Cuando Dylan abrió los ojos estaba en una habitación de paredes blancas. Sus padres estaban ahí. Recordó de golpe lo que pasó. Se levantó con ganas pero la mano de su madre le indicó que debía detenerse.
— No, cariño, no te levantes— le dijo Becca.
— ¿Qué... qué pasó?— dijo Dylan con inquietud.
— Tenías fiebre y te trajimos al hospital— le dijo Simon—. Issac te trajo, de hecho. Incluso contrató una barredora para limpiar las calles de la nieve. Sí que es un hombre poderoso.
— ¿Dónde... dónde está?— dijo Dylan muy confundido.
Becca y Simon sólo lo miraron pero no le dijeron nada por unos segundos.
— Debes tener hambre— le dijo ella—. Aquí hay fruta y...
— ¿Se fue?— dijo Dylan angustiado.
— Tuvo que ir a manejar una situación— le dijo su padre—. Pero estaría aquí si no fuera algo urgente. Parecía muy preocupado por ti.
— Aún cuando sólo tuviste fiebre. Pero descuida, ya estás bien— dijo Becca—. Te pusieron una inyección. Pero debes descansar.
— Sobre todo porque la doctora no está, tuvo que visitar a un paciente— le dijo Simon.
Dylan no se sintió bien. Recordaba lo que habló con Issac y realmente no sabía si todo estaba bien entre ellos.
Se dedicó a comer su fruta brevemente hasta que una mujer apareció. Era la doctora. Parecía apurada y que acababa de llegar. Incluso puso sus cosas en una mesa. Se apresuró a ponerse su bata mientras se acercaba.
— Perdón por la demora— dijo ella—. Pero tuve que quedarme hasta estabilizar a Mathew. Es una fortuna que las calles ya estuvieran libres de nieve porque pude llegar a tiempo, de otro modo se habría desangrado ahí...
— ¿Mathew?— dijo Dylan confundido.
— Él se encuentra bien— dijo la doctora—. Se recuperará en un tiempo. Le hicimos una transfusión y...
— ¿Es Matty?— dijo Dylan angustiado—, ¿Algo le pasó a Matty?
Sus padres sólo desviaron la mirada. La doctora parecía confundida.
— Tuvo un accidente— dijo ella—. Se lastimó un poco pero se encuentra mejor.
— Si Matty está mal debo ir a verlo— dijo Dylan.
— Cariño, no estás en condiciones de ir a ninguna parte— le dijo Becca.
— Además ya es tarde— le dijo Simon.
— Y el menor de los Cassell no despertará hasta mañana— le dijo la doctora—. Pasarás aquí la noche para poder monitorearte mejor. Una enfermera te cuidará. Yo sólo vine por más cosas y a verte porque debo regresar a la mansión roja.
— Entendemos, gracias por la ayuda— le dijo Simon.
La doctora se retiró. Al ser un pueblo pequeño sólo había una doctora para un pequeño hospital. Usualmente no se necesitaba más porque la gran mayoría de personas que llegaban pidiendo ayuda eran víctimas de accidentes domésticos, riñas callejeras o incidentes laborales que no requerían de algún experto. Sin embargo lo que vio la doctora Dune cuando llegó a la mansión de la familia Cassell casi la hace gritar del miedo: el hermano mayor había tratado de asfixiar al pequeño luego de golpearlo. Trató de manejar todo con calma pero la situación la perturbaba un poco. Además aún cuando ella recomendó que debían denunciar al hermano mayor, los Cassell le insistieron mucho en que no debía decir nada sobre lo que vio. Nada debía saberse. Si alguien preguntaba, sea quién sea, Mathew Cassell sufrió un accidente y se encontraba bien. Lo peor de todo fue que quien le pidió que no lo divulgara fue Issac Cassell mientras la miraba fríamente. Terminó su “petición” con un “Gracias por ayudarnos. Espero que siga ayudándonos en el futuro. Es un miembro muy valioso para la comunidad. Espero que siga por aquí mucho tiempo. Pero eso depende de usted”.
Luego se fue y dijo que le pagarían por sus servicios.
La doctora Dune no pudo moverse hasta después de que Issac salió de la habitación. Porque en todo el tiempo que él le habló se quedó paralizada del miedo.
Salió huyendo de ahí totalmente aterrada. Lo peor era que tendría que volver. En el trayecto al hospital pensó en lo que debía hacer. No diría nada y ayudaría amablemente a los Cassell en todo. Creía que si hacía todo bien, ellos no se deshacerían de ella. Porque no era tonta, sabía que bastaba una sola llamada de los Cassell para que la echaran de ahí y no volviera a ejercer nunca.
Cuando vio a Dylan que se veía muy recuperado, sintió pena por él. Se casaría con un hombre absolutamente aterrador. No lo envidiaba en lo absoluto y rezó por no ser ella la próxima víctima de la maldición.
Dylan se sentía muy angustiado por Matty. Era su amigo y quería verlo. Estaba en eso cuando Issac llamó a sus padres. Quería saber sobre la salud de Dylan.
— Él se encuentra bien, lo dijo la doctora— habló Becca aunque se sentía un poco incómoda por hablar con Issac—. Pasará la noche aquí para que puedan monitorearlo.
— De acuerdo— dijo él—. Iré a verlo en la mañana.
Después simplemente terminó la llamada.
Becca miró a Dylan que la observaba expectante.
— Issac vendrá mañana— le dijo ella—. Porque se preocupa por ti.
— Es algo muy considerado de su parte— dijo Simon.
— De verdad te aprecia mucho— le dijo Becca—. Se angustió mucho al verte enfermo. Es un buen chico.
Dylan recordó lo que hablaron. Pensó que tenían razón. Realmente Issac no parecía una mala persona.
— Así que ya no vuelvas a decir que no quieres casarte con él— le dijo Becca.
— No, yo... no diré eso— dijo Dylan.
— Bien. Ahora sólo descansa— le dijo Simon.
Dylan no pudo dormir muy bien porque aquella habitación era totalmente desconocida. Sus padres se quedaron ahí también pero aún así no se sentía cómodo. Se quedó dormido por cansancio en algún momento. Despertó en la mañana porque sus padres hablaban. Se reincorporó lentamente.
— Hola amor— le dijo Becca—, ¿Te sientes bien?
— Muy bien— dijo Dylan.
— Bien, te ayudaré a bañarte y...
— Lo haré yo mismo— dijo Dylan.
Se bañó y se cambió. Sus padres le habían llevado ropa limpia. Cuando sintió que quería irse, le avisaron que Issac llegó. Estaba en el pasillo, tan elegantemente vestido y peinado que parecía modelo de alguna revista. Llevaba un ramo de flores. Vio a Dylan y se acercó.
— ¿Te encuentras mejor?— le preguntó.
Dylan simplemente pudo asentir mientras se sentía muy avergonzado. Issac le ofreció las flores. Dylan las tomó por instinto. Iba a agradecerlas cuando Issac habló.
— Señor y señora Jensen, deberían ir a su casa a descansar— les dijo—. Yo cuidaré de Dylan. Lo llevaré a casa de mis padres. Creo que a Matty le vendría bien verlo.
Ambos no estaban convencidos de eso pero Dylan habló.
— Quiero ir— dijo—. Con Matty.
Becca y Simon aceptaron. No les quedó de otra, Issac se veía tranquilo pero de alguna manera sentían que no lo estaba. Aunque cuando miraba a Dylan o le hablaba se veía menos tenso.
— De acuerdo— dijo Becca con resignación.
Entonces Issac se acercó a Dylan, pasó su brazo por encima de su hombro y lo condujo hasta el final del pasillo. Becca y Simon sólo miraron eso aunque ninguno de los dos sentía que fuera correcto. Ese hombre de apariencia impoluta y perfecta les resultaba hasta cierto grado bastante... aterrador. Como si escondiera algo. Y de no ser por la maldición, ninguno dejaría que su hijo se fuera con él.
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El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
