Entraron al lugar. Katrina realmente no necesitaba nada, sólo iba a comprar cosas para despejar su mente. Se había sentido muy tensa por esos días y tuvo ganas de cambiar de ambiente. Al principio no se sentía muy cómoda con Ken detrás de ella pero después de un rato ese malestar se fue cuando descubrió que Ken no la ignoraba. Su anterior chofer se dedicaba a simplemente ir con ella para ayudarla a cargar cosas pero no le interesaba nada de lo que hacía. Sin embargo Ken incluso le comentaba su opinión acerca de los productos. Hablar con él así la ayudó a sentirse en confianza.
Se fue a un lugar que tenía algunos frutos cuando notó que un joven tomó algo que parecía una naranja y la arrojó con tal puntería que golpeó la cabeza de alguien que estaba ahí. Ella reconoció el cabello platinado de Dylan y no dudó en correr hasta él. Ken también presenció todo esto y la siguió.
El joven, al darse cuenta que lo vieron arrojar aquello, salió corriendo. Katrina se acercó a Dylan y le preguntó si se encontraba bien. Él le dijo que sí con la cabeza pero era más que obvio que no lo estaba porque parecía estar aguantando sus ganas de llorar. Eso enfureció demasiado a Katrina.
— Tiene suerte de haber huido— dijo ella dirigiéndose al chico de la naranja—, de otro modo se habría ganado una demanda.
— ¿Se puede hacer eso?— dijo Ken mientras miraba a Dylan.
— Tenemos buenos abogados— dijo ella mientras tomaba a Dylan del brazo—, pero por ahora hay que irnos de aquí. La gente nos está mirando.
Ella condujo a Dylan fuera de esa área mientras Ken los seguía. Entendía que lo atacaron porque la gente no perdonaba que el chico hubiera tratado de escapar. Aunque nunca pensó que pudieran atacar al chico así.
Llegaron a donde Ken dejó el auto.
— Sube— le dijo Katrina.
Pero Dylan negó con la cabeza.
— ¿Por qué no?— le dijo ella—, te llevaremos a casa.
Dylan tenía una cara muy preocupada. Se veía muy miserable, probablemente seguía soportando sus ganas de llorar. Aún así habló aunque su voz se escuchó muy débilmente.
— Debo llevar cosas— dijo—. Para papá.
— ¿Viniste de compras?— le dijo Ken.
Dylan asintió.
— ¿Alguna vez habías ido de compras tú solo?— le preguntó Ken.
— Por supuesto que no— dijo Katrina—. Él es un Cassell, nosotros no vamos de compras solos.
— Pero lo enviaron de compras— dijo Ken.
— No compré nada— dijo Dylan en un hilito de voz.
— Si vuelves ahí podrían herirte de nuevo— dijo Katrina mientras lo tomaba de los hombros para verlo mejor.
— Yo iré a comprar las cosas que necesitas— le dijo Ken.
Dylan no quería pero lo aceptó cuando vio que Katrina no lo dejaría ir. Le dijo lo que debía traer y Ken se fue rápidamente. Mientras tanto Katrina lo hizo subir al auto. Entró también y cerró la puerta.
— No te preocupes, todo estará bien— le dijo.
Pero Dylan sabía que así no serían las cosas. Nadie ahí lo quería. Durante toda su vida se había sentido muy despreciado pero sabía que era por miedo, no por odio.
— Encontraremos un modo de que situaciones como estas no se repitan— le dijo ella de buen humor—, no te preocupes.
Dylan se sintió bien al verla a ella parecer feliz. Entonces se acordó de Issac.
— Él... ¿Él está bien?— preguntó con timidez.
— ¿Él?— dijo Katrina confundida.
— Issac— dijo Dylan.
— Ah, él— dijo ella—. Parece que sí. Es decir, físicamente se encuentra bien.
Dylan se sintió más aliviado al saber eso. Recordaba lo mal que se veía la última vez que lo vio.
— Pareces cansado— le dijo ella a Dylan—, ¿Ha estado todo bien?
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El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
