Dylan se quedó paralizado parcialmente cuando escuchó que Issac esperaba que lo acompañara a la feria. Hasta perdió el aliento. No entendía por qué, su mente estaba tratando de descifrarlo cuando Matty habló y lo sacó de sus pensamientos.
— No creo que Dylan deba volver al pueblo— dijo—. La gente ahí es mala.
— Va a estar con Issac, nadie le hará nada— dijo Katrina.
— ¿Y si lo hacen?— dijo Matty.
— Quiero ver que se atrevan— dijo Issac mientras miraba la mesa.
Los demás sólo lo observaron en silencio y no era para menos: Issac volvió a sonar como la persona que era antes.
— Entonces... espero que se diviertan— dijo el señor Cassell un poco abrumado, había olvidado lo mucho que lo intimidaba su hijo y no quería molestarlo.
Katrina entonces cambió el tema y se puso a hablar del clima. Dylan se quedó mirando un rato a Issac, no le pareció molesto pero como no lo sabía, no se atrevió a decir nada. Después de comer, decidió llevar personalmente la cena de Bryce. Lo encontró en su cama junto a la ventana. Puso todo sobre una mesa pequeña y se disponía a retirarse cuando Bryce le habló.
— Te ves pensativo— le dijo—, ¿Estás pensando en algo interesante?
Dylan simplemente negó con la cabeza.
— No sé qué te preocupa pero no deberías pensarlo tanto— le dijo Bryce—. Llevo años en esta casa y no te lo recomiendo. Lo mejor es simplemente apagar tu cerebro. Las cosas son mejor así.
— ¿Apagar mi cerebro?— dijo Dylan confundido.
— Sé que odias todo aquí pero es mejor si tratas de no pensar en ello.
— No... no odio nada— dijo Dylan con timidez.
Bryce se levantó y se acercó a él. Lo observó fijamente. Ese gesto hizo que la cara de Dylan se ruborizara.
— ¿No odias esta casa?— le preguntó.
Dylan negó con la cabeza.
— ¿Qué hay de mi familia? ¿Mis padres te agradan? Porque mamá es muy controladora y papá debió tratarte mal algunas veces, ¿No los odias?
— No— dijo Dylan.
— ¿Matty te agrada?
— Es mi amigo— dijo Dylan desviando la mirada al suelo.
— ¿Yo te agrado?
Dylan asintió con la cabeza. Todo eso le pareció muy interesante a Bryce.
— ¿Qué pasa entonces con Issac?— preguntó—, ¿Él te agrada?
Dylan se sintió muy nervioso por esa pregunta pero después de unos segundos de pensarlo, respondió.
— Es mi esposo— dijo.
— No te pregunté si es tu esposo— le dijo Bryce—. Pregunté si él te agrada.
Dylan no supo cómo responder porque no sabía cómo se sentía.
— No tienes que mentir conmigo— le dijo Bryce—. A pesar de que nuestra relación ha mejorado un poco, jamás le diría a Issac algo que me contaras. Sé cómo es él. Lo conozco. Ha cambiado un poco y creo que es para mejor pero también estoy alerta. Si pasa algo que me haga pensar que sigue siendo el de antes, me alejaré de inmediato. Así que no te preocupes. Tus secretos están a salvo conmigo.
Dylan lo observó y se alegró de saber que podía confiar en él pero no sabía qué debía decir.
— No... no lo sé— dijo Dylan muy angustiado mientras miraba el suelo y frotaba sus manos—. Él... me asustaba mucho hace unos días. Pero ahora... todo es diferente.
— Sí, él está muy deprimido— dijo Bryce.
— ¿Lo está?— dijo Dylan sorprendido.
— No quiere comer y sólo duerme— dijo Bryce—. Cuando dice cosas, todas son muy desalentadoras. Es comprensible porque acaba de darse cuenta de lo falsa que fue toda su vida y de que nadie lo quiere, pero no te preocupes, irá a la feria y seguramente la distracción le ayudará un poco.
— Él... quiere que yo vaya— dijo Dylan.
— ¿En serio?— dijo Bryce—, descuida, le diré que no quieres...
— Sí quiero— admitió Dylan.
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El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
