Hacía un poco de frío afuera del hospital. Dylan lo sintió en su cara. Todo blanqueaba por la nieve. Iba a preguntarle a Issac por la salud de Matty cuando vio a Ken junto a un auto negro. Eso lo puso feliz y no pudo evitar sonreír.
Ken se encontraba muy preocupado por la salud de Dylan porque sabía que era un chico delicado. Además la última vez que lo vio lloró desconsoladamente y no pudo preguntarle por qué. Deseaba verlo con urgencia. Entonces él apareció. No iba solo, Issac Cassell parecía guiarlo con su brazo pero más que un gesto amable parecía como cuando un esposo abraza a su esposa... aunque menos cariñoso. Dylan miró a Ken y sonrió. Pero no tenuemente como cuando debía fingir ser feliz. Lo hizo de verdad y eso tranquilizó mucho a Ken. Al menos se veía feliz. Y aunque llevaba unas bellas flores en sus manos, seguía viéndose más hermoso que ellas. Llegaron hasta él.
— Buenos días— dijo Ken sintiéndose muy tranquilo.
— Buenos días— le dijo Dylan.
— Hay que subir— dijo Issac—, habrá una tormenta al medio día.
Ken tomó del brazo a Dylan y lo ayudó a subir al auto. Después Issac entró sin ayuda. Él lo hizo también aunque realmente no quería. No se sentía cómodo. El chofer comenzó a conducir aunque no rápidamente porque algunas calles aún estaban congeladas. Dylan miró por la ventanilla y por la cantidad de nieve que veía en casas y calles, supo que la tormenta debió ser bastante fuerte.
Issac observó a Dylan mirar el exterior. Sólo veía su nuca y su cabello. Recordaba la sensación cálida de tocarlo y era algo que quería hacer de nuevo. Aunque no podía porque no estaban solos. No quería que el señor Collins estuviera ahí pero como era guardaespaldas de Dylan, lo necesitaba para más protección. De estar ellos solos probablemente lo habría abrazado suavemente. Hubiera tratado de concentrarse en oler la fragancia tan característica y dulce que emanaba Dylan. Decidió girarse y pensar en otra cosa porque no era momento para dejarse cautivar por su prometido. En su casa habían muchos problemas y él debía encargarse de que nadie supiera de ellos.
Estaba mirando por la ventanilla pensando en cómo hacer que Bryce estuviera aislado totalmente en la mansión sin que fuera extraño para los sirvientes cuando Dylan habló.
— ¿Matty se encuentra mejor?— preguntó.
Issac lo observó. El joven lo miraba fijamente con sus ojos azules mientras parecía preocupado pero muy inocente. Él aún no podía creer que alguien así existiera. Era como un ser mágico. Una especie de hada. O un ángel. Porque todo en él le parecía perfecto, incluso su voz.
— Se cayó cuando organizaba unas cosas en su armario— dijo Issac—. Se lastimó un poco pero ya está bien.
— Me alegra— dijo Dylan mientras miraba las flores que puso sobre su regazo—. Es una buena persona y no merece sufrir nunca.
En ese aspecto estaba de acuerdo Issac. Quizá Matty le dijo cosas pero no sabía si de verdad las sentía o sólo lo hizo para alejarlo de Bryce. Porque el Matty que él conocía era dulce y lleno de energía, jamás lo contradecía y hacía todo lo que él le pedía. No le guardaba rencor por eso, de hecho sentía que era cosa de Bryce. Probablemente estaba muy confundido como para entender qué decía. Había tratado de disculparse por golpearlo cuando Matty despertó esa mañana pero su hermanito estaba tan exaltado que sólo dijo cosas sin sentido y su madre decidió que estuviera solo para tranquilizarlo. Él decidió ir a ver a Dylan porque también le preocupaba. Además sentía que quizá a Matty le haría mejor ver a Dylan porque su madre le contó que eran amigos. Aunque Issac no estaba seguro del todo si eso le gustaba. Se sentía un poco celoso de las relaciones tan cercanas que Dylan tenía con todos. Él quería ser así. Hasta se arrepentía de no haber regresado antes. Pero cuando estaba solo en la otra ciudad y le mencionaban lo de la maldición, se sentía tan ansioso y angustiado que prefería evadir el tema y dedicarse a otra cosa. Si hubiera sabido que su prometido era esa cosita tan adorable probablemente habría vuelto antes. O hubiera hecho que Dylan fuera hasta él. Había tanto que quería mostrarle, sobre todo porque sabía que el joven nunca había salido del pueblo. En ese aspecto sí parecía conveniente que faltara un mes para su boda. Cuando fuera su esposo no tendría que regresarlo a su casa, sería totalmente de él. Podría disponer de Dylan como quisiera. Pensar en eso lo hizo feliz. Al menos un aspecto de su vida estaba bien. Porque su familia era un desastre.
Llegaron a la mansión roja. Les abrieron las puertas. El auto entró por las enormes puertas que delimitaban la propiedad. Se detuvo hasta la puerta principal. Ken bajó y Issac también. Ken estaba por ofrecerle su mano a Dylan para ayudarlo a bajar pero Issac se adelantó y lo hizo él. Dylan la tomó sintiéndose un poco abrumado. Ambos usaban guantes así que sus dedos no se tocaron. Una vez afuera, Issac volvió a pasar su brazo a través de la espalda de Dylan hasta llegar a su hombro y lo condujo hacia el interior de la mansión. Esa cercanía ponía nervioso a Dylan pero él prefería no pensarlo mucho para no abrumarse y simplemente se dejaba llevar.
Ken los siguió de cerca. Les abrieron la puerta. El auto se fue. Adentro estaba muy cálido, tanto que Issac se quitó su abrigo y Dylan hizo lo mismo. También los guantes. Se sentía más ligero y con muchas ganas de ir a ver a Matty. Iba a preguntar dónde estaba cuando Issac le pidió hablar a solas. Él aceptó aunque con inquietud porque no sabía de qué le quería hablar. Pensó que tal vez era sobre lo del día anterior. Le pareció conveniente porque también deseaba poder hablar y disculparse.
Fueron a la biblioteca. Estaba oscuro pero iluminada por la chimenea. Se sentía muy cálido. Issac cerró la puerta. Dylan se sentía muy nervioso. Issac iba a invitarlo a sentarse cuando Dylan habló.
— Perdón— dijo mientras sostenía firmemente las flores y parecía muy avergonzado—. Por lo de ayer.
Issac no se esperaba eso. Se acercó a él. Dylan miraba el suelo con pena.
— No te disculpes— le dijo muy tranquilo—. No fue tu culpa.
— Pero es que...
— Lo importante es que estás bien ahora— dijo él y se acercó para tomar la mano de Dylan.
Sus dedos se tocaron. Dylan descubrió que la mano de Issac era mucho más grande en comparación con la suya.
— Tus dedos están fríos— le dijo Issac.
Dylan se sentía muy nervioso, como si tuviera ganas de salir huyendo. Cuando Issac mencionó lo de sus dedos, su instinto lo llevó a mirarlo directamente. Tenía un semblante sereno, el mismo del día anterior. Tanto que Dylan pensó que tal vez lo que ocurrió esa noche en la cena quizá nunca pasó. Porque ese joven que sostenía suavemente su mano no podría ser el mismo que lo tomó por la muñeca con fuerza para amenazarlo y decirle que no volviera a mentirle. Sin embargo las marcas en su brazo seguían ahí. Dylan no sabía qué pensar sobre eso.
Los ojos de Issac se encontraron con los de Dylan y no pudo dejar de pensar en lo hermosos que eran. Hasta sus pestañas eran del mismo color que su cabello. Definitivamente tenía un aspecto delicado y generalmente esa característica a él en un hombre le parecería extraña sin embargo en Dylan la encontraba perfecta. No importaba que Dylan necesitara protección porque podría hacer eso por él. De hecho en ese momento él pensaba que si de la nada Dylan le pedía cualquier cosa, se la daría sin pensarlo. Eso lo consternaba bastante porque no podía entender cómo era que alguien que acababa de conocer tenía tanta influencia sobre él. Tanto poder. Porque Issac no se dejaba dominar por nadie, nunca pensó querer pertenecerle a alguien... sin embargo quería poder ser de ese jovencito de apariencia angelical. Y por supuesto deseaba que él le perteneciera también.
Con esos pensamientos en mente, decidió aventurarse a tocar un poco a Dylan. Con su mano libre, acarició el contorno de la cara del chico. Su piel era como terciopelo. Mientras lo hizo se concentró en la forma de su cara, en especial de sus labios. Le parecían suaves... y se vio muy tentado a descubrir si lo eran. Así que se inclinó lentamente hasta él con la intención de besarlo.
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El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
