La palabra "infidelidad" hizo eco en la mente de Dylan y se tornó en muchos significados diferentes. Demasiadas cosas quedaban englobadas en una simple palabra pero no importaba qué tanto se deformara, la realidad era sólo una: Issac se veía con alguien más. Por eso tenía sentido que le haya conseguido otro departamento. Quería poder llevarla sin que nada los molestara. Entender esto fue como una puñalada en el corazón de Dylan.
— Ustedes de por sí iban a divorciarse pronto, ¿No?— dijo Sebastian—. No es para tanto si lo piensas de ese modo... además, creo que es mejor estar lejos de alguien infiel.
— Insisto, sólo arruinas todo— le dijo Marie molesta—. Ya deja de hablar.
— Quiero hacerlo sentir mejor— le dijo Sebastian—. Aún si su matrimonio fue arreglado, debe ser horrible que tu marido te engañe.
— Me están dando ganas de golpearte— le dijo ella irritada.
— Mejor golpea al señor Cassell, él es el infiel.
— Lo haría si no fuera mi jefe— dijo ella aún molesta—. No quiero que me despida.
— Acabas de irte con su esposo sin darle la posibilidad de decirle algo— dijo Sebastian—. No creo que esté muy feliz con eso.
— Le diré que le quería evitar un incómodo momento— dijo ella.
— ¿Y si no te cree?
Marie suspiró.
— Me despedirá probablemente— dijo ella con resignación.
— ¿Y qué harás entonces?— dijo Sebastian preocupado.
— Regresaré al pueblo— dijo ella—. Tengo una pequeña casita que fue de mis ancestros, está un poco alejada del pueblo pero es mía. Puedo vivir ahí mientras busco otro trabajo.
— Tu pueblo está muy lejos de aquí— le dijo Sebastian—. No te vería nunca.
Ella le regresó la mirada. Él se veía de verdad angustiado. Ella sonrió.
— Podría venir de visita— dijo ella—. Para verlos. Si es que no les importa...
— No— dijo Dylan.
Marie y Sebastian se giraron para observarlo. Él tenía la cara muy consternada pero se veía muy serio.
— No te irás— le dijo Dylan a Marie—. No puedes irte. Tienes que quedarte conmigo... con nosotros. Somos... amigos, ¿No?
Dylan la miró con un poco de angustia porque sentía que excedió su confianza al llamarla su amiga. No quería molestarla. Pero eso no pasó. Marie sonrió.
— Somos amigos— le dijo ella—. Y me gustaría mucho quedarme aquí contigo. Pero si el señor Cassell...
— Si él quiere que te vayas, me iré contigo— le dijo Dylan angustiado—. No quiero estar aquí si no estás tú también.
Ella soltó una risita.
— Usted no puede irse lejos de su esposo— le dijo ella—. Me encantaría que pudiéramos irnos pero...
— Vamos a divorciarnos— dijo Dylan.
— Es cierto— dijo Sebastian—, ya no van a depender del señor Cassell. Podrán hacer lo que quieran sin que él lo evite.
— Pero hasta entonces él sigue pagando mi salario— dijo Marie—. Puede despedirme.
— No lo permitiré— dijo Dylan.
— ¿Cómo hará eso?— preguntó Sebastian.
— Yo sólo... no lo permitiré— dijo Dylan—. Somos amigos y los amigos se apoyan, ¿No?
— Es verdad— dijo Sebastian—. Somos amigos. Probablemente no puedo hacer nada en este caso pero... cuenten conmigo.
Dylan se sintió feliz al saber que esas dos personas que tanto le agradaban y tanto lo ayudaron, eran sus amigos de verdad. Le dolía todavía lo de Issac pero prefería no pensar en eso. Quería sólo seguir con Marie y Sebastian.
— Vayamos por ese aceite— dijo Marie—. Tenemos que terminar la cena.
— ¿Qué estaban haciendo de cenar?— preguntó Sebastian.
— ¿Por qué preguntas?— le dijo ella—, ¿Todavía no cenas?
— Obviamente no— le dijo él.
— Cena con nosotros— le dijo Dylan.
— Genial, gracias— dijo Sebastian feliz.
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El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
