145. Agua

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Dylan escuchó con detenimiento las cosas que le contaron. Cuando la pareja terminó de hablar, Issac apareció por la puerta del salón. A él le sorprendió ver a Dylan con unas personas que no recordaba.

— Señor Cassell— dijo el hombre mientras se levantaba—. Buenas noches. Perdón por irrumpir en su casa siendo tan tarde.
— Descuide— le dijo Issac mientras trataba de descifrar la escena que veía.
— Esperaba poder tener un poco de su tiempo— le dijo el hombre, tratando de no verse tan nervioso.

Issac intercambió miradas con Dylan. El joven le indicó levemente con la cabeza que debía hacerlo.

— Está bien— le dijo Issac—. Sígame.

Ambos hombres salieron del salón. Dylan los siguió con la mirada. Marie notó que la señora Smith parecía muy nerviosa.

— No tiene nada de qué preocuparse— le dijo Dylan con tranquilidad a la mujer—. Mi esposo es una persona razonable.

Sin embargo la señora Smith no podía dejar de sentirse angustiada.
No obstante, las cosas fueron favorables para su esposo. Issac lo escuchó con paciencia y buen humor, principalmente porque el hombre le contó de lo que habló con Dylan. Issac no podía creer que su joven esposo fuera tan astuto y que se interesara en sus asuntos de ese modo. Tenía que comprobarlo.
Después de la cena, mientras se preparaban para dormir, decidió preguntarle.

— No creo que ambos mientan— le dijo Dylan—. Parecen sinceros.
— Si todo lo que dijo el señor Smith es cierto— dijo Issac pensativo—, significa que no le agrado al otro senador. Tendré que buscar una manera de lidiar con él.

Issac suspiró. Dylan notó el cansancio en la cara de Issac.

— Necesitas ayuda con eso— le dijo Dylan—. Deja que yo lo haga.

Issac observó a Dylan, que parecía preocupado. Se acercó y tomó su mano.

— No tienes que angustiarte por esto— le dijo mientras lo miraba fijamente—. Aunque tengo que admitir que me alegra ver que te preocupas por mí.
— Por supuesto que lo hago— le dijo Dylan—. Eres mi esposo.

Issac le sonrió.

— Suena muy bien cuando lo dices— le dijo y se inclinó para besar la mano de Dylan.

El muchacho sintió aquel pequeño gesto y su cara se puso roja al instante. Issac levantó la cabeza y se dio cuenta de eso. Soltó su mano de inmediato.

— ¡Perdóname!— dijo un poco alterado.
— No, está bien— dijo Dylan muy nervioso—, sólo... me sorprendí un poco.
— Mejor hay que dormir— dijo Issac mientras se dirigía a la cama.

Dylan lo vio irse hasta ahí y decidió que definitivamente no dormirían esa noche. Él tenía otros planes en mente y aunque sentía que podía desmayarse sólo de imaginarlos, su determinación era lo suficiente fuerte como para ganarle a sus nervios.

— Iré a cambiarme— dijo y se fue al baño.

Ya tenía lo que necesitaría previamente listo en el baño. Lo tomó y se desnudó. Observó el babydoll un rato mientras trataba de alentarse a sí mismo para usarlo. Se llenó de valor y se lo puso. Recordó entonces que todavía no se había preparado apropiadamente para recibir a Issac en su interior. Tenía que aflojarse y lubricarse apropiadamente para que no fuera doloroso.
Iba a tomar el lubricante cuando tuvo una idea. Esa era una oportunidad ideal para poner a prueba sus poderes. Se acercó a la bañera y la llenó de agua.

— Usé una roca para hacer magia— dijo en voz alta—, el agua debería servir.

Una vez que la bañera se llenó, se mentalizó.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora