154. Cicatrices

20 4 2
                                        

Bryce estaba perdido en su mente, repasando algunas cosas. La mayoría de sus recuerdos eran dolorosos, pero en medio de ellos, le llegaron las memorias de aquellas veces en las que tocaba la suave piel de Matty. Recordaba lo agradable que era poder abrazarlo, lo bien que olía y lo delicioso que era probar sus labios... extrañó repentinamente cómo se sentía en esos días, cuando se amaron libremente. Nada importó más que ellos dos, uniendo sus cuerpos. Jamás antes se sintió más amado.
Se encontraba pensando en todo aquello cuando escuchó que alguien gritó su nombre. Se concentró y notó que Issac estaba frente a él, mirándolo con angustia.

— ¿Issac?— le preguntó, regresando lentamente a la realidad.
— ¿Estás bien?— le preguntó Issac preocupado mientras tomaba sus manos.

Bryce sintió el tacto de su hermano. Se sentía real, probablemente porque así era. Todo eso estaba pasando de verdad. Él había aparecido en el libro de los amores imposibles y no se podía hacer nada al respecto. Miró a su alrededor. Ken y Sebastian lo miraban preocupados. Notó que él traía puesta la túnica que antes le vio usar a Issac. Se llevó las manos a la cabeza y se dio cuenta de que habían trenzado su cabello. Fue ahí donde se convenció de que nada era un sueño, por más que lo pareciera. Ya estaba listo para ir a la ceremonia y probablemente eso haría, aún si no quería. Asustado, decidió enfocar su atención en otra cosa. Sus ojos se encontraron con los de su hermano.

— ¿Bryce?— le preguntó Issac.
— Ah, es por eso— le dijo Bryce mientras lo miraba fijamente—. Tus ojos son muy azules, como los míos. Como los de mamá. Pero no como los de Matty. Ahora sé por qué. Él no es nuestro hermano.
— Así es— le dijo Issac mientras seguía tomando las manos de Bryce—. Matty no es nuestro hermano.

Dicho esto, Issac miró a los otros dos hombres que estaban en esa habitación.

— ¿Pueden hacerme unos favores?— preguntó.

Ambos asintieron.

— Matty está en su habitación, durmiendo— dijo Issac—. Necesito que le pongan la túnica de la ceremonia y lo preparen, pero sin despertarlo. Está muy cansado y necesita dormir.
— Por supuesto— dijo Ken—, yo lo hago.
— Busca a mi mamá— le dijo Issac—, ella te ayudará.

Después Issac observó a Sebastian.

— Dejé a Marie a cargo de muchas cosas— le dijo—, pero sé que realmente lo que ella quería hacer era estar con Dylan. ¿Podrías ir a relevarla para que pueda ir con él?
— ¿Quiere que yo me haga cargo de las cosas de la mansión?— preguntó Sebastian sin poder creerlo.
— Sólo debes supervisar que todo se haga bien— le dijo Issac—. Sé que es difícil pero...
— No, puedo hacerlo— dijo Sebastian—. Pero... ¿Está bien que yo lo haga? No soy tan importante y...
— ¿Quién te dijo que no lo eres?— le dijo Issac.

Sebastian no supo qué decir, sólo lo miró consternado.

— No te lo estaría pidiendo si no confiara en ti— le dijo Issac—. Por favor.

Sebastian vio la sinceridad en la cara de su jefe. En todo el tiempo en el que llevaba trabajando para él, siempre pensó que Issac no era humano. Lo veía como alguien muy lejano, muy superior y sin sentimientos, pero en ese instante le pareció alguien como él. Se veía preocupado, vulnerable y afectado. Nunca pudo empatizar tanto como hasta ese momento.

— Por supuesto— le dijo Sebastian y se giró de inmediato para salir.

Ken lo siguió. Issac se quedó solo con Bryce, que tocaba su cabello trenzado.

— Necesitamos hablar— le dijo Issac mientras se sentaba a su lado.
— No quiero hablar— dijo Bryce.
— Vas a tener que hacerlo— le dijo Issac con seriedad—, sobre todo porque Matty lo hizo.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora