60. Culpa

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Dylan sólo observó aquel anillo sin saber qué pensar. Cuando sus padres llegaron hasta él, vieron que el chico se encontraba bien pero muy angustiado.
Becca simplemente suspiró y se acercó.

— La doctora dijo que no estás herido y que puedes ir a casa— dijo ella.

Dylan sólo los observó sin saber por qué no estaban molestos. Había tratado de escapar, no entendía por qué no le gritaban con enojo.

— Necesitas descansar— le dijo Simon—. Iré por tu ropa para que puedas cambiarte y estés listo para irnos.

Salió de ahí. Dylan descubrió que usaba una bata de paciente, no su ropa. Becca lo ayudó a sentarse. Notó el anillo junto a la almohada. Lo tomó y lo observó.

— ¿Cómo llegó esto aquí?— le preguntó.

Dylan no dijo nada, sólo la observó con aflicción.

— Issac lo trajo, ya veo— dijo ella.

Dylan desvió la mirada al suelo con preocupación.

— Debes cuidarlo mejor— le dijo ella—. Era de su abuela.

Simon regresó y le llevó su ropa. Lo ayudó a vestirse. Luego llegó la doctora. Les dijo que podían irse pero que volvieran por cualquier cosa. Dylan observó el anillo y lo tomó. No se atrevió a ponérselo pero sí lo guardó en su bolsillo a pesar de no querer. Salieron de ahí y bajaron unas escaleras. Llegaron a la recepción. Katrina y Matty estaban ahí.

— ¡Dylan!— le dijo Matty angustiado mientras se acercaba para abrazarlo.

Dylan sólo sintió aquel gesto sin saber bien cómo reaccionar. Después se separaron y Matty le preguntó si sentía mejor. Dylan asintió.

— Entonces vayan a casa— dijo Katrina—. Descansen.

Becca tomó a su hijo de la mano y lo llevó fuera del lugar. El auto que habían designado para él todavía se encontraba ahí. Ken salió y les abrió las puertas. Dylan lo observó con consternación. Pero Ken no lo miró en ningún momento aún cuando Dylan lo buscó con la mirada. Sólo los ayudó a subir y se sentó adentro del auto con ellos.
El chofer comenzó a conducir pero no era el mismo de antes, se trataba de otra persona.
Se quedaron en silencio todos y nadie parecía feliz.
Fue incómodo todo el trayecto a casa pero nadie fue capaz de romper la tensión. Llegaron y bajaron del auto. Becca acompañó a su hijo a su habitación.

— Acuéstate y duerme— le dijo ella—. Debes descansar.
— ¿Por qué?— dijo Dylan.
— Pensé que estabas cansado, ¿No te sientes cansado?

Dylan asintió.

— Entonces duerme. Te hará bien— le dijo ella y lo ayudó a meterse en la cama.

Una vez que Dylan estuvo perfectamente acostado, ella iba a irse pero su hijo le habló.

— ¿Qué pasará ahora?— preguntó en un susurro.

Becca sólo lo miró por unos segundos sin saber qué decir.

— No mucho— le dijo ella—. Así que no te preocupes. Sólo duerme.

Se fue y cerró la puerta. Dylan se giró hasta ponerse cómodo y cerró los ojos tratando de dormir. Lo logró después de un momento. Se despertó en la noche. No había nadie ahí así que se levantó sintiendo todo el cuerpo adolorido. Fue al baño. Luego lavó sus manos y su cara. Estaba en eso cuando escuchó que alguien dijo su nombre. Salió de ahí. Vio a Ken en su habitación.

— Ah, sigue usted aquí— dijo él con alivio—. Perdone por entrar sin permiso pero no lo vi y me preocupé.
— Fui al baño— dijo Dylan.
— Comprendo— dijo Ken—. Vuelva a dormir. Ya es media noche.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora