Después de que Issac y Dylan dejaron la ciudad, Matty se la pasó en la biblioteca leyendo el resto de la tarde. Le agradaba estar ahí, su familia tenía muchos libros que no se encontraban en otras partes. Además estar ocupado en eso lo hacía no pensar en su hermano y en Dylan. Se pasó los siguientes días así, encerrado en la biblioteca. Salía para comer e ir al baño. Ocasionalmente para ver a su madre porque le preocupaba. Pero ella no se veía triste o angustiada, se la pasaba con Ken riéndose de todo. Su padre se dedicaba a algunos negocios en su despacho. Gracias a eso la casa estaba muy silenciosa. De vez en cuando la risa estruendosa de su mamá resonaba en las paredes de esa vieja mansión. Como Matty sabía que no podía seguir así, pensó en tomarse una tarde para hacer algo diferente. Fue a buscar a Litzy a la cocina y le pidió que lo acompañara a un bar. Ella aceptó aún cuando todavía le dolía lo que pasó en la feria. Sin embargo fingió bien que todo estaba bien.
Terminando el turno de la muchacha, Matty la esperó y fueron juntos en su auto hasta un bar a las orillas del pueblo. Tenía letreros neones en la parte de afuera. Como esos días habían sido muy fríos, había nieve por todas partes. Entraron al lugar y el calor del interior los golpeó. Se acercaron a la barra. El lugar se veía muy rústico, Matty no podía evitar pensar en las películas de vaqueros cuando veía todo a su alrededor. Mientras atravesaban el bar, todos los miraron. Matty se sintió incómodo pero decidió ignorarlos. Se sentaron en unos bancos de madera frente a la barra. Un hombre de barba abundante los atendió. Matty pidió un par de tragos. Los tomó junto a Litzy mientras ella le contaba que iría de campamento pronto con sus amigos.
— Podrías venir— le dijo ella.
— No suena seguro— dijo él.
— Lo es— dijo ella—. Lo hemos hecho varias veces. Además cerca de donde acamparemos están los asentamientos de una tribu. Si por alguna razón nos perdemos, ellos nos encontrarán.
— Pensé que ya no habían tribus al fondo del bosque.
— Sí hay— dijo ella—. Mi mamá los visitó hace poco para hacerles una pregunta.
— ¿Qué clase de pregunta?
— Ellos pueden ver el futuro, el pasado y todo— dijo ella.
— ¿De verdad?
— Eso dicen— dijo ella.
— ¿Significa que tienen poderes?
— No, sólo pueden ver cosas.
— Parece falso— dijo Matty—, como esas personas que se ponen en las ferias y leen tu futuro en sus bolas de cristal.
— Pero esto sí es cierto, esa gente está más conectada con la naturaleza, ¿No?
— Que vivan en el bosque no implica que necesariamente tengan poderes— dijo Matty.
El hombre detrás de la barra le pasó otro trago. Matty lo tomó y lo bebió de golpe.
— Yo sí quiero ir— dijo Litzy.
— Entonces te deseo mucha suerte— le dijo él—. Tengan cuidado. Tal vez hay lobos o algo así.
— Creo que no hay— dijo ella—. Aunque sería genial ver uno.
Realmente Litzy quería ir para preguntar cómo podría conquistar a Matty. Creía que quizá la tribu del bosque podría decirle o darle alguna pócima de amor. En su interior sabía que nada de eso pasaría pero quería intentarlo.
Matty se sentía ligeramente mareado pero le agradaba estar ahí, lejos de casa. Tenía planeado volver a su ciudad en un par de días y deseaba aprovechar su estadía lo más posible. Pidió otro trago y se lo dieron. Lo bebió de golpe nuevamente. Entonces Litzy tocó su hombro.
— ¿Ese no es tu hermano?— le dijo.
Matty se giró. Vio que Bryce se encontraba en una silla al fondo. Le daba la espalda pero reconocía su cabello. Nadie lo acompañaba.
Sólo de reconocerlo, casi se cae de su banco. Se apresuró a sacar su billetera.
— ¿Qué pasa?— le dijo Litzy mientras lo veía apresurarse a buscar en su billetera.
— Debo irme— dijo él mientras tomaba unos billetes y se los ofrecía al hombre detrás de la barra—, quédate con el cambio.
El hombre se lo agradeció. Litzy no entendía nada.
— ¿Por qué te tienes que ir rápidamente?— le dijo ella confundida.
— Sólo debo irme— le dijo él—, puedes quedarte si quieres.
— ¿A dónde irás?
— A mi casa— dijo Matty—. Alistaré mis cosas. Debo volver a mi departamento en la ciudad mañana.
— ¿Por qué no me lo dijiste antes?
— ¿Querías que te avisara?
— Me invitaste a este lugar— le dijo ella molesta—. No invitas a una persona a salir para luego irte al día siguiente.
— ¿Por qué no?— dijo Matty confundido.
— Es grosero. Es como si yo no te importara.
— Sí me importas, eres mi amiga— le dijo Matty.
ESTÁS LEYENDO
El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
