94. Patitos

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— ¿Nosotros?— dijo Issac confundido—, ¿A qué te refieres?

Dylan ahora sí lo miró a la cara. Notó que Issac parecía de verdad no saber de qué le hablaba. Entendió que debía ser más específico. Sin embargo sentía que iba a desmayarse por la pena. No sabía que hablar de sus sentimientos pudiera ser tan complicado. Aún así estaba decidido a hacerlo.

— Es que... nosotros...

Entonces el teléfono de Issac comenzó a sonar. Él lo tomó de su bolsillo y no dudó en contestar. Era su asistente. Le contó que ya tenía todo listo para su regreso a la ciudad. Mientras él escuchaba a su asistente, Dylan trataba de tranquilizarse para poder expresarse con claridad. Estaba tan nervioso que sus manos le temblaban. Pero debía decir algo o Issac podría pensar cosas raras de él.
Issac terminó su llamada y guardó su teléfono. Luego miró a Dylan. Ya no podía seguir postergando el decirle que se irían a la ciudad. Decidió ser directo y simplemente decirlo.

— Hay algo que debo decirte— le dijo tratando de parecer serio, Dylan lo miró atentamente—. Es sobre nuestro viaje. No puedo quedarme más tiempo aquí así que nos iremos este fin de semana. Mis deberes son urgentes. Bryce se unirá a nosotros en unas semanas más.

Dylan lo escuchó con atención. Entendía todo a la perfección. Simplemente asintió con la cabeza. A Issac le sorprendió tanta comprensión por parte del muchacho.

— Probablemente no volveré al pueblo en mucho tiempo— le dijo Issac—, ¿Sabes qué significa eso?

Dylan sólo lo miró con atención.

— No podré traerte tan seguido— le dijo Issac—. No podrás ver a tus padres tanto como quisieras.

Sin embargo Dylan no quería tener que verlos. Los amaba pero aún estaba muy confundido acerca de cómo se portaron con él los últimos días. No quería ser rencoroso así que evitaba pensar en ellos.

— Está bien— dijo Dylan con cierta timidez—. Entiendo.

A Issac le seguía pareciendo que era demasiada empatía sin embargo recordó que su madre crió a Dylan para que fuera el esposo perfecto y eso implicaba el apoyarlo en absolutamente todo sin cuestionar. Antes eso le parecía algo bueno pero en ese momento se dio cuenta de que no lo era. Dylan seguramente tenía una opinión propia acerca de todo eso pero probablemente se la estaba reservando para no quedar mal.

— Lamento que no puedas quedarte— le dijo Issac y se veía de verdad angustiado por eso—. Desearía que no tuvieras que irte de aquí.
— Está bien— dijo Dylan.
— Tus padres pueden ir a visitarte si quieres— le dijo Issac—. Aunque no creo que quieran dejar solo su negocio tanto tiempo. De verdad lo siento. Pero alguien podría traerte aunque sea por unos días, no creo que algo pase si nos separamos un poco...
— Está bien— dijo Dylan nuevamente.

Issac no sabía si el chico estaba genuinamente resignado o si estaba controlando sus sentimientos. Ambas cosas le parecían terribles. No quería que sufriera pero dada la situación no parecía haber alguna otra opción. Suspiró y se acercó un poco más a él.
Dylan lo vio acercarse más y le costó controlar a su corazón.

— Sé que eres alguien muy amable pero no tienes que decir cosas sólo para no causar problemas— le dijo Issac—. Si todo esto te molesta, puedes decirme. No puedo cambiar la situación por más que quiera pero te escucharé... no sé si eso ayude pero... es lo único que puedo ofrecerte ahora. Lamento que sea tan poco.

Dylan no entendió mucho de lo que le dijo pero le pareció muy considerado. No pudo quitarle los ojos de encima después de eso. Issac parecía de verdad preocupado por él. Era como si le importara. Y Dylan se sintió muy bien al pensar que quizá a Issac sí le interesaba él.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora