Katrina estaba evidentemente preocupada por Issac. Él se había pasado esos días simplemente sentado frente a la ventana mirando a la nada. En otras ocasiones sólo se sentaba en el sofá junto a la chimenea en la biblioteca y miraba el fuego. Comía muy poco y no hablaba con nadie. Le preguntaban si se encontraba bien pero no respondía. Sólo se dedicaba a estar ahí pensativo, mirando a la nada, perdido en su mente.
Cansada y angustiada, decidió hacer algo al respecto.
— Cariño, ¿No te gustaría salir a pasear?— le dijo—. El jardín está muy bonito y no ha nevado en varios días.
Issac la observó. Ella se veía preocupada. Asintió y salió de ahí lentamente. Afuera hacía frío pero era soportable. Caminó por el jardín hasta el invernadero. Se encontró a Bryce en el suelo recargado en la pared del lugar. Parecía estar inconsciente. Se acercó a él. Iba a inclinarse para verlo cuando Bryce abrió los ojos. Se miraron.
— Ah, eres tú— le dijo Bryce.
— ¿Qué haces ahí?— le preguntó Issac.
— No sé. No recuerdo haber llegado a este sitio.
De algún modo a Issac no le sorprendía. El principal pasatiempo de su hermano era embriagarse hasta perder el sentido.
Se acercó a la banca más cercana del jardín y se sentó. Miró a su alrededor mientras soltaba un suspiro ahogado.
Bryce lo observó en silencio. Estuvieron así unos segundos hasta que habló.
— Un días vas a morir— le dijo a Issac—. Así que no importa qué tan mala sea la vida ahora, en algún momento todo acabará.
Issac miró a su hermano.
— ¿Eso te dices a ti mismo como consuelo?— le preguntó.
— Algunas veces— admitió Bryce.
— No me hace sentir mejor. Pero agradezco el gesto.
— Me das mucha lástima.
— Tú me das lástima a mí— le dijo Issac—. Tu vida es un desastre. No puedes caminar bien siquiera.
— ¿Eso sí te hace sentir mejor?
— No.
— Pensé que me odiabas.
— Yo también lo creía— dijo Issac—, pero ahora sólo te veo y siento mucha lástima por ti.
— Me pasa igual— dijo Bryce—. Te veo y pienso en lo mucho que me gustaría que murieras. Para que no estuvieras ahí pensando en cómo cambiar lo que está pasando. Porque no tiene remedio.
Issac miró el invernadero. Suspiró nuevamente.
— Sé que nada va a cambiar— dijo—. Ojalá sí estuviera muerto.
Bryce se reincorporó un poco y se sentó. De su bolsillo sacó una pequeña botella. La abrió con torpeza y tomó un trago. Issac lo observó hacer eso.
— ¿Es divertido no recordar todo lo que pasa a tu alrededor?— le preguntó a su hermano.
— No— dijo Bryce—. Pero es mejor a estar pensando en que si otras hubieran sido las circunstancias, la vida sería diferente.
Issac iba a preguntarle a qué se refería cuando Katrina apareció.
— ¡Bryce, qué haces ahí!— le dijo ella alterada mientras se acercaba.
— Bebo— le dijo Bryce y le ofreció su botella—, ¿Quieres?
— ¿Enloqueciste? ¡Deja eso!— dijo ella y le quitó la botella de las manos.
— Me compraré otra— le dijo Bryce.
— No harás eso— le dijo ella molesta—, tu hermano se esfuerza mucho en trabajar y ganar dinero como para que te lo gastes en alcohol.
— Dale la botella— le dijo Issac mientras se levantaba de ahí y caminaba hacia el interior de la casa.
Katrina y Bryce lo observaron irse hasta perderse en una esquina de la mansión.
— Está muy mal— dijo ella preocupada.
— No en mi opinión— dijo Bryce—. Creo que nunca antes fue más humano que ahora.
— Está muy desanimado— dijo ella—. Pero no sé cómo ayudarlo.
— No puedes— dijo Bryce—. A menos que encuentres la manera de detener la maldición.
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El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
