Bryce se quedó en silencio unos segundos. Dylan se sintió muy nervioso, creía haber sido muy inapropiado y estaba por disculparse cuando Bryce habló.
— No soy yo— dijo con tranquilidad—. Son ellos.
Después fumó un poco. Soltó el humo y llegó hasta Dylan.
— ¿Por qué son malos contigo?— preguntó.
— Porque pueden— dijo Bryce sin inmutarse.
— No parece justo.
— La vida no es justa. Si lo fuera tú no tendrías que casarte con alguien que te asusta.
— ¿Qué?— dijo Dylan sorprendido.
— Issac te asusta, ¿No?
Se miraron. Dylan no podía negarlo. No pensó que alguien se daría cuenta de lo que sentía en realidad. Sabía que Ken tenía idea de que él no quería casarse pero se sentía a salvo de que no supiera por qué. Sin embargo Bryce lo sabía. De alguna forma lo descubrió, como si leyera su mente. Esto alteró mucho a Dylan. No quería tener miedo pero había escuchado cosas sobre Issac y no podía evitarlo.
Bryce se dio cuenta al ver la carita tan consternada del joven.
— Es estricto y controlador— dijo Bryce en el mismo tono solemne de siempre—. Pero no creo que lo sea contigo.
Dylan lo observó sintiéndose muy mal.
— ¿A ti... también te da miedo?— preguntó con temor.
Bryce lo observó. Sonrió irónicamente.
— No me da miedo— dijo—. Me da lástima.
Después se levantó y caminó hacia un árbol que estaba cerca.
Dylan lo siguió.
— Si quieres que te ayude, estás con la persona equivocada— le dijo Bryce sin detenerse o mirarlo—. No puedo liberarte. Aún si quisiera.
— Lo sé— dijo Dylan con pesar.
En la calle hasta el otro extremo, el auto de Issac se aproximaba. Él se acercó a la ventanilla cuando visualizó la mansión de su familia. Se sintió bastante bien al saber que por fin estaba en casa. Entonces mientras pasaban lentamente por ahí, le pareció ver alguien cuya silueta distinguió porque era inconfundible: Bryce. Pidió que detuvieran el auto.
Bryce no solía sentirse mal por nadie. Usualmente odiaba a todo el mundo y les deseaba lo peor pero no pudo evitar sentir demasiada lástima por Dylan. Así que se detuvo y se acercó a él. Tiró su cigarrillo al suelo y lo pisó. Después estiró su brazo y acarició el cabello de Dylan. Era más pequeño que él así que no fue difícil. Luego de unos segundos retiró su brazo. Dylan lo observaba con las mejillas rosadas. No entendía por qué Bryce hacia eso pero no le desagradaba.
— Trata de no estar triste todo el tiempo— le dijo Bryce—. No te queda. Te ves mejor sonriendo.
Entonces se le ocurrió mirar a su alrededor. Un auto se había estacionado en la calle. No sabía de quién era pero no iba a descubrirlo.
— Regresa a la casa— le dijo a Dylan y después avanzó un poco.
Se detuvo. Se giró para ver a Dylan.
— Manzana— le dijo—. Es mi tarta favorita.
—Lo sé— admitió Dylan con pena.
A Bryce no le sorprendió escuchar eso. Después de todo Dylan pasaba mucho tiempo en su casa y aunque no solía estar por ahí siempre, sí coincidió con él muchas veces. Tal vez por eso no quería que sufriera. Era un buen chico. Como no quería seguir sintiendo lástima por él mejor se fue.
Dylan se quedó mirándolo irse. No entendía qué había sido eso, de hecho aún estaba procesando toda esa conversación porque jamás antes intercambiaron tantas palabras. Sin embargo que le hablara lo puso feliz. Tanto que estaba decidido a hacerle una tarta como agradecimiento por tratar de animarlo. Sabía que Bryce no iba por ahí diciéndole cosas a las personas así que significaba que quizá no lo odiaba a él. Y Dylan había sido educado desde niño para querer agradarle a la gente. Para obtener la aceptación de todos. Saber que no le desagradaba a Bryce lo puso de verdad feliz.
Issac bajó del auto. Cuando lo hizo vio que aquella persona de cabello largo y oscuro se alejaba seguida de cerca por otra. Definitivamente era Bryce. Aún cuando todo estaba repleto de nieve, se internó en el lugar para ir hacia el invernadero rápidamente.
Se sentía muy molesto, no podía creer que Bryce estaba en la mansión aún cuando él ya había dejado en claro muchas veces que lo detestaba y no lo quería en su casa. Caminó firme impulsado por la ira. La persona con la que habló Bryce también se alejaba. Él la siguió.
Dylan decidió detenerse en el jardín cuando vio que una flor de una enredadera sobrevivió a la tormenta. Pensó entonces en cortarla y ponerla en algún florero de la casa. Se acercó para tratar de cortarla sin embargo se encontraba bastante alta y aunque se estiró no pudo alcanzarla.
Issac, totalmente molesto, llegó al jardín muy decidido en ir a buscar a Bryce y echarlo de la casa cuando repentinamente se encontró con una persona que se estiraba por alcanzar algo de un arbusto. Al principio le pareció que era un niño usando un gorro blanco. Pero mientras se acercaba descubrió que no era un gorro. Era cabello. Aquella persona tenía el cabello platinado. Se acercó más. Vio unos pequeños dedos sobresalir de la manga del abrigo que se esforzaban por tomar un pequeña flor. Aquella persona era pequeña. Cuando estuvo justo detrás de esa persona, estiró su brazo y cortó esa flor.
Dylan vio una mano sobre su cabeza que tomó la flor muy fácilmente. Se la ofreció y él la tomó sin dudarlo. En esa casa trabajaban muchas personas y si él necesitaba ayuda siempre lo ayudaban. Creyó que era alguien del servicio. Se giró para agradecerle.
— Gracias— dijo y miró a la persona que estaba a su lado. Entonces descubrió quién era y sintió un nudo en la garganta y un vacío en su corazón.
Aquella persona le quitó la flor de las manos a Issac y se giró para agradecerle. Entonces él lo vio. Al principio pensó que era una mujer. Tenía el cabello largo hasta los hombros pero no era como el cabello ondulado de Bryce, el de esa persona era muy fino y lacio. Además sus ojos tenían pestañas muy largas y curvas. Parecía una chica. Pero él sentía que ese cabello ya lo conocía... y casi se va de espaldas cuando descubrió que así era. Ese debía ser Dylan. Porque sólo él y Becca, madre del chico, tenían el cabello platinado en todo el pueblo. Tenía que ser él. No podía creerlo. En su mente él seguía siendo un niño y nunca se lo imaginó de otro modo. Aunque seguía viéndose joven, ya no era un niño definitivamente. Fue tanto el asombro que por unos segundos sólo se quedó mirándolo paralizado.
Dylan observó a esa persona. Era un hombre alto de complexión atlética y cabello castaño perfectamente peinado. Usaba un abrigo elegante. Sus facciones eran masculinas y definidas, se veía bastante serio y Dylan no supo qué hacer más que verlo. No sentía miedo, sólo confusión. No podía creer que él estaba ahí.
Issac no podía creer que esa persona de aspecto tan delicado y frágil fuera Dylan. Definitivamente así era pero le parecía una alucinación. Demasiado irreal como para existir. Por un momento esa persona le pareció un ser mágico. Sin embargo le había recibido la flor y no sólo eso, le habló para agradecerle. No se sintió decepcionado al saber que esa persona sería su esposo. Físicamente le parecía ideal. Nadie podría decir que ese niño de cabello platinado no era atractivo. Tenía una cara bonita. Incluso que tuviera el cabello un poco largo le quedaba. Notó que aunque tenía un abrigo no usaba guantes o gorro. Seguramente tenía frío. Además no había nadie a su lado. Eso le molestó un poco pero no dijo nada. Iba a decirle que entraran a la casa cuando de repente se escucharon unos pasos. Era Ken. Se acercó rápidamente y vio a Dylan con otra persona que reconoció de inmediato porque Isacc solía pedirle informes semanales sobre el estado de Dylan. Se quedó mirándolo unos segundos.
— Señor Collins— dijo Issac en tono serio—, por fin aparece.
— ¿Señor?— dijo Ken un tanto angustiado.
— Su deber es quedarse a su lado— le dijo, no sonaba molesto pero Ken sentía que sí lo estaba—. No debe dejarlo solo en ningún momento, mucho menos si hay nieve y no está vestido apropiadamente.
— Perdone señor— dijo Ken nervioso—. Sólo fueron unos minutos.
— Hace frío, vayamos adentro— le dijo Issac a Dylan.
Entonces le ofreció su mano. Dylan lo observó. Aún no entendía todo lo que pasaba. Parecía un sueño. Dudó en tomar su mano pero lo hizo lentamente.
Issac tenía guantes. Tomó la mano de Dylan y la apretó con suavidad. Después se dirigió hacia adentro.
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El libro de los amores imposibles
Novela JuvenilSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
