Después los tres se observaron en silencio un rato totalmente consternados.
— No viene a ordenar su habitación, ¿Cierto?— dijo Matty dudoso.
— Por supuesto que no— dijo Katrina—. Viene a revisar que todo aquí esté perfectamente.
— ¿Por qué? ¿Hicieron algo que le hiciera dudar de nosotros?— preguntó Matty preocupado.
— No, he manejado mi parte de los negocios como siempre— dijo el padre—. Y ante cualquier cosa siempre le pregunto.
— Tampoco es mi culpa— dijo Katrina—. He seguido absolutamente cada una de sus órdenes. Incluso hice que quemaran unas cortinas cuando en una videollamada las vio y dijo que eran horribles. No puedo ser yo... ¿Matty?
— Isacc tiene reportes de mis calificaciones todas las semanas, el mismo rector es el que se las envía y saben que son perfectas— dijo Matty—. Si no lo fueran, él ya me habría internado en algún colegio más lejano. Además tengo guardaespaldas, saben que no puedo hacer nada sin que él lo sepa. No es por mí. Yo he hecho todo bien.
— ¿Entonces es Bryce?— dijo el padre pensativo.
— No, a Isacc no le interesa Bryce— dijo Katrina—. No ha preguntado por él en años.
— Sí, finge que no existe— dijo Matty—. No es por él.
— Pues alguien aquí no está cumpliendo su parte y él de alguna manera lo sabe— dijo el padre.
— No puede ser Dylan, él es perfecto— dijo Katrina—. No se equivoca en nada.
— Es cierto, de otra forma no le habría regalado esa casa— dijo el padre.
— Quizá lo que dijo es verdad— concluyó Matty—. Tal vez sólo quiere visitarnos y ordenar algunos asuntos mientras pasa tiempo con Dylan.
— O tal vez quiere poner a prueba la educación que le dimos a Dylan— dijo ella.
— Pues que lo haga— dijo el padre—. Ese jovencito es perfecto para él. No hay nada que no sepa hacer o que haga mal.
— Aún así creo que no estaría de más repasar algunas lecciones en esta semana— dijo Katrina—. A Isacc le gusta la perfección y Dylan podría mejorar en algunas cosas. Hay que hacer que cuando vuelva se encuentre con todo como debería ser.
— Entonces hay que enviar a Bryce a casa del abuelo— dijo el padre—. A Isacc no le gustará encontrarlo aquí.
— Yo me encargaré de Dylan, tú llévate a Bryce— le dijo Katrina mientras se levantaba de la mesa—. La casa también necesita una remodelación.
— Pensé que harías eso hasta días antes de la boda— le dijo Matty.
— ¿Quieres que Isacc venga y la encuentre así?— le dijo ella—. Va a enojarse. Y no quiero verlo enojado, ¿Tú sí?
— No, preferiría morirme— dijo Matty—. Tienes razón, hay mucho por cambiar... creo que iré a que me corten el cabello. Mi flequillo ya está un poco largo. Él dijo una vez que le preocupaba que yo no pudiera ver... seguramente le molesta.
— Bien, entonces hay que dividirnos— dijo el padre—. Hagamos que cuando Isacc llegue, no encuentre nada de qué quejarse.
Lo primero que hizo Katrina fue llamar a su chofer para que la llevara a casa de los Jensen. Cuando llegó, la cafetería apenas estaba abriendo. Se acercó rápidamente. Becca salió para interceptarla.
— Katrina, buenos días— le dijo ella—, ¿Está todo bien?
— ¡No, para nada! ¿Dónde está Dylan?
— Aún duerme— dijo Becca.
— ¿Todavía?
— Se durmió hasta tarde ayer. Pero está bien porque sus lecciones de piano son hasta el medio día...
— No, se adelantarán— dijo Katrina—. De hecho tomará muchas lecciones más.
— ¿Qué? ¿Por qué?— dijo Becca con inquietud.
— Porque Isacc decidió que regresará en una semana y se quedará hasta la boda. Dylan debe estar listo.
— ¿Él volverá?— dijo Becca sin poder creerlo—, pensé que estaba ocupado.
— Quiere pasar tiempo con Dylan— dijo Katrina.
— Eso es malo. Así no estaban planeadas las cosas— dijo ella—. Se suponía que no volvería hasta un día antes de la boda.
— Cambió de opinión y ahora va a venir— dijo Katrina.
— ¿Y qué pasa si en estos días decide que ya no quiere casarse con Dylan? ¿Podrán detenerlo?
— Isacc sabe que tiene una responsabilidad— dijo Katrina—. No haría eso nunca.
— Pues si pasa será culpa de ustedes— dijo Becca—. Porque Dylan ha cumplido al pie de la letra cualquier cosa que ustedes lo hayan obligado a hacer.
Después se giró y fue a su casa. Subió las escaleras hasta llegar al pasillo. La habitación de Dylan era la primera. Se acercó para despertarlo. Le habló y Dylan se incorporó.
— Cariño, la señora Cassell te espera— le dijo.
— ¿Ahora?— dijo Dylan adormilado.
— Mencionó algo sobre que su hijo llegará en una semana...
— ¿Qué?— dijo Dylan absolutamente paralizado por la impresión—, ¿Una semana?
— Eso dijo ella.
Dylan la observó consternado. Se puso los primeros zapatos que encontró y corrió en pijama hasta salir de ahí. Katrina estaba afuera de la cafetería.
— ¿Volverá?— le preguntó angustiado.
— Así es— dijo ella.
— ¿Por qué?
— No tenemos idea— admitió ella—. Hemos hecho las cosas bien y no debería haber ninguna razón... quizá simplemente quiere verte.
Dylan la observó con miedo.
— Descuida, no podrá quejarse de ti nunca— dijo ella—. Así que deberás portarte bien para que no se moleste... recuerda que el del dinero es él y aunque su carácter parezca muy duro la verdad es que es más gentil de lo que se deja ver...
Dylan se veía bastante angustiado.
— Tranquilízate. Va a quererte mucho. La última vez que te vio fue amable, ¿No?
— Fue hace más de 7 años— dijo Dylan.
— Las cosas no han cambiado tanto desde entonces. Tú seguirás agradándole como siempre.
La verdad era que los Cassell jamás quisieron que Issacc tuviera tanto poder. Se suponía que sólo debía encargarse de los negocios de su padre sin embargo después de graduarse y hacer algunas maestrías, decidió no sólo manejarlos casi en su totalidad, sino que también comenzó a invertir y crear nuevos negocios. En unos pocos años consiguió duplicar la riqueza de la familia y todos en ella no se atrevían a contradecirlo en lo absoluto. Se sentían agradecidos pero también intimidados porque el joven tenía un carácter fuerte aunque no era inapropiado. Trataban de complacerlo en absolutamente todo y nunca le ocultaron esto a Dylan. Así que él ya sabía que no sólo debía ser cuidadoso con lo de la maldición sino que también tenía que serlo con Issacc. Aunque no esperaba tener que verlo tan pronto.
Lejos de ahí, Issac se cuestionaba si decidir volver era una buena idea. Tenía mucho por hacer como para tomarse vacaciones. Sin embargo había varios asuntos que debía resolver antes de casarse. Además sentía que viajar le ayudaría con el estrés. Uno de sus socios manejaría algunas cosas por él y eso lo hacía sentir un poco más seguro... aunque no del todo.
Se encontraba dudando sobre si debía cancelar su visita o no cuando otro de sus socios se ofreció a ayudarlo.
— Si gusta podría incluso irse mañana— le dijo—. Mi equipo y yo podemos con esto. Despreocúpese.
— No tengo prisa— dijo Issac.
— Nos encargaremos. Usted... sólo disfrute de su familia y de su prometido. Se lo merece. Siento que no ha vuelto en mucho tiempo... o quizá es porque nunca habla de su pueblo de origen...
— No hay nada interesante en ese sitio— dijo él mientras se acercaba a la ventana de su oficina—. Es sólo un lugar aburrido.
— Pero su familia vive ahí.
— No pueden irse... si pudieran no perderían el tiempo ahí. No es un buen sitio para vivir.
— ¿Los vecinos son molestos?
— Los vecinos y el clima— dijo él.
— Pero no todos los vecinos, ¿Cierto? Va a casarse con alguien de ahí, ¿No?
Isacc no supo qué decir. Realmente no solía hablar mucho de su vida privada y además aunque quisiera, no tenía nada qué decir sobre Dylan porque no lo conocía. Tampoco quería. Pero no tenía ninguna otra opción. Se casaría con él. Era inevitable.
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El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
