39. Equilibrio

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A Matty le costó recuperarse toda una semana. No recordaba ser tan débil porque generalmente no se enfermaba sin embargo los moretones de su cuello aún no se quitaban. Usaba ropa de cuello alto y como hacía bastante frío no era sospechoso porque todos en el pueblo lo usaban. Se sentía mejor. Aunque no del todo. Por alguna razón Dylan no volvió en todos esos días y extrañaba tener alguien con quién hablar. Su madre le dijo que era porque Issac estaba ocupado con la remodelación de la casa y no tenía tiempo para él. La gente salía y entraba del lugar porque Issac quería acomodar muchas cosas. La habitación de Bryce seguía clausurada con unas cintas amarillas de “no pasar”. Sin embargo Katrina las sobrepasaba a cada rato. Gracias a ella Matty sabía que le quitaron los puntos a la herida de Bryce y se estaba curando muy bien. Porque nadie más lo veía. Probablemente no había nadie más que quisiera verlo. Excepto él. Matty quería poder verlo. Así que una tarde que Issac y su madre fueron a escoger el papel tapiz que tendría la habitación principal, él aprovechó para escabullirse lentamente hacia la habitación de Bryce.

Aprovechó que los trabajadores hacían ruido y nadie podría darse cuenta. Sobrepasó las cintas de un salto. Se acercó a la puerta. Iba a tocar pero estaba abierta. Simplemente la empujó y entró. El lugar era un desastre porque Bryce nunca limpiaba. Había ropa por todas partes. Incluso comida en el suelo. No vio a su hermano en su cama así que se preocupó. Se internó más buscando con su mirada. Iba a revisar en el clóset cuando Bryce salió del baño. Al ver a Matty ahí se asustó tanto que perdió el equilibrio y cayó al suelo. Lo miró totalmente horrorizado.

— ¡Perdona, no sabía que estabas ahí, pensé que no te encontrabas aquí, de verdad lo siento!— le dijo Matty consternado mientras se alejaba.

Se acercó a la puerta.

— Sólo quería saber si estabas bien— le dijo mientras abría—. Creo que sí. Me alegra eso. Ya me voy. Descuida. No volveré así que puedes estar tranquilo...
— Matty— dijo Bryce desde el suelo—, ¿Estás herido?

Matty no podía ver desde ahí dónde estaba Bryce porque la cama lo tapaba. Se quedó paralizado al escuchar eso. Era lo más coherente que alguna vez le había dicho su hermano. Sintió el impulso de acercarse y verlo. Pero se quedó ahí.

— Estoy mejor— le dijo Matty sintiéndose muy nervioso—, ¿Tú estás bien?

Bryce no le contestó. Matty decidió irse. Estaba por hacerlo cuando su hermano le habló.

— Me quitaron los puntos. De mi mano— dijo.

Matty no podía creerlo. Estaba teniendo una conversación real con Bryce por primera vez.

— Me alegra— dijo Matty bastante impresionado aún—. Mamá dijo que sanó muy bien, ¿Ya no te duele?

Esperó unos segundos.

— Duele. Todavía. Un poco— dijo Bryce.
— Qué mal— dijo Matty—. Pero se curará totalmente pronto. Así que trata de tener cuidado para que no vuelvas a lastimarte.

Bryce no le contestó en un buen rato. Pensó que ya no lo haría pero él habló.

— Matty, ¿Me odias?— dijo.

Matty no se esperaba esa pregunta y sólo de escucharla sintió ganas de llorar. Pero no lo hizo. Lo soportó tan bien como pudo.

— No... ¿Tú me odias?— le preguntó tratando de sonar tranquilo.

Bryce contestó luego de unos segundos.

— Matty, yo te amo— dijo—. Siempre te he amado.

Matty no esperaba que le dijeran eso. Sintió unas casi incontrolables ganas de correr hasta Bryce y de llorar pero no lo hizo. Sin embargo su corazón latía como loco y sus piernas le temblaban así que se sentó en el suelo junto a la puerta. Abrazó sus piernas. Trató de tranquilizarse hasta que pudo hablar.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora