Sebastian no podía creer todo lo que escuchaba. De no ser por el semblante serio de Marie y porque todos en la cocina parecían lamentarse mientras ella repasaba la historia del pueblo, no lo habría creído.
— Pero debe haber una forma de revertirlo, ¿No?— dijo él tratando de asimilar todo—, si una bruja lo hizo, otra bruja puede quitarlo, ¿Cierto?
— No hay brujas aquí— dijo Sarah mientras amasaba una gran bola de masa—. Nuestros antepasados las quemaron a todas.
— Debieron obligarlas a que destruyeran la maldición antes de hacer eso— dijo Sebastian.
— La gran mayoría de personas que fueron acusadas de brujería, no lo eran— dijo Sarah—. Y aún de haberlo sido, no creo que hubieran sido tan poderosas como Cristabella. Cuenta la historia que la razón por la que pudo maldecirnos a todos, fue porque tenía grandes poderes.
— En conclusión— agregó Marie—, estamos perdidos y tenemos que aceptarlo.
— No pueden rendirse— dijo Sebastian mientras cortaba unas manzanas.
— La maldición lleva más de 500 años aquí— dijo Marie—, ya aceptamos que es imposible de quitar.
— Nos hemos adaptado para vivir de este modo— dijo Sarah.
— Pero jamás van a poder abandonar este lugar— le dijo Sebastian.
— Algunos lo hacen— dijo Marie—, no van muy lejos pero pueden salir. Después de todo, la maldición no suele afectar a las personas tan regularmente. Quizá la boda del señor Issac con Dylan parece muy reciente, pero ellos salieron en el libro hace diez años.
— No puedo entenderlo— dijo Sebastian—, el señor Issac y Dylan parecen llevarse muy bien ahora...
— Me imagino que puedes elegir cómo manejar la maldición— dijo Sarah—. Esperemos que los nuevos maldecidos sepan qué hacer. Es más fácil aceptarlo que buscar un medio de deshacer esto. Es imposible.
— Nadie podrá quitar la maldición nunca— dijo Marie—, aunque me gustaría que existiera alguna persona.
Dylan estaba en eso aunque nadie lo sabía. Después de salir de la reunión caótica y muy improvisada que tuvieron los Cassell, el muchacho fue a la cocina a dar órdenes para la comida y después se dirigió al salón principal, donde muchas personas preparaban el lugar para la llegada de la gente del pueblo.
— Necesitaremos más mesas— dijo, llamó la atención de un hombre ahí—, hay mesas y sillas desmontables en uno de los edificios cercanos a la mansión. Instalen todo en ese sitio.
Señaló. El hombre asintió y se fue junto con otros por las mesas. Dylan comprendió que la razón por la que su ceremonia con Issac funcionó tan bien, fue porque Katrina ya tenía todo preparado con antelación. Esperó que aún al ser improvisado, todo saliera bien.
Después de supervisar algunas otras cosas, sus padres llegaron. Entraron al salón.
— ¿Estás bien?— le preguntó Becca preocupada.
— Debo estarlo— dijo Dylan—, nadie más ahora parece tener ganas de hacer algo.
— Esto fue muy repentino— dijo Simon—, también terrible. Ellos son hermanos.
— No comparten sangre— dijo Becca.
— Se criaron juntos como hermanos— dijo Simon—, es horrible.
— No en realidad— dijo Dylan—. Ellos no crecieron juntos.
Mientras recorría el salón y daba órdenes, le contó a sus padres los problemas que habían entre Bryce y Matty. Ellos no podían creerlo.
— En el pueblo siempre hubo el rumor de que Bryce Cassell era raro pero nadie sabía por qué— dijo Simon—, si ellos hubieran dicho que no quedó bien mentalmente luego del accidente, nadie habría hablado mal de él.
— Sus padres debieron decirlo— dijo Becca—. Aunque me imagino que preferían que pensaran que su hijo era excéntrico en lugar a que todos hablaran sobre sus problemas mentales.
— Bryce está mejor afortunadamente— dijo Dylan—, pero aún no...
Entonces Dylan tuvo una idea que no se le había ocurrido antes. Ya una vez pudo curar a Issac y fue muy efectivo. Si el malestar de Bryce se debía a alguna lesión en la cabeza, él podría curarla.
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El libro de los amores imposibles
FantastiqueSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
