75. Planes

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Dylan se pasó toda la tarde en su habitación pensando en muchas cosas pero no llegó a ninguna conclusión. Sin embargo se sentía feliz. Eso era algo que no podía y no quería ocultar. Se sentía contento y sabía que era por Issac. Entendía que no iba a poder verlo ese día pero al día siguiente sí porque se casarían. Simplemente al pensar en eso su corazón latió agitado. Entonces recordó que nunca se midió el traje que le compraron. Decidió ponérselo en ese momento. Se acercó a un espejo que estaba ahí para mirarse. No se sintió particularmente atractivo pero le agradó lo que vio. Sin embargo comenzó a preguntarse si a Issac le gustaría su aspecto. No quería sentirse inseguro pero recordaba lo bien que lucía Issac con cualquier cosa (sobre todo desnudo) y no podía evitar pensar que no era igual a él. Sin embargo se sentía de tan buen humor ese día que decidió desechar esos pensamientos y concentrarse en otras cosas. Se quitó el traje y lo guardó cuidadosamente. Luego limpió su habitación. Estaba en eso cuando su madre apareció. Entró y se sentó en la cama. Le dijo que se sentara a su lado y él lo hizo.

— Creo que debemos hablar— le dijo ella—. Sobre ayer.

Dylan se quedó mirándola sin saber qué decir. No se esperaba que ella quisiera hablar.

— Sé que fue difícil— le dijo—, pero no debes torturarte pensando en ello. Debías hacerlo para salvar a las personas y cumpliste tu deber excelentemente. Nadie lo considera una vergüenza.

Dylan no entendía de qué hablaba ella pero no la interrumpió.

— Creo que es momento de seguir adelante— le dijo ella—. No debes temer. Lo peor ya pasó. Mañana será la boda y... me imagino que Issac decidirá qué pasará luego pero tú debes mantenerte optimista. Sólo no lo molestes.
— Está bien— dijo Dylan.
— Entonces me iré pero... si sientes ganas de hablar de algo que no entendiste sobre ayer, puedes decirme. Aunque yo preferiría que no lo pensaras más. Sólo... ignora todo lo que no comprendas. Es mejor así.

Dicho esto, se levantó de la habitación y salió rápidamente.
Dylan concluyó que efectivamente no podía seguir pensando en lo de ayer sobre todo porque su corazón comenzaba a latir con fuerza. Mejor volvió a limpiar su habitación.

Issac durmió todo el día. Se despertó un par de veces pero sólo se giró para volver a dormirse. En algún momento sintió que ya tenía suficiente. Abrió los ojos y vio que había bastante luz ahí. Se levantó sintiéndose muy mareado. Entonces vio que Bryce estaba ahí junto a un caballete que sostenía un lienzo. Sujetaba una paleta de pinturas en una mano y en la otra tenía un pincel. Dio un par de pinceladas hasta que se dio cuenta de que Issac estaba sentado sobre la cama mirándolo.

— Por fin despiertas— le dijo—. Por un momento creí que estabas muerto.
— Desearía estar muerto— dijo Issac de mala gana.
— Eso no va a pasar, no tienes tanta suerte— le dijo Bryce—. Vas a casarte mañana y nada podrá evitarlo.
— Podría saltar por la ventana— dijo Issac.
— No las de esta habitación— le dijo Bryce—. Están blindadas.

Issac se levantó y caminó a la ventana. Notó que en efecto se encontraban reforzadas.

— ¿Y esto cuándo pasó?— preguntó.
— Una vez casi me caigo por ahí— dijo Bryce mientras retomaba su pintura—. Mamá hizo que acomodaran todo.
— ¿Fue un accidente?— preguntó Issac.

Bryce lo miró. Sus ojos se encontraron. Luego desvió su mirada a la ventana.

— Me gusta creer que fue un accidente— dijo Bryce con melancolía.

Issac caminó nuevamente a la cama. Suspiró un par de veces.

— Necesitas salir de esta casa— le dijo a Bryce—. No te hace ningún bien.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora