76. Boda

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La boda sería al medio día y la recepción empezaría después de que terminara la ceremonia de matrimonio. Se casarían de manera legal y por la iglesia. Por eso Katrina estuvo en la iglesia una hora antes para decirle al personal cómo debían acomodar las decoraciones. Quería que todo resultara perfecto para las fotografías. Le dijo a Issac que fuera con ella pero él se negó. En su lugar fue Matty. Issac decidió quedarse en su casa a descansar.

— ¿Por qué no vas a tu habitación?— le preguntó Bryce a Issac, que se encontraba en la cama usando un elegante traje negro.
— Si quieres estar solo puedes ir ahí— le dijo Issac—. Te ayudaré a llevar tu caballete. Sólo... déjame quedarme aquí.
— No me estaba quejando— le dijo Bryce—. No puedo, tú eres el señor de esta casa. Si quieres puedes echarme.
— Ya traté una vez y los demás lo impidieron.
— ¿Aún quieres que me vaya?
— No. Pero tampoco me gusta que Matty y tú no puedan verse— dijo Issac mientras levantaba su brazo y miraba la piel cicatrizando de su herida—. No es justo.
— Si lo veo podría lastimarlo— dijo Bryce mientras pintaba sobre un lienzo.
— En la fiesta de compromiso estuvieron en el mismo lugar y todo salió bien— dijo Issac.
— No es cierto— le dijo Bryce—. Sé que pasó algo entre nosotros pero no lo recuerdo.
— Ahora que lo mencionas, Matty quería que te fueras— dijo Issac pensativo—. Es raro porque él fue la razón principal por la que dejé que te quedaras. Como compensación por golpearlo.
— ¿Te contó por qué?— dijo Bryce con interés.
— No, ¿Tú no lo recuerdas?
— Bebí mucho esa noche para estar lo suficientemente mareado para no asustarme al verlo— admitió Bryce.
— No parece una buena idea— dijo Issac.
— Lo hice por ti. Para no dejarte ganar. No funcionó. Ganaste, como siempre.
— No me siento como un ganador— dijo Issac—. Me siento muy miserable.
— Se ve.
— ¿Qué?— dijo Issac mientras se levantaba rápidamente—, ¿Me veo mal?
— Se nota que no has dormido bien y que odias todo esto que está pasando— dijo Bryce mientras pintaba lentamente—. Si quieres impresionar a toda esa gente arrogante que invitaste a tu boda, vas a tener que fingir estar feliz de verdad.
— Eso no es complicado, llevo toda mi vida fingiendo que me agrada lo que soy.
— Siento que vas a tener que fingir más. En serio te ves miserable.

Issac se sintió un poco ofendido por eso y se acercó a Bryce. Entonces vio lo que pintaba. Se quedó paralizado unos segundos mientras sus ojos se llenaban de los colores vibrantes que veía en el lienzo.

— No acepto críticas— le dijo Bryce.
— Nadie podría criticar esto— le dijo Issac—. Es estupendo... ¿De dónde te estás basando para pintar esto? ¿Es una foto?
— No— dijo Bryce—. Es un recuerdo. Uno que hacía mucho que quería pintar pero no podía.
— ¿Por qué?— dijo Issac mientras miraba la imagen de Matty hecha de pintura.
— No sabía de qué color son los ojos de Matty— dijo Bryce—. Hace años lo vi así en el jardín, cuando era niño. Mamá estaba acomodando el jardín y habían muchas plantas. Me pareció algo digno de pintar... pero como no vi sus ojos, no tenía todo el retrato completo en mi mente.
— ¿Te dio miedo mirarlo?
— No lo sé— dijo Bryce—. Simplemente no lo miré.
— Pero ahora ya pudiste pintar su retrato. Con varios años de retraso pero lo hiciste.
— Tengo una fotografía de Matty— dijo Bryce—. Sus ojos se ven con claridad. Pude recrear el color.
— A Matty le va a gustar esto— dijo Issac.
— Eso espero— dijo Bryce—, a ti te gustó tu retrato, es justo que él tenga uno también.
— ¿Me has pintado a mí?

Bryce sólo lo observó. Entonces Issac se dio cuenta.

— ¡No puede ser, tú hiciste la pintura de la chimenea!— dijo exaltado.
— Mamá me lo pidió. Y fue una buena manera de vengarme de ti por todas esas veces en las que decías que soy un inútil.
— Sí eres un poco inútil. Pero al menos tienes un talento.
— Esto no es talento. Sólo es... mucha práctica. Tengo mucho tiempo libre.
— Se ve muy realista, es talento definitivamente. Apuesto a que te iría muy bien en una escuela de arte— le dijo Issac—. Tengo contactos en casi todas las universidades de este país por si lo necesitas.
— Sí, se nota que eres asquerosamente rico. Pero no estoy buscando estudiar arte.
— Podrías. Al menos piénsalo.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora