54. Copa

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Issac no solía tomar decisiones importantes si había bebido pero decidió hacer una excepción: Ken dejaría de ser el guardaespaldas de Dylan una vez que se casaran. Ya no lo quería cerca. Sentía demasiados celos de la relación que tenían ellos dos. Odiaba sentirse así. Entró a la cocina. Dylan y Ken lo observaron después de separarse apresuradamente al notar su presencia.

— Señor— le dijo Ken un poco nervioso.
— Has hecho un buen trabajo hoy— le dijo Issac fingiendo que todo estaba bien—. Ya puedes irte. Dylan y yo pasaremos el resto de la velada juntos, luego él se irá a casa con sus padres.

Ken miró instintivamente a Dylan. Se veía aún desorientado y angustiado. No quería tener que dejarlo pero no podía hacer nada al respecto. Suspiró lentamente para que no se dieran cuenta.

— Entonces les deseo que tengan una buena noche— dijo Ken y se dirigió a la puerta.

Issac lo vio salir. Luego se giró para ver a Dylan. El chico estaba recargado en una mesa. Sus mejillas se veían rosadas y miraba el suelo. Se acercó a él.

— Regresemos a la fiesta— le dijo Issac.

Dylan simplemente asintió. No quería tener que irse a ningún sitio, quería poder ir con Ken. No entendía por qué tuvo que irse. Lo quería cerca. Sobre todo porque se sentía muy confundido. Issac se acercó a él y le ofreció su brazo. Dylan lo observó por unos segundos. Luego tomó su mano con suavidad.
Issac miró complacido cómo los dedos de Dylan tocaban los suyos. Sujetó firmemente su mano y luego caminó con él así por el pasillo. Regresaron al salón bien iluminado y lleno de gente. Los demás los miraron. Parecían felices por él y Issac pensó en lo mucho que podría acostumbrarse a eso. Imaginó que en el futuro iría a muchas fiestas y definitivamente llevaría a Dylan a esos sitios. La música era suave y habían varias personas en el centro del salón. Sintió ganas de poder bailar con Dylan. Según los reportes de su madre, el joven había tomado lecciones de baile y debía poder hacerlo bien. Se sintió tentado a descubrir qué tan bien lo hacía.

Miró a Dylan. Él chico estaba atento mirando otra parte.

— Dylan— le dijo tratando de ser amable—, ¿Quieres bailar conmigo?

Pero Dylan no escuchó lo que le dijo. Sólo se dedicó a mirar la puerta de la salida. Deseaba poder salir por ahí. Se sentía muy confundido pero ya no tanto como cuando estuvo en la terraza. De repente muchas cosas comenzaban a tener sentido.

— ¿Dylan?— dijo Issac.

El muchacho seguía perdido en su mente. Eso comenzó a impacientar a Issac. Apretó con fuerza la mano de Dylan. Él reaccionó a la presión y se giró instintivamente. Miró a Issac. Parecía muy serio.

— Disculpa— le dijo Dylan apenado y volcó su mirada al suelo.
— No te distraigas— le dijo Issac tratando de fingir que no estaba molesto—. Esto es importante.
— Lo siento— dijo Dylan con nerviosismo.
— No importa. Vamos a bailar así que sígueme.

Dylan lo miró sorprendido. Él no quería tener que bailar. No creyó que haría algo así esa noche. Miró a su alrededor y vio a todas esas personas. Sintió demasiado miedo.

— Ven, vamos— le dijo Issac y se dispuso a caminar pero Dylan no se movió.
— Yo... no quiero tener que hacerlo— admitió con mucho miedo y nervios—. Estoy cansado.

Issac lo observó. Se acercó un poco.

— Nos están mirando— le dijo fingiendo que se encontraba de buen humor—. Debemos hacerlo.
— Pero...
— No te pregunté si querías— lo presionó Issac—. Debes hacerlo.

Entonces la canción que inundaba el ambiente terminó y todos aplaudieron. Las parejas que estaban en el centro se retiraron un poco. Dylan sólo pudo mirar a Issac con miedo sin saber qué decir o hacer.
En ese momento Katrina se acercó.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora