121. Frío

53 9 2
                                        

Matty podía contar perfectamente con los dedos todas las veces en las que había sido feliz en toda su vida. Porque los momentos así eran escasos. La gran mayoría de sus días transcurrían en soledad y no tenían sentido alguno. Sólo seguía adelante, nadando con la corriente. Lo único que le daba sentido a su vida era su amor por Bryce. Pero siempre pensó que no era amor, era obsesión. Porque nadie más sabía de eso y nada nunca pasaría. Pensó que esos sentimientos se quedarían dentro de él. Pero no fue así. Por unos días, Matty vivió en el paraíso. Todo lo que quería hacer era reír. No dormía en las noches por la felicidad que sentía. El cambio fue muy notorio a comparación con cómo se veía en días anteriores. Katrina se dio cuenta de inmediato. Su hijo estaba bien vestido, peinado y comía normalmente. Brillaba como nunca. Le agradó verlo así pero le pareció sospechoso. Durante la cena decidió preguntar.

— ¿Yo?— dijo Matty—, ¿Crees que estoy diferente?
— Mucho— dijo ella feliz—. Te notas más animado. Me alegro por ti. Estaba muy preocupada.
— Lamento haberte angustiado— dijo Matty contento mientras cortaba su carne—, pero estoy bien ahora.
— ¿Pasó algo en especial?— le dijo ella.

Matty observó a su madre.

— Algo así— le dijo feliz—. Pero no te puedo decir. Es un secreto.
— Bien, comprendo— dijo ella, luego miró a Ken a su lado en la mesa, ella estaba en uno de los extremos—, ¿No se ve más brillante que de lo normal?
— A mí siempre me ha parecido que es un jovencito brillante— dijo Ken.
— Eres muy amable— le dijo Matty a Ken con las mejillas sonrojadas.
— Sólo digo la verdad— dijo Ken.

Aparecieron otras personas para llevar algunas cosas. Matty notó entonces que Sarah sostenía una charola plateada en sus manos.

— ¿Eso es para Bryce?— le preguntó.
— Así es— le dijo ella.
— ¿Puedo llevárselo yo?— preguntó Matty.
— Tú estás comiendo— le dijo su madre.
— Terminaré y se la iré a dejar— dijo Matty.
— No creo que sea lo mejor— le dijo ella con seriedad.
— ¡Por favor!— le dijo Matty, luego miró a Ken—, ¡Dile que me deje!
— No creo que mi opinión sea de mucha influencia ahora— dijo Ken.
— Claro que sí— le dijo Matty—. Eres nuestro amigo. Estás cenando con nosotros, ¿No? Y nadie cena con nosotros si no es especial.

Ken sólo pudo mirarlo sin saber qué decir. No se había dado cuenta hasta ese momento que llevaba varios días comiendo junto a Katrina y Matty en el comedor. Katrina lo invitó y él aceptó porque se había acostumbrado mucho a estar con ella y le gustaba complacerla... pero eso no significaba que fuera apropiado. Él no era un Cassell. Él trabajaba para ellos, no tenía ni una razón para estar ahí.

— Es lindo tener compañía— dijo Katrina, pidió que le sirvieran más vino—, además tú me dejaste cenar sola varias veces.
— Perdón por eso pero trataré de estar aquí— le dijo Matty.

Después se apresuró a comer y salió disparado de ahí mientras sostenía la charola plateada en sus manos. Subió las escaleras, atravesó el pasillo y fue a la habitación de Bryce. Estaba abierta y en total oscuridad. Pero él ya conocía tan bien la habitación que sabía a dónde ir para poner lo que llevó. Lo colocó en la mesa.

— Bryce, te traje la cena— le dijo Matty.

Pero no escuchó ningún ruido. Tampoco vio nada de movimiento. Sus ojos aún no se acostumbraban a la oscuridad así que no distinguió nada.

— ¿Estás aquí?— dijo mientras se internaba más en la habitación.

Vislumbró el baño. Pensó que podría estar ahí y caminó en esa dirección con cuidado. Sin embargo cuando pasó cerca de la cama, sintió cómo lo jalaron hacia el piso. Se dejó llevar porque no lo esperaba. No cayó al suelo, aquello que lo hizo caer se encargó de sostenerlo. Matty cerró los ojos por instinto pero después de darse cuenta que no se lastimó porque alguien lo abrazaba, los abrió. Distinguió la silueta de Bryce. Estiró sus manos y tocó su cara aún si no podía verla muy bien.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora