107. Hotel

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Issac pensó que no había ningún problema si llevaba a Angela a su hotel. Así que aceptó y le abrió la puerta de su auto. La ayudó a subir.
Sebastian no podía creer que una vez más, justo como antes, Issac estaba subiendo a esa mujer a su auto. Se sentía muy decepcionado de él, creía que había cambiado y ya no era el mismo hombre que pasaba las noches con mujeres diferentes. Pero no dijo nada. Sólo se limitó a conducir mientras en los asientos traseros los escuchaba susurrar.

— Dylan es un nombre bonito— le dijo ella.
— Él es una bonita persona— dijo Issac.
— ¿Más que yo?
— No quieres que te conteste eso— le dijo él.
— Soy modelo, él no puede ser más lindo que yo.
— En mi opinión lo es. Pero debe ser así porque es mi esposo. Sería yo malo si pensara que otra persona es mejor que él.
— Eres un buen esposo a pesar de que te casaste a la fuerza.
— Él es en verdad una buena persona.
— ¿Entonces por eso estás tan diferente?— preguntó ella.

Issac la observó.

— ¿Crees que lo estoy?— le preguntó.
— Por supuesto— le dijo ella—. Eres amable. Antes me hubieras conseguido un taxi para llevarme a mi hotel. No me subía a tu auto a menos que fuéramos a tu casa.
— De verdad lamento lo poco amable que fui— le dijo—. No sé si era intencional pero yo no estaba muy consciente de eso. No sabía qué tan malo era. En serio lo siento. No espero que me perdones pero estoy muy arrepentido.
— Lo sé, pareces honesto— le dijo ella—. Me abruma un poco. No eras así.
— ¿Ya no te agrado?
— Creo que me agradas por primera vez— le dijo ella—. Porque antes sólo te veía para tener sexo. Pero ahora parece que puedes hablar conmigo. Es interesante. Me da mucha curiosidad saber qué te hizo cambiar tanto... ¿Fue tu esposo?
— En parte— dijo Issac—. Me di cuenta que estaba siendo un cretino con él. También me ayudó mucho mi familia. No me lo merezco pero me dieron otra oportunidad. Estoy tratando de ser una persona más amable gracias a eso... ¿En dónde está tu hotel?
— En la siguiente calle— le dijo él—. Al fondo.

Issac se acercó a Sebastian para indicarle a dónde debía llevarlo. Él lo hizo sin embargo no dejaba de pensar en qué pasaba.
Llegaron rápidamente y él bajó del auto. La ayudó a salir. Ella lo observó.

— ¿Quieres pasar?— le dijo ella—. Para beber algo. Aún no es muy tarde.
— Debo ir a trabajar mañana.
— Será rápido. Además aún no me cuentas cómo conociste a tu adorable esposo.
— No es algo digno de contar.
— Claro que sí. Además me lo debes. Por todas esas veces en las que me dejabas en tu departamento sola. Te ibas y no te despedías.

Él suspiró.

— Bien. Pero será sólo un rato— le dijo.

Los dos se fueron caminando hasta el hotel. Sebastian los miró irse y no podía creerlo. Pero pensó que si se fueron hasta ahí y no al departamento de Issac era porque temía que se encontraran con Dylan. Sebastian sabía gracias a lo que escuchó en el auto el día anterior cuando fue a dejar a su jefe a su casa, que Dylan vivía en otro departamento. Ya no estaban juntos pero seguían cerca. Entendía que sería raro llevarse a una amante al edificio siendo que habían muchas posibilidades de que se encontrara con Dylan. Ir a un hotel era una mejor idea. Pero aún así Sebastian se sentía mal por Dylan, tanto que nada de eso le parecía justo. Aún así se quedó ahí esperando a que su jefe volviera.

Issac fue al ascensor con Angela. Subieron lentamente en silencio. Luego ella lo condujo por el pasillo hasta su habitación. Abrió y lo invitó a pasar. Él lo hizo. Ella le sirvió un trago y Issac lo aceptó.

— Tu hermano sabe lo que hace— le dijo Issac—. Éste es un buen vino.
— Él se exige mucho— le dijo ella—. Ustedes se parecen en eso.
— Me imagino que el patrimonio de su familia le importa tanto como a mí.
— Le importa mucho. Además de papá y yo, tiene esposa y dos hijos.
— No sabía que estaba casado.
— Lo sé, a ti nunca te importó nada de lo que yo te decía.
— De verdad lo lamento— le dijo él.
— Descuida. Además honestamente siempre creí que no tenía caso hablarte de nada. Nunca me imaginé una relación a tu lado.
— Yo no quería una relación así que hiciste bien— admitió él.
— Pero aún así te casaste.
— No fue mi elección.
— ¿Planeas separarte en algún momento?
— Lo más pronto posible— dijo Issac.
— ¿Tus padres no se molestarán?
— A mi padre le dará un pequeño ataque aún si está de acuerdo pero es sólo porque le importa lo que digan de nosotros nuestras amistades.
— Hablarán mucho, eso es seguro— dijo ella—. Ya hablaban hoy cuando te vieron llegar solo, si saben que te separaste después de tan poco tiempo, serás el único tema de conversación en las mesas.
— A Dylan no le gustan las fiestas, aún si no quisiera divorciarme no lo llevaría conmigo.
— Pensé que no sabías qué le gustaba.
— Sé lo que no le gusta— dijo Issac—. No le gustan las fiestas, la gente, el ruido, mi familia y sobre todo yo.
— ¿Por qué tú no le agradas?
— Lo he tratado mal.
— A mí también pero una disculpa sincera siempre arregla las cosas.
— A él de verdad lo traté mal. Me disculpé y me perdonó pero sigue queriendo estar alejado de mí. Es lo mejor. Espero no tener que verlo próximamente.
— ¿Entonces no está en la ciudad?— dijo ella sorprendida.
— No— mintió Issac, no sabía qué decir al respecto.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora