74. Recuerdos

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Cuando Issac despertó, estaba en una habitación de paredes blancas, sábanas limpias y mucha luz. Se sintió mareado pero aún así se apresuró a levantarse sin embargo lo detuvieron. Bryce se encontraba a su lado. Lo miró confundido.

— No te levantes— le dijo Bryce—. Quédate ahí.
— ¿Dónde estoy?— dijo Issac mientras sentía un fuerte dolor en la cabeza.
— En el hospital. Te trajimos a la media noche, ¿No lo recuerdas?

Issac negó con la cabeza.

— No me sorprende— dijo Bryce—. Estabas muy ebrio.

Katrina entró a la habitación. Al ver a su hijo despierto, dijo que llamaría a la doctora y salió nuevamente.

— Te pondré al corriente por si no recuerdas qué pasó ayer— le dijo Bryce—. Detuviste la maldición y nadie murió. Además por alguna razón que nadie se puede explicar, tu mano está casi curada.

Issac entonces miró su mano. Aún tenía las vendas pero no sentía ninguna clase de dolor.

— Es como si hubiera cicatrizado mágicamente— le dijo Bryce—. Todos aquí están perdiendo la cabeza por eso. Es divertido.

Sin embargo a Issac poco le importó eso.

— ¿Cómo está Dylan?— preguntó alterado.
— Creo que está bien— dijo Bryce—. Lo vi en la mañana, estaba en la sala de espera con los demás. Me la he pasado aquí así que la verdad no le he hablado.
— ¿Qué hora es?— dijo Issac.
— Pasa del medio día— le dijo Bryce—. Has dormido bastante. Creo que beber no se te da bien. Pero descuida, yo entiendo que no hubieras logrado nada de no ser así.

Issac no comprendía qué pasaba. Simplemente sentía ganas de poder ver a Dylan para corroborar que de verdad se encontraba bien. Iba a pedirle a Bryce que lo ayudara a bajar de la cama porque él se sentía muy mareado pero entonces su madre y la doctora entraron. Lo revisaron y le dijeron que se veía mucho mejor. Le dieron comida y algunos medicamentos. Comió sin muchas ganas. Se sintió bien después de eso. Bebió bastante agua.

— ¿Recuerdas si ayer pasó algo inusual?— le preguntó la doctora.
— ¿Inusual?— preguntó Issac.
— Es que tu mano... es imposible que sanara tan rápido. Te mostraré.

Ella le quitó las vendas. Issac observó el lugar donde su mano había sido atravesada por ese clavo. Se veía muy rosa, y muy recuperada. No lo creyó de no ser porque pudo abrir y cerrar el puño, el día anterior no podía mover su muñeca bien siquiera.

— ¿Recuerdas si le hiciste algo a tu mano?— le preguntó ella.
— Honestamente tengo recuerdos muy confusos de todo lo que pasó ayer— admitió Issac—. Me duele bastante la cabeza.
— Bebe más agua— le dijo Katrina—. Te sentirás mejor pronto.

Él lo hizo. La doctora lo miró sintiéndose muy consternada. Simplemente no lo entendía.

— Iremos a casa y vas a dormir mucho— le dijo Katrina a Issac—. Para mañana te sentirás mejor. Luego podrás prepararte para tu boda.

Issac había olvidado que la boda ocurriría dos días después de la ceremonia. No deseaba tener que pensar en eso así que simplemente dijo que debía usar el baño. Se levantó sintiéndose mareado pero no tanto. Fue al baño. Los demás se quedaron ahí. La doctora expresó su confusión acerca de esa herida.

— No sé qué pasó pero me alegra que mi hijo esté mejor— dijo Katrina—. Quizá esa herida no era tan seria y él sanó rápidamente por eso.
— Su mano fue atravesada por completo— le dijo ella—. Sangraba demasiado.
— Quizá la maldición lo ayudó— dijo Katrina—. Él tenía un deber por cumplir y no podía si estaba herido.
— No creo que eso haya pasado— dijo la doctora.
— Pero la maldición es real— dijo Bryce—. Y es una especie de hechizo mágico, ¿No?

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora