116. Cita

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Los días pasaron y Dylan recuperó su salud. Se veía mejor y eso tenía más tranquila a Marie. Ella solía pasarle informes a Issac al respecto, eran breves pero los enviaba sin falta al correo electrónico que le brindaron. También mantenía contacto con Ken porque sabía que él se preocupaba mucho por el muchacho. Ella misma se angustiaba por él cuando lo veía pensativo. Le había tomado cariño en tan poco tiempo y le sorprendía mucho. Al mismo tiempo sentía que tenía sentido: Dylan era muy amable y considerado, no podía ser de otra forma.

Ambos habían establecido una especie de rutina a la que se adaptaron muy rápido. Se ayudaban con los deberes de la casa, iban de compras y siempre comían juntos. El departamento era grande y estaba muy vacío pero de vez en cuando llevaban cosas nuevas para hacerlo más acogedor. Dylan había admitido que los muñecos de felpa le gustaban y aunque esperaba que Marie lo juzgara, ella no lo hizo. Incluso le aconsejó comprarse uno. Dylan no quería gastar así el dinero porque parecía que eso no era algo necesario pero ella lo ánimo a hacerlo. Gracias a esa motivación, Dylan consiguió un oso que acomodó en la esquina de su cama. No era muy grande pero verlo ahí lo ponía feliz. Ambos se habían acostumbrado a verse pero también de algún modo se acostumbraron a ver a Sebastian. Él solía ir al departamento a verlos de vez en cuando para ir a cenar. No siempre podía porque Issac solía necesitarlo, sin embargo cuando podía hacerse un tiempo, era el primer lugar que visitaba. Entre los tres tenían una lista de lugares para comer que querían visitar, casi todos eran elegidos por Marie pero a Dylan y a Sebastian no les molestaba.

Una de esas tardes en donde Sebastian tuvo la noche libre y fue por ellos, eligieron un restaurante oriental para cenar. Tuvieron que hacer fila porque no tenían reservación pero una vez que estuvieron dentro, se maravillaron por todo lo que vieron. Comieron animadamente mientras Sebastian les contaba de lo recuperada que se veía su madre según las fotos que le enviaba la enfermera que la cuidaba. A Dylan le agradaba escuchar que la madre de Sebastian estaba mucho mejor. A Marie también aunque era reacia a admitir sus sentimientos así que los expresaba brevemente. Antes de pedir la cuenta, Dylan fue al baño. Cuando salía, vio de lejos a Marie y a Sebastian. Los dos estaban muy juntos mientras él decía algo. Debió ser gracioso porque ella empezó a reírse. Fue ahí cuando Dylan pensó en la buena pareja que eran ellos dos. Hasta le pareció tonto no haberlo pensado antes. De algún modo entendía que era porque estuvo bastante tiempo sintiéndose mal porque la separación con Issac le dolió mucho. Dejó de pensar en eso gracias a Marie y Sebastian, pero aún no sabía cómo sentirse por todo eso. Había decidido mejor no pensarlo. Así que mejor se enfocó en sus dos amigos y en lo bien que parecían llevarse.

Pagaron la cuenta (Marie insistió en hacerlo con la tarjeta de Issac, como venganza por serle infiel a Dylan aunque nunca le dijo a él lo que sabía) y después fueron al auto.

— Mañana es domingo— dijo Sebastian mientras conducía—, el señor Cassell tiene el día libre hasta la tarde. Irá a una cena con unos ejecutivos de su empresa inmobiliaria. Pero no tiene planes en el día, me dijo que se quedará en casa.
— Podrías aprovechar tu tiempo en hacer algo productivo— le dijo Marie.
— ¿Ustedes harán algo?— preguntó Sebastian.
— Lavaremos ropa— dijo Marie.
— ¿Es todo?— dijo Sebastian decepcionado.
— Es domingo de lavar la ropa— dijo Marie—. Ya está en mi agenda.
— Podrían hacer algo más divertido— dijo Sebastian—. Vayamos al cine.
— ¿Hay alguna película que quieras ver?— le preguntó ella.
— Hay una de terror que se ve interesante— dijo Sebastian.
— A Dylan no le gustan esas películas— dijo Marie.
— Podrían ir ustedes— dijo Dylan.

Marie lo observó con rareza.

— ¿No quieres ir al cine?— le preguntó sorprendida.
— Pueden ir esta vez sin mí— dijo Dylan con timidez—. Yo lavaré la ropa.
— No puedo ir sin ti, se supone que debo cuidarte— le dijo Marie.
— Estaré en el departamento— dijo Dylan—. Nada me pasará.
— Eso no lo sabes, hay muchos riesgos que podrías no estar considerando— le dijo ella—, como objetos peligrosos en la cocina, algún incendio, un sismo...
— O podría empezar el apocalipsis— dijo Sebastian—. También es una posibilidad.
— No hagas bromas con eso— le dijo ella.
— Es que estás exagerando mucho— le dijo Sebastian.
— Mi trabajo es protegerlo de cualquier cosa— dijo ella.
— Pero puedo estar solo unas horas— dijo Dylan—. Después de lavar voy a leer. Estaré bien.
— ¿Estás seguro de que no quieres ir?— le preguntó ella.
— Prefiero quedarme en casa— dijo Dylan—. Estaré bien.
— Entonces te traeremos algo cuando volvamos— le dijo Sebastian.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora