Los días pasaron y ellos dos hacían cada vez más cosas juntos. Tim era extremadamente popular gracias a Bryce y muy pronto Tessa se acercó a él. Ella realmente estaba interesada en Bryce al principio pero en vista de que él no le haría caso nunca, se decidió por Tim. Él solía estar con ella de vez en cuando, aunque no mucho porque debía estar con Bryce para no perder estatus. También porque le gustaba ver a Bryce. Al principio pensó que era cosa de la pintura, porque Bryce tenía un estilo muy realista, tanto que parecía fotografía. Creyó que admiraba su talento, sin embargo, pronto descubrió que su parte favorita de verlo pintar era notar el movimiento suave de su muñeca con el pincel. Su cara seria y concentrada mientras daba los trazos. La forma en la que ataba su cabello hacia atrás, para que no se pasara a su cara. Podía ver su nuca, que tenía una cicatriz pequeña de forma vertical... una que no parecía dolorosa pero que le daban ganas de tocarla. De pasar sus dedos por encima, como si pudiera hacerla desaparecer. Dependiendo el día, Tim se enfocaba en algo diferente de Bryce. En la forma delicada de sus piernas o en lo pequeña que se veía su cintura. Si Bryce pintaba algún detalle al borde del lienzo, podía mirarlo mejor por el ángulo y entonces se concentraba en su cara. En sus ojos azules, con pestañas largas y rectas. En su nariz delgada pero redondeada en la punta. En sus labios que parecían suaves y pálidos, menos cuando Bryce sujetaba algún pincel con la boca, solía hacerlo de vez en cuando, si debía alternar pincel. La madera presionaba sus labios y el flujo de sangre les daba otro aspecto. Uno muy... tentador. Tim reconoció con el paso del tiempo, lo mucho que le parecían atractivos esos labios. Por un momento se asustó. Estar con otro chico no era normal. Se tardó un poco en aceptar su anormalidad, pero no pudo negarla en cuando Tessa le sugirió que tuvieran intimidad y él no pudo lograr una erección.
Sin embargo, en una ocasión, encontró a Bryce en el salón del taller de pintura, sobre una silla, tratando de bajar algo de un mueble alto. Se acercó rápidamente para sujetarlo. Bryce lo miró para abajo, confundido.
— Podrías caerte— le dijo Tim—, pero descuida, te tengo.
Sujetó sus piernas. Bryce se concentró en bajar una pequeña caja del mueble. En esa acción que parecía irrelevante, Tim no sólo pudo tocar a Bryce, también olió su fragancia y sintió su calor. En cuanto Bryce estuvo a salvo abajo y regresó a su pintura, Tim le avisó que iría al baño. Una vez ahí, frente al inodoro, Tim pasó sus manos sobre su miembro y logró eyacular después de un rato, mientras en su mente seguía muy fresco el recuerdo de tener a Bryce en sus brazos. Se sintió un poco mal después de eso, pero el sentimiento de culpa se fue luego de pensar que no tenía por qué sentirse avergonzado. Quizá sus sentimientos por Bryce estaban mal, pero nadie tenía que darse cuenta. Con esto en mente, siguió adelante.
Bryce agradecía poder hablar con alguien al fin. No sabía lo mucho que deseaba poder hacer eso hasta que empezó a verse con Tim. Generalmente sólo se dedicaba a escucharlo, sobre todo porque cuando quería contar algo de sí mismo, Tim lo interrumpía con algún chiste o un comentario sobre otra cosa. Gracias a eso, Bryce se enfocaba en mirar a Tim, más de lo que debería. Él no solía fijarse en el aspecto físico de las demás personas, pero en caso de Tim, se le hacía imposible no notarlo. Él tenía un espectacular físico, nada sorprendente considerando que tenía una beca deportiva. Le gustaba notar los músculos de sus brazos (sobre todo cuando usaba el uniforme de su equipo), le encantaba ver la forma de su rostro, tan varonil y expresivo. Sabía que cuando se reía, se le hacía un pequeño hoyuelo en la barbilla. Adoraba todas esas pequeñas expresiones que nadie más parecía notar. Se sentía cómodo a su lado, sin la presión constante en la que vivía en su casa por ser un Cassell. Pensaba que su amistad era muy buena, aún cuando varias veces sintió que Tim no era sincero con él, como si escondiera algo.
Una tarde, después de que salió del taller de pintura, se fue directamente a su dormitorio pero en las escaleras, escuchó cómo dos de sus compañeros hablaban de cómo acercarse a él.
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El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
