijo Becca.

Dylan se acercó a ella y entraron al lugar. Todos fueron ahí menos Issac. Katrina lo notó después de un rato y se escapó de ahí sigilosamente para ir por su hijo. Se encontró a Issac sentado en una banca que estaba cerca de un árbol mientras veía su teléfono.

— ¿Qué haces ahí?— le dijo molesta—, ven aquí para que convivas con Dylan.
— Estoy ocupado— le dijo él sin despegar la vista de su teléfono.
— Issac, hablo en serio. Esta es tu oportunidad para conocer mejor a Dylan.
— Ya lo conocí lo suficiente— dijo él—. Estoy bien así.
— No es cierto, no sabes cómo es él— insistió ella.
— Me odia— dijo Issac—. No necesito saber más.
— No te odia, sólo es tímido. Pero si tratas de hablarle, verás que...
— Mejor ve con los demás a hablar de plantas— le dijo Issac—. Yo estoy perfectamente aquí.

Ella se dirigió al invernadero sintiéndose muy molesta. Se acercó a Dylan y le pidió hablar a solas. Se alejaron un poco de los demás.

— Issac está solo allá afuera— le dijo—. Quiero que vayas con él.
— ¿Para qué?— dijo Dylan.
— Habla con él.
— ¿De qué?
— De lo que sea— le dijo ella estresada—. Es tu prometido, no puedes dejarlo solo.

Dylan sintió mucho miedo pero no se opuso a la idea de Katrina. Simplemente caminó lentamente fuera de ahí. Vio a Issac sentado mientras miraba su teléfono. No quería acercarse pero lo hizo muy a su pesar. Se detuvo cuando estuvo frente a él. Se obligó a pensar en algo.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora