24. Visita

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Por más que Ken le preguntó qué pasó, Dylan no le dijo. Sólo se dedicó a llorar sin parar en todo el camino. El chofer tampoco entendía el por qué de ese llanto, para él era habitual ver a Dylan triste pero no solía verlo llorar así a menos que estuviera herido. No preguntó pero sí se preocupó. Sabía que era un buen chico. De hecho todos en el pueblo podrían decir con certeza que Dylan era la persona más buena del mundo y quizá justo eso aumentaba el sentimiento de lástima que sentían sobre su desafortunado destino.
Se estacionó afuera de la casa de los Jensen. Dylan limpió sus lágrimas con la manga de su abrigo y después salió del auto lentamente. Ken no dijo nada, Dylan no le dio oportunidad siquiera. Entró a su casa y fue directamente hacia las escaleras con rumbo a su habitación. Una vez ahí se arrojó a su cama y lloró. No había una razón en concreto, lloró por todo. Se quedó dormido así, entre lágrimas.

Despertó al día siguiente porque Becca, su madre, fue a verlo. Recorrió las cortinas mientras le decía que el día estaba bastante frío.

— Habrá una tormenta de nieve al medio día— le dijo ella—. Así que no creo que puedas ir a la mansión roja a tomar tus clases. Llamaré a Katrina para decirle.

Se giró y notó que Dylan estaba envuelto en el edredón mientras ocultaba su cabeza.

— Dylan, ¿Escuchaste lo que dije?

Pero el chico no se movió. Eso le pareció extraño. Su hijo generalmente era alguien que se levantaba temprano y preguntaba si podía ayudarle en algo. Se acercó a él y se sentó en la orilla de su cama.

— Cariño, ya es de día. Debes levantarte ahora. Aunque si quieres dormir más puedes hacerlo pero sólo un poco.

Dylan no se movió. Ella descubrió su cara jalando el edredón. Entonces pudo ver la carita pálida y ojerosa de su hijo. Se asustó y su primer instinto fue tocar su frente para checar su temperatura pero Dylan no se dejó. Se cubrió más para que no lo viera. Becca suspiró.

— Dylan, si algo pasó debes decirme, soy tu madre...
— No quiero casarme— dijo Dylan de la nada.

Se veía muy triste. Becca volvió a suspirar. Ya había tenido esa conversación con él tantas veces que le parecía increíble que estuvieran hablando de eso de nuevo.

— Sabes que debes hacerlo. Por el bien de todos— dijo con dulzura.
— Tengo miedo— dijo Dylan muy triste y después se cubrió más la cabeza con el edredón.
— Sé que estás asustado pero no tienes ninguna razón para estarlo— le dijo ella—. Todo saldrá bien. Lo hemos planeado para que sea así.

Dylan se descubrió la cara y la observó.

— Por favor ayúdame— le dijo con lágrimas en los ojos—. No quiero casarme.

Becca iba a decirle que estaba exagerando cuando su esposo entró rápidamente a la habitación muy exaltado.

— ¡Los Cassell están al teléfono, preguntan por Dylan!— dijo Simon—, ¿Sabían que Issac llegó ayer?
— ¿Qué? ¡Imposible!— dijo Becca mientras tomaba el teléfono.

Lo puso en altavoz. Dylan se cubrió con el edredón.

— Hola, buenos días— dijo ella.
— Becca, buenos días— le dijo Katrina—, perdón por molestar tan temprano pero hemos organizado un almuerzo y es necesario que Dylan venga.

Ella miró a su hijo cubierto por el edredón. Entendía qué pasaba. Dylan siempre tuvo miedo acerca de la boda pero en ese momento estaba teniendo una crisis al saber que Issac se encontraba ahí. Pero no podía hacer nada, la boda no se detendría y ella sentía que su hijo no se lo estaba tomando con madurez. Hasta se sintió molesta por eso. Llevaba 10 años haciendo que Dylan asimilara su destino y justo unas semanas antes salía con que no quería casarse. Le pareció ridículo. Ya antes lo había ayudado en sus crisis y siempre lo apoyaba en todo pero su actitud en ese instante le parecía tonta. Aún así era su hijo. Pensó en deshacerse de los Cassell y después hablar seriamente con Dylan.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora