Una vez que bebió todo el contenido de su vaso, Issac guardó nuevamente la botella. Notó que de donde la sacó habían cosas como condones y lubricantes. Simplemente de verlos se sintió muy mal. Recordaba cuando usaba esas cosas en sus anteriores parejas sexuales. Siempre cuando tenía sexo era porque deseaba de verdad hacerlo, porque se sentía muy atraído por la mujer en cuestión. Usualmente no sentía nada más que excitación. En ese momento sentía que hasta podía ponerse a llorar. Nada de eso era justo, principalmente para Dylan. Sin embargo el muchacho no se encontraba tan angustiado por eso. Quizá era el alcohol pero su corazón latía muy rápidamente. Se sentía tan nervioso que le sudaban las manos. Hacía un poco de frío ahí pero él sentía mucho calor. Era plenamente consciente de lo que haría y al contrario de lo que llevaba sintiendo toda su vida al respecto, no se sentía asustado. No entendía por qué pero repentinamente la posibilidad de ser lastimado o de que las cosas salieran mal no le asustaba. Lo que ocupaba su mente por completo eran los recuerdos de lo que pasó la otra noche en la terraza. Había tratado de no pensar en ello porque no lo entendía pero en ese instante por alguna razón era todo en lo que podía pensar.
— Iré al baño— dijo Issac sintiéndose angustiado y muy nervioso.
Se fue hasta ahí y cerró la puerta. Una vez solo, trató de respirar profundamente un par de veces para ver si la presión en su pecho se iba pero no lo consiguió. Sólo logró sentirse peor e incluso sus ojos se llenaron de lágrimas. De verdad odiaba que su vida fuera eso. Deseaba internamente que algo pasara, cualquier cosa que impidiera que tuviera que tocar a Dylan. Pero recordaba todas esas veces en la que le rezó a dios para que le quitara la maldición y nunca fue escuchado. Era una de las razones por las que no era una persona religiosa. Si dios nunca se compadeció de él, era porque no existía. Y si era real, no debía estar de su parte. Tampoco de la de Dylan. Le pareció increíble cómo dios no podía ayudar siquiera a Dylan, una persona pura e inocente que no se merecía nada de lo que le pasaba. Dios debía ser demasiado cruel como para ignorar el dolor de un chico así.
Después de suspirar un par de veces para dispersar su dolor, buscó su cepillo de dientes y se lavó exhaustivamente. Después salió de ahí sintiéndose un poco más repuesto. Dylan seguía en donde lo dejó, tan perdido en su mente como siempre. Trató de ignorarlo para evitar sentirse peor así que pasó a su lado hacia la cama. En ese momento Dylan pudo salir de sus pensamientos y se concentró en su realidad. Su mente conectó lo que pasaba y recordó su entrenamiento. Junto a Katrina muchas veces hablaron sobre lo que haría esa noche. Sabía qué debía pasar e incluso lo había hecho memorizar una lista de instruciones. Dylan la recordaba con mucha lucidez así que era momento de ejecutarla. Se acercó rápidamente al baño y cerró la puerta. Issac lo observó irse pero no lo detuvo. No creyó que se metió ahí para evadir su destino. Creyó que quizá al igual que él, lo que necesitaba era un momento a solas para ordenar sus ideas.
Pero realmente lo que haría Dylan sería prepararse. Dentro del baño encontró las cosas que Katrina le había dicho que se encontrarían a su disposición por si las necesitaba. Se quitó la ropa y se puso una bata de seda de color blanco que se encontraba ahí. Luego tomó una botella pequeña de lubricante. Le temblaban las manos pero sabía qué hacer con ella. Antes lavó sus dientes y su cara con agua fría. Fue como si despertara al sentirla en su cara. Se sintió revitalizado. Después se secó cuidadosamente con una pequeña toalla. Se roció un poco de una fragancia que olía a vainilla en su cabello y en otras partes de su cuerpo. Luego tomó la botella de lubricante y vertió un poco en su mano. Sin saber muy bien qué hacía pero con la idea de que no podía fracasar, se llevó el líquido hasta su área perineal y lo frotó en su piel. Recordaba que para que todo funcionara y fuera más fácil, debía hacer que ese líquido viscoso entrara en su interior. Con sus dedos trató de hacer que entrara en su cuerpo pero por un momento sintió que era imposible. Nada podía entrar en un sitio tan cerrado. Entonces decidió tratar de aflojarlo introduciendo sus dedos lentamente. Al principio la sensación le resultaba absolutamente repulsiva. No era agradable o cómoda siquiera y lo agobió la idea de que en unos minutos lo que entraría por ahí no serían sus dedos sino el pene de otro hombre. Aún así siguió deslizando sus dedos en su interior sin detenerse. Al mismo tiempo el alcohol comenzó a hacer efecto en su sistema y sus sentidos se rarentizaron para dar lugar a una agradable sensación que recorría su cuerpo. Entonces tomó más lubricante y lo aplicó nuevamente en su cuerpo. Incluso un poco cayó al suelo porque usó mucho. Después introdujo dos de sus dedos y trató de separarlos para ver si con eso conseguía aflojarse un poco más rápido. Al principio la sensación no era muy agradable pero después de un rato sintió que podía deslizarlos en su interior con más facilidad así que los introdujo más profundo. Se encontraba concentrado en eso hasta que repentinamente sintió un espasmo que erizó su piel. No supo qué pasó pero fue tan insólito y placentero que se detuvo en seco. Entonces sacó sus dedos de su interior y sintió que quizá ya estaba listo. No entendía bien por qué llegó a esa conclusión pero algo en su interior le dijo que así debían ser las cosas. Así que cerró su bata y salió de ahí.
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El libro de los amores imposibles
FantastiqueSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
