El señor Cassell se limpió las lágrimas con las manos y volvió a desviar la mirada.
— Yo no era un buen hijo— agregó él, tratando de controlar su llanto—, así que me lo merecía.
— ¿Por qué te golpeaba el abuelo?— le preguntó Bryce, aún sin poder creerlo.
— Yo no hacía lo que él quería— le dijo su padre—, así que era normal que...
— Nunca te he visto sin camisa antes— le dijo Issac—, incluso cuando sales del baño, siempre estás muy cubierto...
El señor Cassell volvió a tomar un poco de nieve entre sus manos. Luego la soltó.
— Mi cuerpo es muy asqueroso— admitió él—, si vieran todas mis cicatrices, vomitarían...
— Muéstrame— le dijo Bryce.
Él no quería pero al ver el semblante serio de Bryce, accedió. Se quitó el abrigó y luego las demás prendas. Se quedó sólo con una camisa blanca y dudó en quitársela pero lo hizo al final. Issac casi suelta un grito al ver el torso desnudo de su padre. Tenía cicatrices muy profundas, incluso estaban abultadas por lo mal que sanaron. Todo su torso estaba repleto de ellas. Incluso tenía piel quemada.
— Les dije que es asqueroso— dijo él mientras veía la expresión aterrada de su hijos.
— ¿Cómo?— dijo Issac sin poder creerlo—, ¿Cómo es que...
— Tu abuelo tenía un látigo— le dijo él, como si fuera algo normal—. Y yo me equivocaba tanto que las heridas no tenían tiempo para curarse.
— ¿Cómo ocurrió esa?— le preguntó Bryce mientras señalaba una grande en el abdomen de su padre.
— ¿Ésta?— dijo él mientras la miraba—, fue de cuando estaba aprendiendo a multiplicar. No pude aprender en el plazo de tiempo que me dio mi padre, así que él me golpeó con una rama.
— ¿Qué edad tenías?— le preguntó Bryce.
— Como ocho años— le dijo su padre—. La herida tardó en sanar porque se abrió un par de veces.
— ¿Le contaste a alguien?— le preguntó Issac.
— ¿A quién debía decirle?— dijo él.
— A la abuela— le dijo Bryce.
— Ella también me golpeaba— dijo él, señaló una cicatriz cerca de su clavícula—. Ésta la hizo ella con uno de sus zapatos. Tenía el tacón muy fino.
Bryce y Issac intercambiaron miradas. No podían creer lo que escuchaban.
— ¿No podías contarle a alguien más?— dijo Issac—, quizá alguien de la escuela...
— Fui educado en casa— le dijo su padre—. No había nadie más. Mis tutores venían a la mansión pero mis padres siempre estaban presentes. No hubiera tenido oportunidad aún de querer decirlo. ¿Ya puedo ponerme mi ropa? Hace frío.
Issac asintió y su padre se puso toda su ropa de inmediato.
— Nunca me golpeaste— le dijo Issac.
— Nunca hacías las cosas mal— le dijo su padre—. Tampoco Matty.
— Sólo me golpeaste cuando te dije que incendié ese salón y cuando me descubrieron teniendo sexo en la escuela con otro hombre— le dijo Bryce—, pero nunca me golpeaste más.
— No creí que fuera necesario— dijo él—. Sólo se golpea cuando es necesario...
— ¿Crees que era necesario que te golpearan con una rama porque no aprendías a multiplicar?— le preguntó Bryce.
El señor Cassell no supo qué decir.
— Tal vez— dijo él confundido—. Nunca pensé en si estaba bien o mal.
— ¿Por qué no?— le preguntó Issac.
— No lo sé— admitió su padre—. Eso fue todo lo que conocí, desde que tengo memoria, los golpes eran parte de mi vida, así que no me parecía algo raro.
— Pero aún así no nos educaste así— le dijo Issac.
— Ustedes son muy listos— le dijo él—. Aprendían todo cuando debían y hacían todo bien... siempre me alegré de tener hijos tan inteligentes. Era un alivio que no se parecieran a mí... se parecen a su madre. Por suerte no heredaron mi estupidez.
Él sonrió mientras dijo todo eso. Bryce se levantó de la roca y se sentó a su lado, en el suelo.
Su padre sólo lo miró sin entender qué pasaba.
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El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
