72. Agonía

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Dylan había sido educado para obedecer. Para hacer lo que le pidieran pero sobre todo para seguir las órdenes de su futuro esposo. Sin embargo en ese momento se alejó de Issac y se acercó a la cama no porque se lo hubieran ordenado, lo hizo porque quería. Porque tenía una erección tan dolorosa que le sorprendía poder soportarla. Así que sin pensarlo mucho, se sentó en la cama y luego se dejó caer de espaldas mientras su cuerpo temblaba ligeramente y se sentía muy caliente.

La bata de Dylan se abrió un poco y Issac pudo ver mejor las dimensiones de su cuerpo. No podía creer estarlo viendo desnudo. Sin pensarlo mucho y moviéndose únicamente por instinto, se acercó y se inclinó hacia su cuerpo. Tocó con sus manos las piernas de Dylan. Estaban muy suaves, como si fueran de terciopelo. Issac no lo sabía pero Dylan se preparó mucho para ese día. Depiló y exfolió su cuerpo con esmero, todo para poder complacer a su futuro esposo. Funcionaba aunque Dylan no lo sabía.
Issac recorrió los muslos del joven con sus dedos y llegó hasta su entrepierna. El muchacho tenía una erección que ya estaba desbordando líquido. No tuvo que pensar mucho en qué hacer. Se acercó más, tomó el duro pero delicado miembro de Dylan y lo metió en su boca. El chico se dobló mucho al sentir el calor rodear su miembro. Issac lo rodeó con su lengua y sintió su sabor. Jamás había hecho algo así y antes de ese día esa acción le habría parecido impensable sin embargo en ese momento movió sus labios lentamente mientras cerraba los ojos y deseaba que Dylan se sintiera bien. En algún momento sintió la necesidad de preguntar pero cuando pensó en hacerlo, el muchacho soltó un gran quejido y explotó. Issac logró retirarse un poco antes de eso pero aún así un poco de semen saltó hasta su camisa. Observó la cara de Dylan al venirse y más que dolor, pudo reconocer el placer en ella. Simplemente de ver su expresión sintió muchas ganas de correrse pero lo soportó como pudo aún cuando su erección ya parecía estar rogándole por ser liberada. Se quitó la camisa con las manos temblorosas y tragó saliva. La arrojó al suelo. Desabotonó sus pantalones y bajó su bragueta. Entonces se inclinó lentamente hacia Dylan, que estaba inmóvil tratando de recuperar el aliento.

— ¿Está bien... si entro en ti?— le preguntó con dificultad.

Dylan por un momento no pudo escuchar nada más que su propio corazón. Después de soltar su semen perdió su mente y fue como si no estuviera ahí. Algunas lágrimas salieron de sus ojos así que tampoco pudo ver algo porque todo a su alrededor estaba borroso. Cuando su corazón ya no se sentía como si fuera a explotar y su vista recobró claridad, pudo ver que Issac se encontraba inclinado hacia él. Le preguntó si podía entrar en él. Pero Dylan no le puso atención porque se quedó concentrado mirando su torso desnudo. Recordaba que Katrina muchas veces le dijo que Issac era alguien muy diligente a la hora de ejercitarse pero no lo creyó hasta que vio los músculos perfectamente formados de su torso. Estaba pensando en lo duros que parecían sus pectorales cuando volvió a escuchar la voz de Issac e inevitablemente dirigió su atención a su cara. Lo vio más cerca, inclinado hacia él, con la cara muy roja y una expresión rara en el rostro.

— ¿Está bien si lo hago?— le preguntó Issac en un susurro, con mucha dificultad.

Dylan no entendió bien la pregunta pero se encontraba tan confundido que asintió ligeramente con la cabeza.
Issac no necesitó más. Se encontraba tan desesperado que rápidamente se abrió pasó entre las piernas de Dylan. Las levantó un poco y luego colocó sus caderas extendidas hacia él. Dylan sintió todos esos movimientos sin saber qué pensar. Su corazón aún latía agitado pero su mente poco a poco encontraba más claridad acerca de la situación en la que estaba.
Issac pudo ver en donde debía entrar gracias a la tenue luz de la chimenea. Por un momento creyó no poder hacerlo pero recordó que ya había metido sus dedos y no fue muy complicado. Así que se llevó las manos a sus pantalones y por fin liberó a su miembro.
Dylan observó eso con inquietud y perdió el aliento en cuanto vio la enorme erección que Issac tenía. Hasta su corazón se detuvo por un momento cuando pensó en que eso no iba a entrar en él. Era imposible, se veía muy grande y él era pequeño. Sin embargo no tuvo tiempo para pensar en nada porque Issac levantó sus caderas, las sostuvo con fuerza y procedió a presionar su miembro contra el cuerpo del chico. Gracias a la lubricación previa, se deslizó sin muchos problemas aunque no fue muy fácil. Issac sentía cómo la presión del cuerpo del chico le impidió meterse por completo. Se lamentó de no usar condón, pero se sentía tan excitado que no se le pasó por la mente que necesitaba uno.
Cuando estaba considerando la posibilidad de salir y buscar uno, Dylan apretó un poco su cuerpo y eso lo hizo soltar un gemido de dolor. Ya no podía soportar su erección y era tan doloroso pero a la vez placentero que sujetó las caderas de Dylan, se ajustó más a su cuerpo y comenzó a moverse.
Dylan sintió por un momento que iban a partirlo a la mitad. Creía que iba a romperse cada vez que sentía a Issac embestirlo. Aún cuando no lo hacía con fuerza o rapidez, era tan doloroso que no podía evitar soltar gemidos. Estuvo así por un buen rato que pareció una eternidad, sintiendo cómo entraban y salían de su cuerpo. Sin embargo muy pronto sus músculos se expandieron y la sensación dejó de ser dolorosa. Pasó a ser incómoda y luego se volvió soportable. Como ya no se sentía mal, Dylan abrió los ojos y pudo ser más consciente de lo que pasaba. Vio a Issac parecer muy enfocado en penetrarlo. Ver su cuerpo sobre él y la expresión de su rostro hicieron que su corazón se acelerara rápidamente. Bajó la mirada para no tener que ver su cara pero entonces pudo observar cómo el miembro de Issac entraba y salía de su cuerpo. Esto hizo que tuviera una erección al instante y no podía creer que eso le estuviera pasando porque acababa de eyacular. Recordaba la agonía que fue poder venirse y no entendía cómo era que nuevamente estaba en esa situación. Pero el calor del cuerpo de Issac y el roce de su pene dentro de él era tan dolorosamente placentero que no pudo evitar sentir un calor recorrer su cuerpo. Trató de quedarse quieto para no enloquecer pero todas esas sensaciones se intensificaron porque Issac aumentó un poco la velocidad en la que lo penetraba. Entonces resistirse a todo aquella agonía le fue imposible. No pudo controlar su boca cuando gemía y sus caderas que comenzaron a moverse por sí mismas, sin control, al ritmo que Issac tenía. En su interior sentía que había algo que se sentía muy bien cuando Issac lo tocaba con su miembro y no quería que parara. Había entrado en un frenesí que lo hizo perder por completo la cabeza. Ya no pensó en nada. Ya no había miedo o dolor, todo era placer.
Issac estaba igual, desde que entró en Dylan dejó de pensar en todo lo que lo rodeaba. El placer era lo único en su cerebro. Se movía por instinto y mientras más golpeaba sus caderas contra el cuerpo de Dylan, más sentía que era aceptado por éste. Ya no era difícil deslizarse, de hecho sentía que incluso el cuerpo de Dylan lo succionaba como si no quisiera dejarlo ir. La sensación era increíble. Aumentó el ritmo en algún momento pero no se dio cuenta. Cuando pudo ser más consciente de lo que pasaba fue cuando eyaculó. Dejó de moverse y se detuvo estando muy profundo en el cuerpo de Dylan. Entonces explotó sin poder evitarlo. Quería poder salir antes de hacerlo pero no pudo. Así que sintió cómo el líquido que salía de su cuerpo lo rodeaba porque no tenía salida. Fue tan terriblemente placentero que se sintió débil y haciendo un último esfuerzo, salió del cuerpo del muchacho y se dejó caer a su lado. Su corazón estaba muy acelerado y no podía pensar con claridad. Cerró los ojos y trató de recuperarse. Podía escuchar su corazón latir como si quisiera salir disparado de su pecho. Trató de respirar profundamente un par de veces antes de poder pensar algo coherente. Cuando abrió los ojos sintiéndose menos debilitado, vio la espalda de Dylan. El muchacho se había girado levemente para tratar de recuperar el aliento. Tenía una erección que exigía ser atendida pero que no pudo soportar cuando sintió cómo un líquido caliente salía de su cuerpo. Era el semen de Issac y simplemente al saber que era tanto que había empezado a salir de su interior, Dylan no pudo evitar eyacular. Se sintió mejor luego de eso.

Issac no fue consciente de la nueva erección de Dylan, no pudo verla siquiera. Sólo se quedó mirando la nuca del chico que parecía haberse doblado para evitarlo. Entonces descubrió que hizo todo eso sin tener realmente su permiso. Entendía que era algo que debían hacer pero él simplemente se acercó totalmente hipnotizado y lo tocó aún sin querer. Ese pensamiento lo alarmó por completo. Todo lo que quería era poder cuidar de Dylan e incluso se lo había prometido pero en ese momento pudo notar que no sólo rompió esa promesa, sino que había abusado del chico. Aterrado por esto, se levantó como pudo y se fue a la puerta mientras se sentía mareado y muy consternado.
Dylan sintió el movimiento de cuando Issac dejó la cama. Cuando logró girarse un poco, él ya había salido de la habitación. No entendía por qué. Se sentó ligeramente pero sintió un gran dolor en sus caderas y mejor volvió a acostarse. Su cerebro aún estaba resintiéndose de todo lo que acababa de pasar y pensar con claridad le costó. Jamás antes había experimentado un placer como ese, tanto que cuando se dio cuenta sintió ganas de llorar. No pudo detener el sentimiento y unas lágrimas se escaparon de sus ojos. Todo aquello que pasó se había sentido muy bien y no podía creer que él había recibido esa clase de sensaciones. No sentía merecerlo.
Se tranquilizó a sí mismo y limpió sus ojos. Se levantó con cuidado y cerró su bata. Iba a levantarse con toda la intención de buscar a Issac y agradecerle por haberlo tocado así cuando al ponerse de pie notó que de su entrepierna escurría demasiado líquido. Se deslizó por sus piernas y entendió que no podía salir así. Con cuidado (sobre todo porque su espalda le dolían un poco) se dirigió al baño. Tenía que bañarse y luego iría a buscar a Issac.

Issac salió de la habitación rápidamente y cerró la puerta de un empujón. Después caminó por el pasillo sin saber bien a dónde iba. Se sentía mareado y muy confundido. Todo en su mente daba vueltas. No comprendía bien lo que acababa de pasar pero sí se sentía muy seguro de que Dylan sufrió. Lo recordaba doblado en la cama, tratando de sobreponerse. Lo peor era que no pudo decirle nada antes de huir cobardemente. Al menos debió disculparse, pensó. Sin embargo entendía que eso poco o nada haría por su situación. Dylan de por sí lo odiaba y eso no cambiaría. Por eso trató de huir al bosque ese día. Imaginó que después de haberle hecho todo eso, Dylan no iba a querer verlo siquiera. Así que se acercó a los escalones que daban al primer piso y tenía intenciones de bajarlos pero sintió náuseas y mejor se sentó. Abrazó sus piernas y trató de respirar profundamente para evitar sentir tanta angustia. Para no ponerse a llorar por lo mal que se sentía. No entendía cómo pasó de sentirse tan excitado a arrepentirse terriblemente por haber tocado a Dylan. Se odiaba por haber perdido el control así. Por no haberse detenido.

Cuando el señor Cassell recorría los pasillos en dirección a la biblioteca, vio una figura que se encontraba en los escalones. Estaba oscuro porque a nadie le importó iluminar esa parte de la casa. Se acercó pensando que era alguna persona del pueblo que se perdió, sin embargo cuando estuvo lo suficientemente cerca notó que se trataba de Issac, que estaba sentado abrazando sus piernas. Se inclinó en el suelo frente a él y tocó su hombro. Notó que su torso estaba desnudo y sus pantalones parecían estar a punto de caerse.
Issac sintió el tacto de alguien y levantó la cabeza. Vio a su padre. Sus ojos se encontraron. El señor Cassell observó a su hijo fijamente, muy sorprendido. A pesar de la pésima iluminación, pudo ver que parecía estar llorando. No se lo pensó en ningún momento para abrazarlo con fuerza.

— Todo está bien— le dijo—, no te preocupes.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora