Después de que Dylan abandonó la casa, Issac se instaló en otra habitación. Llevaron algunas de sus cosas hasta ahí y durmió el resto del día. A Katrina le preocupaba pero no pudo decirle nada porque él la evadía por completo. Pensó que quizá su hijo se sentiría mejor al día siguiente pero no fue así. Issac se levantó de su cama sólo para buscar comida y después volvió a dormir. Matty se sentía muy preocupado también pero no sabía si debía interrumpirlo. Lo consolaba pensar que al menos Dylan se encontraba a salvo en su casa, lejos de ellos.
Sin embargo Dylan no pudo descansar tanto como Issac porque sus padres le pidieron que ayudara con los deberes de la cafetería. Dylan solía ayudar con el negocio cuando podía, generalmente como mesero o cajero pero su padre le dijo que lo ayudaría en otras cosas. Fueron a la cocina y Simon trató de enseñarle cómo funcionaba todo ahí, sin embargo Dylan no pudo levantar siquiera algunas de las máquinas porque eran muy pesadas para él. Se sintió decepcionado pero no tenía otra opción para salvar su negocio más que hacer que Dylan aprendiera lo más posible. El chico se veía muy triste pero trató de hacer todo lo que le pidieron. Dio todo de sí en todas las actividades en las que lo pusieron a prueba pero la gran mayoría de labores que su padre realizaba eran muy pesados para él. Pese a eso no dijo nada y siguió tratando. Sin embargo cuando debía ir por leña, no aguantó más y colapsó. Su madre sólo lo miró caerse al suelo. Fue hasta él y trató de despertarlo. Dylan abrió los ojos después de unos segundos.
— ¿Estás bien?— le dijo ella preocupada.
— Lo siento— dijo Dylan con pena.
— No importa— le dijo ella—. Hay que ir a casa.
Dylan no sabía que le enseñaban todo eso porque la cafetería estaba en riesgo. Creía que sus padres estaban molestos con él y por eso le ponían todas esas tareas difíciles. Las hizo sin quejarse aunque sabía que no le salían bien. Si era su castigo, lo cumpliría sin importar qué.
Issac no tuvo días buenos tampoco. Además de dormir, leer y ver películas, no hizo nada importante. Sabía que no podía seguir así pero no tenía ganas de nada. Sentía que su vida no tenía sentido. Se encontraba pensando en eso cuando su madre le dijo que el señor Collins quería hablar con él. Issac fue a uno de los salones para verlo. Ken le dijo que quería saber si aún solicitarían sus servicios.
— No había pensado en eso— dijo Issac pensativo—. En realidad no he pensado en nada por estos días.
Ken sólo lo miró sin entender qué pasaba. Le pareció que Issac estaba muy ojeroso y pálido. Además aún no sabía por qué Dylan se fue de la casa pero no se atrevía a preguntar.
— No creo que necesitemos de un guardaespaldas ahora— dijo Issac—. Dylan está con sus padres y la maldición ya se detuvo.
— Comprendo— dijo Ken.
— Sin embargo me iré pronto a la otra ciudad para retomar mis negocios— agregó Issac—, mi hermano Bryce irá conmigo y él nunca ha dejado este lugar, me preocupa que no esté a salvo allá. En ese aspecto me gustaría poder extenderle un nuevo contrato si le interesa.
Ken no se esperaba eso. Creía que no iba a querer volverlo a ver después de que perdió a Dylan.
— ¿Usted... quiere que siga trabajando para su familia?— dijo Ken muy sorprendido.
— Necesitamos un guardaespaldas— dijo Issac—. Pero si no quiere puede negarse.
— No, me gustaría pero... pensé que ustedes ya no confiaban en mí.
Issac lo miró con interés. No sabía que el señor Collins se sentía de esa forma aunque no le sorprendía. El chofer había renunciado justo por eso.
— No tengo ninguna razón para no confiar en usted— le dijo—. Hizo un excelente trabajo por todo este tiempo y me siento agradecido por eso. No debió ser fácil.
Ken sólo lo observó sin saber qué decir.
— Haré que le extiendan un nuevo contrato— dijo Issac—. Sin embargo no empezaría a trabajar inmediatamente porque antes de que Bryce se vaya a la otra ciudad hay muchas cosas que se debe acomodar en mi departamento.
— Comprendo— dijo Ken.
— Tendrá unas cuantas semanas libres antes de eso así que aprovéchelas para descansar. Después de todo usted nunca se había tomado unas vacaciones.
— Me gusta trabajar— dijo Ken.
— Aún así debe estar agotado. Ha trabajado por diez años ininterrumpidos.
— Mi trabajo no era complicado— dijo Ken—. Dylan era un buen niño.
— Aún así debió ser agotador— dijo Issac—. O quizá lo veo de ese modo porque yo sí me siento cansado.
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El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
