Marie se sentía muy frustrada. Cenó en la cocina junto a todos los demás, incluído Sebastian pero no se hablaron. Después ella se fue para alistar la habitación de Dylan. Estaba muy limpio así que se fue para prepararle el baño. Llenó la bañera de agua caliente y cuando terminó, salió de ahí. Se encontró con Dylan sentado en la cama. Ella lo miró con sorpresa.
— Hola— le dijo mientras se acercaba—, ¿Cómo estás?
— No lo sé— dijo Dylan desanimado—. Las cosas no debían salir así. Íbamos a quedarnos en tu casa.
— Nos iremos en la mañana— le dijo ella.
— No hay forma de escapar— le dijo Dylan—. Traté de irme varias veces cuando era niño.
— Ahora eres el señor de esta casa, deben dejarte ir— dijo ella.
— No lo soy, no quiero serlo. Él tiene a su novia, ella debería ser la señora de este sitio. Yo sólo... quiero irme. Ya no soporto estar aquí.
Dylan se veía tan triste que Marie no pudo evitar acercarse y abrazarlo.
— Todo estará bien— le dijo—. Vendré en la mañana muy temprano por ti y nos iremos. Nadie nos verá, ¿De acuerdo?
Dylan asintió.
— Ahora ve a tomar un baño— le dijo ella—. El agua está lista.
Dylan lo hizo. Ella se quedó ahí buscando si en el clóset había alguna pijama. Cuando la encontró, salió. Se encontró con Issac ahí. Se asustó tanto que casi se va de espaldas.
— Disculpa— le dijo Issac—, no quería asustarte.
— No importa— dijo ella con frialdad mientras doblaba la pijama de Dylan—, ¿Qué hace aquí?
A Issac le sorprendió esa pregunta pero le sorprendió mucho más que ella pareciera evidentemente enojada.
— Ésta es mi habitación— le dijo—. Pensé que lo sabías.
— No la ha usado desde que se casó— dijo ella—. Pensé que su habitación era otra.
— Uso otra habitación pero la mayoría de mis cosas están aquí— dijo Issac—. Vine por ellas.
Él estaba por irse al clóset cuando ella habló.
— Dylan no tiene ropa— dijo ella—. Su equipaje está en mi casa. Volveremos por él mañana.
— Bien, los llevaré— dijo Issac.
— No hace falta— dijo ella—. Podemos ir solos.
Issac la observó fijamente. Ella se veía muy seria y no estaba ocultando sus intenciones.
— Prefiero llevar a mi esposo personalmente— le dijo él.
— Sería amable si le preguntara si quiere que lo lleven— dijo ella—. En lugar de tomar decisiones por su cuenta.
— No creo que Dylan sepa lo que es mejor para él en este momento— dijo Issac.
— ¿Usted sí lo sabe? No lo creo. De saberlo jamás habría traído a esa mujer aquí. A él le duele tener que verla.
Issac no se esperaba tanta honestidad y en otro momento de su vida se hubiera enojado pero no en ese instante. Sabía que era verdad. No podía negarlo.
— ¿Por qué te importa tanto lo que le pase a él?— le preguntó.
— Es el chico más dulce del mundo— le dijo ella—. Se merece toda la felicidad del mundo.
— ¿Ya se te olvidó que cuando escapó puso en riesgo a muchas personas?
— ¿Usted jamás pensó en escapar de la maldición?
— Varias veces pero jamás arriesgaría a nadie así— dijo Issac.
— Usted no pasó toda su infancia rodeado de la maldición. Es más, no estuvo aquí siquiera. Dylan sufrió toda esa presión estando aquí desde niño. Si yo hubiera estado en su lugar, probablemente también habría querido huir. Quizá Dylan tenía el presentimiento de que no sería feliz con usted y decidió irse. No estaba equivocado. Su error fue que lo encontraran.
Ella se veía de verdad molesta. Issac no sabía qué decir, sobre todo porque nada de lo que dijo ella era mentira.
— Él va a terminar de bañarse pronto— le dijo ella—. Por favor váyase.
— No haré eso— dijo Issac—. Vine a quedarme aquí. Ésta es mi habitación y Dylan es mi esposo.
— Lamentablemente— dijo Marie mientras dejaba la pijama en la cama.
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El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
