Dylan sentía muchos nervios e inquietud. También sentía los dedos congelados. No sabía qué decir o hacer además de caminar. Sus piernas se sentían pesadas por la angustia pero caminó mientras ponía atención al suelo. Giraron en una esquina y llegaron a la entrada de la casa. Dylan no pudo evitar mirar de reojo a Isacc. Parecía serio pero tranquilo. No quería sentir miedo pero le era imposible. Ese hombre tan alto le resultaba muy intimidante.
Issac miró la fachada de la casa y le notó defectos de mantenimiento que definitivamente no quería ver ahí para su boda. No se sintió arrepentido por ir, sabía que había mucho por arreglar hasta que fuera perfecto. Porque debía ser perfecto.
Entró a la casa. Una mujer pasaba por ahí. Al ver a Issac casi le da un ataque cardíaco.
— ¿Podría avisarle a mis padres que estoy aquí?— le dijo él—. Gracias.
La mujer no necesitó que le dijeran dos veces. Salió disparada a buscar a los señores.
Issac miró esa parte de la casa y no dejó de encontrar defectos por arreglar. Le pareció terriblemente irritante. Soltó la mano de Dylan en medio de su frustración. Se quitó los guantes porque tenía que hacer algo para no sucumbir ante el estrés. Dylan lo observó hacer eso. Se sintió ligeramente aliviado al saber que ya no estaba tocándolo.
Entonces Issac recordó que Dylan estaba a su lado y decidió centrar su atención en él en lugar de todo lo demás. Lo observó. Definitivamente mirarlo era mucho mejor que ver otra cosa. Se acercó más mientras mantenía sus ojos en el joven. Mientras más veía su cara más le gustaba. Sus facciones eran simplemente bonitas para su gusto. El chico parecía un poco nervioso y no le sorprendía porque después de todo llevaban 7 años sin verse. Issac se sentía mal por eso. No había querido evadirlo al propósito pero lo hizo simplemente para evitar el estrés que todo eso de la maldición le causaba. Sin embargo en ese instante ese asunto no le causaba estrés. Aunque pensó que quizá al joven sí le estaba dando ansiedad su llegada tan anticipada. No quería dar una mala impresión así que se acercó más. Dylan tenía las manos a sus costados mientras parecía tenso. Issac se acercó y las tomó. Sus dedos se tocaron.
— Estás helado— le dijo Issac mientras tomaba ambas manos entre las suyas—, no deberías salir en estas condiciones. No es bueno para tu salud.
Dylan sólo observó a aquel hombre sin saber qué decir. De no ser porque sentía el calor de sus manos en las suyas, todo eso le parecería un sueño.
— Busquemos la chimenea— le dijo Issac.
Entonces Katrina y su esposo aparecieron por un costado del salón totalmente alterados. Vieron a Issac ahí. Sostenía las manos de Dylan. Ken estaba en la puerta y parecía asustado.
Issac miró a sus padres.
— ¿Hijo?— dijo Katrina totalmente sorprendida, no podía creer estar viéndolo ahí.
— La casa va a ser remodelada— les dijo Issac—. Hay muchas mejoras que necesita. Pero me alegra verlos... ¿La chimenea de la biblioteca está encendida? Porque Dylan está congelado. Iremos ahí.
Después soltó una mano de Dylan y sostuvo sólo una. Caminó así internándose por la casa. Fue por el pasillo. Sus padres los siguieron sin saber qué decir, Ken también fue.
Dylan no sabía qué pasaba, sólo se estaba dejando llevar. Al llegar a la biblioteca, Issac empujó la puerta y entró. La chimenea estaba apagada.
— Haré que la enciendan de inmediato— le dijo Bryce a su hijo con un poco de angustia.
Salió de ahí rápidamente. Katrina no sabía qué hacer o decir. Issac miró a su alrededor analizando todo. Aún sostenía la mano fría de Dylan y se sentía molesto por no encontrar la chimenea encendida sin embargo no lo dijo justamente por no querer dar una mala impresión. De otro modo lo hubiera exigido inmediatamente.
— No... no te esperábamos— dijo Katrina con nerviosismo.
— Por supuesto que no, ya me di cuenta— dijo Issac tratando de parecer tranquilo.
Katrina sabía que no lo estaba y eso la tenía muy aterrada.
— Se supone que el decorador debería estar trabajando aquí ahora mismo— dijo ella tratando de parecer tranquila—. Pero por la tormenta de ayer las carreteras están cerradas y sólo se puede acceder por el camino principal...
— Entonces debiste llamar a otro decorador— dijo Issac tratando de mantener la serenidad.
— Sí pero tú has rechazado a todos los otros decoradores de la zona— dijo ella con temor.
— Seguramente debe haber algún otro— dijo Issac mientras se acercaba a un estante y lo miraba—. Que también remodelen este sitio. La madera de los estantes está en un pésimo estado. Pero que no maltraten los libros... ¿Quién limpia aquí? Porque hay polvo... ¿Sí limpian aquí o no?
Ahora sí sonaba molesto. Tanto Katrina como Ken querían salir corriendo, podían sentir la tensión por todo el ambiente.
— Debería estar limpio— dijo Katrina nerviosa—. Pero creo que Matty se ha pasado toda la mañana aquí y cuando alguien ocupa el lugar no limpian hasta que esté vacío para no molestar...
— E... estuvimos aquí también— se arriesgó a decir Ken—. Junto con Matty.
Issac lo observó. Definitivamente no estaba feliz y Ken odiaba verlo así, ya antes le había gritado cuando le tuvo que dar malas noticias (por ejemplo de la vez que Dylan se perdió en el bosque) y no quería que volviera a pasar, a pesar de no ser más alto que él se sentía muy intimidado por Issac y sabía lo demandante que era. En ese momento no podía creer que él estuviera sosteniendo la mano de Dylan así, parecían personas totalmente opuestas. Issac daba miedo, por otro lado Dylan jamás se había molestado con nadie. Nunca le gritaría a nadie, era muy amable y compasivo como para hacer eso. Pero Issac no era él.
— Es decir...— agregó Ken sintiéndose muy nervioso—... Dylan estaba aquí antes de salir al jardín. Conmigo...
— ¿Aún así la chimenea está apagada?— dijo Issac—. Con razón está congelado. Podría enfermarse. Él y Matty.
— Haremos que la enciendan— dijo Katrina nerviosa—, y no te preocupes por ellos, su salud es muy buena... deberías ver a Matty. Iré por él.
Salió rápidamente. Ken se lamentó por no haber pensado en ese pretexto primero para poder desaparecer aunque fuera un momento. Ya no soportaba la presión.
Dylan no sabía qué pasaba. Todo se sentía muy irreal. Ya le había pasado antes que soñaba con el día en el que se encontraba con Issac pero esos sueños no eran como ese. No supo qué hacer y no podía concentrarse, se sentía muy abrumado aunque se recordó a sí mismo que debía ser amable y atento. Hizo un esfuerzo por obligarse a pensar en algo así que por fin habló.
— Iba a ir a hornear una tarta— dijo—. Matty me ayudaría... por eso no hicimos que encendieran la chimenea.
Issac lo observó. Cuando Dylan dijo todo eso lo hizo mirando el suelo. Su carita se veía ruborizada. Issac no podía dejar de mirarlo fijamente. Su voz le pareció preciosa. Le asombró cómo es que físicamente todo de él parecía gustarle. No se lo esperaba para nada, usualmente él le encontraba defectos a todo. Nada o nadie era lo suficientemente perfecto para su criterio. Sin embargo ese jovencito se lo parecía hasta ese momento. Y descubrir eso mejoró su humor de inmediato.
— Mamá me contó que tomaste clases de cocina— le dijo mientras lo miraba fijamente—. Me alegra que sea algo que te guste.
Dylan sólo pudo observarlo. Sentía la calidez su mano. De hecho sus dedos ya no se sentían tan congelados. Estaban tibios. Él le había pasado calor.
Ken miró eso que acababa de pasar y no lo entendía. Issac pasó de querer estrangularlo con la mirada a ser tan considerado con Dylan que era confuso y también extraño. Le gustaba que tratara bien a Dylan pero ese tipo de cambios de humor lo ponían muy nervioso. Además conocía tan bien a Dylan que sabía que ese niño estaba terriblemente abrumado por la situación esforzándose por seguir adelante. Llevaba toda una vida haciendo eso después de todo. Lo único que deseaba Ken era que Issac tratara a Dylan así, con gentileza. En vista de que la maldición era inquebrantable y ellos deberían estar juntos el resto de sus vidas, Ken quería que al menos Dylan pudiera tener un poco de paz. Y si Issac podría tratarlo con amabilidad, era suficiente para Ken. Sólo quería que el pequeño Dylan fuera feliz. Porque sabía mejor que nadie que en toda su vida, ese chico no lo había sido.
ESTÁS LEYENDO
El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
