93. Agua

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Dylan acomodó su abrigo y después atravesó la mansión rápidamente, tanto que no notó que Marie lo seguía. Cuando logró salir vio que Issac estaba junto al auto. Se sintió muy nervioso pero de ningún modo planeaba quedarse en casa. No sabía por qué no tenía miedo pero deseaba descubrir por qué todo era tan diferente. Fue al vehículo lentamente mientras trataba de tranquilizarse. Issac lo observó llegar hasta él.

— Sube— le dijo.

Dylan lo observó y sus ojos se encontraron con los de Issac. Fueron sólo unos segundos pero bastó para que el corazón de ambos comenzara a latir rápidamente.
Después Dylan desvió su mirada al vehículo y subió rápidamente. Issac lo miró hacerlo sin dejar de preguntarse si en algún momento el impacto que tenía Dylan sobre él desaparecería.
Marie notó la forma en la que Issac veía a Dylan. No entendía qué pasaba pero sí sabía que Issac no miraba a nadie de ese modo, ni siquiera a su familia. Así que debía estar sucediendo algo.
Issac la invitó a subir en cuanto pudo dejar de pensar en Dylan. Después subió él también. Cerró la puerta. Bryce observó a todos ahí.

— ¿Por qué hay tanta gente aquí?— dijo—, luego observó al chofer—, a él no lo conozco.
— Es el señor Pratt, mi guardaespaldas— le dijo Issac—. Llegó de la ciudad hace poco.
— ¿No es tu chofer?
— También es mi chofer— dijo Issac—. Me ayuda en muchas cosas, hoy irá con nosotros.
— ¿Irá para vigilarme?— dijo Bryce.
— No, irá simplemente por más... seguridad— dijo Issac con un poco de nerviosismo.
— ¿Ella también irá por más seguridad?— dijo Bryce y miró a Marie.
— Es sólo por si necesitamos algo— dijo Issac, odiaba mentir pero no podía decir la verdad enfrente de Dylan.
— Bien— dijo Bryce no muy convencido.

Dylan se sentía tan nervioso que no se atrevió a decir ninguna palabra pero sí aprovechó el hecho de estar sentado al lado de Issac para mirarlo de reojo. Varias veces sintió ganas de tocarlo. Su mano estaba muy cerca. Si deslizaba la suya por el asiento, sus dedos se tocarían. Se sentía tan tentado que estuvo a punto de hacerlo sin embargo el auto se detuvo. El chofer preguntó si ahí es donde debía dejarlo, a un costado de una calle. Issac le dijo que sí. Abrió la puerta y bajaron todos. Se podía ver desde ahí la algarabía del lugar, habían muchos colores, gente, ruido y pequeños negocios al aire libre. Se veían los juegos mecánicos de la feria, algunos eran muy grandes que resaltaban. Dylan los observó con asombro. Nunca le permitieron ir a la feria. Además él jamás sintió ganas de ir. No tenía con quién y se encontraba demasiado triste como para pensar en divertirse. Sin embargo ese día se sentía de verdad emocionado.
Issac aprovechó que Dylan miraba todo maravillado para darle indicaciones a su guardaespaldas y a Marie. Les dijo que fueran detrás de ellos y que no se alejaran mucho.

— Espero que quieras mostrarme la feria— le dijo Issac a Bryce.
— No la conozco muy bien— le dijo Bryce—. Pero sí sé en dónde puedo conseguir alcohol.
— Entonces sólo hay que recorrerla— le dijo Issac.

Comenzó a caminar y Bryce lo siguió junto a Dylan. Caminaron metiéndose por entre las personas. Avanzaron un poco y no tardó mucho en que los demás los notaran. Issac se dio cuenta de que los miraban mucho y se sintió un poco incómodo. Se acercó a Bryce.

— ¿Siempre te observan así?— le preguntó.
— No— le dijo Bryce—, pero hoy vienes conmigo y nos siguen otras personas.
— ¿Entonces es mi culpa?
— No deberías vestirte como si fueras a una reunión con el presidente.
— Toda mi ropa es así, menos la que uso cuando me ejercito— dijo Issac.
— Debiste ponerte eso.
— No es apropiado para salir.
— Si miras a los demás, notarás que a nadie le interesa si su ropa es apropiada.
— A mí sí me importa.
— ¿Por qué, planeas encontrarte con el presidente?— le preguntó Bryce.
— No hoy pero sí próximamente— dijo Issac—. Hay un negocio en el que quiero expandirme y lo necesito de mi lado.
— Definitivamente no encajas en este sitio— le dijo Bryce—. Tampoco tus guardaespaldas.
— Marie no es guardaespaldas. Es sólo alguien que está al servicio de Dylan.
— Es lo mismo, le estás pagando— dijo Bryce, entonces vio un pequeño negocio de comida—, si te pido que me compres algo, ¿Lo harías?
— ¿No tienes dinero?
— Sí pero no quiero gastarlo. Y eso no debería ser ningún problema para alguien como tú que va a reunirse pronto con el presidente.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora