Después de un rato de llorar en silencio, Issac se sintió mejor, tanto como para hablar. Sentía frío porque estaba en el suelo pero no le importó mucho. Tenía que decir algo. Suspiró y dijo lo primero que se le cruzó en la mente.
— Yo también tenía esas fantasías— dijo—. Cuando era joven soñaba con que moría y ya no tenía que enfrentar la maldición. Si yo no estaba, Bryce o Matty asumirían el papel de jefe de la familia. Ellos siempre fueron más inteligentes que yo, seguramente lo habrían hecho bien. Pero no pasó. No sabes cómo lamento no haber muerto.
Dylan sólo escuchó eso en silencio.
— Yo no le dije a nadie de aquella vez cuando escapaste con Anna— agregó Issac—. Los demás se dieron cuenta y te siguieron. Yo quería que te fueras con ella. En parte. Porque también me sentía muy lastimado. Sentía que tu lugar era estar conmigo, como mi esposo. Pero no, tu lugar es estar en donde quieras ir. Lamento haberte traído hasta aquí. Quería poder hablar contigo tranquilamente pero no sabía qué decir. Angela se ofreció a venir porque quería convencerte de que no es mi amante. Es mi amiga, como tú y Anna. Ella sólo quería ayudarme y hacerme compañía. La ciudad estaba siendo muy solitaria para mí. Fue agradable tener a alguien para hablar y para ir al gym. Pero nada más pasó. La única persona que está en mi mente desde que me casé, eres tú. La única persona con la que he compartido mi cama desde entonces eres tú. La única persona que quiero eres tú. Nadie más.
Dylan no podía creerlo. Parecía mentira. Otra de las muchas que escuchó durante toda su vida.
— No te creo— le dijo Dylan con rencor.
— Lo sé— dijo Issac cansado—. Debería dejar de tratar de convencerte de cosas pero no puedo. No quiero sinceramente. Nos cambiamos de departamento, te alejé de mí y traté de no verte... no sé por qué sigo queriendo estar contigo. Me odias y lo sé perfectamente pero... sigo pensando que podríamos tener un buen matrimonio si cambiáramos algunas cosas. No sé por qué pienso eso. Quizá es la maldición. Tal vez sigue activa y por eso pienso cosas que no debería. Pero si ese fuera el caso, también te pasaría a ti, ¿No?
Dylan pensó en la atracción que sintió por él antes de saber que lo engañaba. Incluso que eso le doliera tanto significaba que sí tenía sentimientos por él. Pero jamás se puso a pensar si era por la maldición. Creía que era porque Issac le parecía físicamente perfecto. Pero en ese momento comenzaba a cobrar sentido que todo fuera cosa de la maldición.
— ¿Quieres estar conmigo por la maldición?— le dijo Dylan confundido.
— Me imagino que sí— dijo Issac pensativo—. No debería existir alguna otra razón porque lo normal sería que yo te odiara. Pero no es así para nada.
— Yo... no te odio— admitió Dylan mientras abrazaba sus piernas.
— Acabas de decir que me odias— le dijo Issac.
— Me dolía el pecho— dijo Dylan—. Y tú no te ibas. Quería que te fueras.
— ¿Era una mentira?— dijo Issac—, pero si no me odias... ¿Qué sientes por mí?
Dylan llevaba haciéndose esa pregunta desde que se casó. No podía entenderla del todo.
— ¿Tú sientes algo por mí?— le dijo Dylan mientras su corazón latía con fuerza—, ¿Yo te agrado?
Issac suspiró.
— Pareces agradable— dijo Issac—. No lo sé porque nunca he podido hablar contigo como quisiera. Siempre que hemos hablado es sobre cosas de la familia o la maldición. Lo único que sé de ti es que te gusta mucho leer. También te gustan los osos de felpa. Cocinas muy bien. Y sabes hacer muchas cosas. Pero es todo. Lamento jamás haberte preguntado si tienes sueños o si anhelas cosas.
Dylan no sabía que Issac se sentía de ese modo.
— Yo... quería una mascota— admitió Dylan mientras sus ojos se llenaban de lágrimas—. Porque el alcalde me prohibió tener amigos y nadie podía estar cerca de mí. Pensé que un animalito podría hacerme compañía. Pero dijeron que podría ser peligroso y lo prohibieron también. Lloré mucho al darme cuenta que estaría solo para siempre. Después tu mamá me regaló un oso de peluche. No era lo mismo pero... se sintió bien. Tú me diste uno también. Pensé que yo te agradaba. Luego te alejaste de mí.
— Porque trataste de irte— le dijo Issac—. Pensé que no me querías a tu lado para nada. Yo no era Anna. Imaginé que serías feliz estando lejos de mí... siempre creí eso. Cuando crecí y tú estabas aquí, yo me la pasé pensando que estarías mejor al cuidado de mis padres pero... realmente decidí irme por mí. No soportaba quedarme en un lugar donde todos me miraban y me obligaban a hacer cosas. Jamás pensé en si tú sufrías estando aquí. Me enfoqué en mis cosas mientras tú pasabas por mucho aquí... de verdad lo siento. No me justificaré porque mi manera de pensar en ese momento era otra. Pero ahora ya no soy así. Quiero ayudarte si puedo. No quiero que sufras de nuevo. Si quieres irte mañana, no te lo impediré, sólo deja que te lleve. Las calles son peligrosas con tanta nieve.
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El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
