Matty empezó a sudar frío. No podía moverse, sus dedos estaban congelados. Sólo se quedó mirando a su hermano, que estaba inclinado levemente hacia enfrente, su cinturón lo detenía de no caerse. Todo estaba en silencio. La oscuridad invadía el exterior. La única luz ahí adentro era la del teléfono de Matty, que él sostenía como si se aferrara a la vida.
Pasaron los minutos. Todo siguió igual. Matty sentía como si aplastaran su corazón. Hasta respirar le costaba. Pero se negó a moverse. Una parte de él quería hacer de todo para que Bryce despertara. Pero otra parte, una muy oscura, le exigía quedarse quieto. Y por alguna razón que él no entendía, le hizo caso a esa parte.
Se encontraba mirando cómo el cabello de su hermano se movía lentamente cuando de repente, Bryce se despertó de golpe. Hasta saltó mientras miraba a su alrededor. Matty casi grita del susto, fue muy repentino todo ese movimiento.
Bryce observó a su hermano.
Notó que su cara estaba empapada en lágrimas.
— ¿Matty?— dijo en un susurro mientras no podía moverse.
Matty no dijo nada, sólo observó a su hermano tratar de acercarse. Por instinto se alejó hasta que su hombro golpeó la puerta. Bryce notó que no podía moverse por el cinturón y con las manos temblorosas se apresuró para quitárselo. Lo logró y estiró su brazo hacia Matty, que se pegó más a la puerta para que no lo tocaran. Bryce se dio cuenta que su hermanito quería evadirlo.
— No te voy a lastimar— le dijo Bryce tratando de tranquilizarse—, sólo quiero ver si estás bien.
— Estoy bien— dijo Matty en un susurro.
— Estás llorando.
Matty se llevó las manos a la cara. Efectivamente, estaba muy mojada. No recordaba haber llorado así. Pero en ese momento todo era muy confuso. Se encontraba pensando en eso cuando de sus manos resbaló su teléfono y se cayó. La luz desapareció y todo ahí quedó muy oscuro. Matty se quitó el cinturón y se apresuró a buscarlo tanteando a su alrededor con sus manos pero no podía ver nada. Estiró más su mano y entonces sintió una calidez muy rara. No tuvo tiempo de descubrir qué era lo que tocaba porque aquella cosa tan suave lo envolvió.
— Soy yo— le dijo Bryce en un susurro.
Matty sólo se quedó inclinado sintiendo cómo sostenían su mano suavemente. Le dolía el pecho. No se merecía esa consideración pero no quería que parara. No entendía bien qué ocurría pero sí sabía que era agradable.
— Me estás tocando— le dijo a Bryce—. Y tú odias eso.
— ¿Por qué lo odiaría?— le dijo Bryce.
— Porque me odias.
— Yo no te odio. Eres mi hermanito.
Matty recordó lo que aquellos hombres le dijeron. Alejó su mano. Luego trató de salir del vehículo. Encontró la palanca de la puerta y la abrió. Salió de ahí mientras se sentía muy mareado. No veía nada más que siluetas oscuras. Se escuchaban ruidos a la lejanía pero no eran muy claros. Pensó en ir a la carretera y caminar sin detenerse. Imaginó que llegaría a algún lugar en algún momento. Estaba por irse cuando tomaron su mano. Se giró. Sus ojos se habían acostumbrado mejor a la espesura de la noche y distinguió la silueta de su hermano.
— No vayas por ahí— le dijo Bryce—. Es peligroso.
— ¿No es mejor así?— le preguntó Matty—, ¿No estaría todo mejor si yo muriera?
— ¿Por qué dices eso?
— Porque es verdad— le dijo Matty tratando de controlar sus ganas de llorar—. Si yo muriera, ya no sufrirías más.
— No quiero que tú...
— ¡Pero yo sí quiero!— le dijo Matty muy alterado—, ¡Hace un rato cuando no despertabas pensé que estabas muerto y me puse feliz!
Bryce no supo qué decir. No se esperaba todo eso.
— ¿Quieres que yo muera?— le preguntó en cuanto pudo hablar.
— ¡Sí y sé que soy una mala persona por pensarlo!— dijo Matty, sintió cómo sus lágrimas bajaban por su cara.
— No eres malo— le dijo Bryce, soltó sus manos pero las levantó para buscar el rostro de su hermano—. Tú eres Matty.
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El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
