78. Terraza

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El cigarrillo de Bryce se terminó de consumir. Se acercó a una mesa que estaba en la terraza y tomó un cenicero que se encontraba cerca. Apagó su cigarrillo ahí. Después miró a su hermano, que tenía una expresión muy consternada.

— Probablemente sea lo mejor— le dijo Bryce—. No creo que Dylan esté feliz por volver a repetir lo de la ceremonia.
— Él no debe querer verme siquiera— le dijo Issac—. Me quedaré aquí para ahorrarle la pena.
— A mamá no va a gustarle.
— Ya me da igual— dijo Issac con cansancio.

Bryce salió de la terraza con intenciones de buscar a su madre. Sin embargo al que encontró fue a Dylan.

— Hola— le dijo Dylan con timidez cuando lo vio.
— ¿Estás bien?— le preguntó Bryce.

Dylan asintió sin saber a qué se debía esa pregunta.

— No te preocupes— le dijo Bryce—. Todo estará bien.
— ¿Has... lo has visto?— dijo Dylan con mucha pena—, a... Issac.
— Está en la terraza— le dijo Bryce—. Creo que se quedará ahí un tiempo. Descuida, si no quieres verlo sólo evita esa parte.

Luego se alejó de ahí mientras Dylan pensaba en por qué le dijo eso. Él sí quería verlo. No sabía bien por qué pero su ansiedad al respecto lo hizo caminar a la terraza sin pensar. Atravesó la puerta y vio a Issac recargado en el barandal. Parecía mirar hacia el bosque. Se acercó lentamente sin saber qué decir. Sus pasos hicieron un poco de ruido, fue así como Issac notó que alguien llegó. Se giró y descubrió que era Dylan. Sus ojos se encontraron por unos segundos pero Dylan sintió tanta pena que desvió su mirada al suelo mientras su corazón latía con fuerza.
Por un momento Issac se quedó sin palabras. Ver a Dylan ahí casi lo hace perder el aliento. Se veía tan bien, tan mágico como siempre le pareció. Hasta sentía que su cabello platinado resplandecía más. Sin embargo también sabía que nada de eso estaba bien. Suspiró para soportar la presión que sentía y se obligó a sí mismo a hablar.

— ¿Estás bien?— preguntó Issac.

Dylan regresó su mirada a él en cuanto escuchó su voz. No se atrevió a acercarse más porque se sentía muy avergonzado pero sí pudo escucharlo. Asintió brevemente porque sentía un nudo en la garganta.
Issac pensó que él debía estar pasando por un mal momento. Luego recordó lo que pasó la última vez que estuvieron juntos y se sintió aún peor por él.

— No te lo dije la otra vez pero... de verdad lo siento— le dijo Issac.

Dylan no entendió nada, sólo lo miró mientras se sentía muy confundido.

— Si te lastimé... de verdad lo lamento— dijo Issac con trabajo pero se sentía realmente arrepentido.

Dylan no sabía a qué se refería. Aún así trató de tranquilizarse antes de hablar.

— Estoy bien— dijo en un hilito de voz.

Issac se sintió mejor al escucharlo decir eso. Sin embargo al pensar que podría ser una mentira, volvió su malestar. Cuando iba disculparse de nuevo fue interrumpido por Dylan.

— ¿Tú estás bien?— preguntó él mientras sentía que la cara se le ponía muy caliente.

Issac simplemente lo miró unos segundos sin saber qué decir. No se esperaba tanta consideración.

— Estoy bien, gracias— le dijo—, ¿Está bien si me quedo aquí un tiempo? Quiero estar solo.

Dylan no quería irse porque sentía que tenía muchas cosas por decirle pero no pudo negarse. Así que se alejó de ahí rápidamente.
Issac estuvo en la terraza alrededor de una hora, totalmente solo. Algunos invitados preguntaron por él pero su familia inventó excusas. Además Dylan estaba dentro así que pudo recibir las felicitaciones de su parte. La tarde llegó y el sol se metió. Entonces Katrina se acercó a Dylan.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora