99. Cocina

51 7 4
                                        

Katrina entró a la habitación de su hijo. Issac estaba tomando algunas cosas del armario tranquilamente.

— No puedo creer que de verdad vayas a hacerlo— le dijo ella mientras se acercaba—, estás loco.
— También te quiero, mamá— le dijo Issac, luego tomó su teléfono y le dio instrucciones a su guardaespaldas.
— ¿Qué pretendes con todo esto?
— Papá fue muy cruel con Dylan— dijo Issac—. No dejaré que le digan cosas así de nuevo. Me imagino que alguien debió decirle lo que pasaba a papá y si no fue nadie de aquí, es porque en el pueblo ya saben lo que pasó. No perdonarán a Dylan. Debo sacarlo de aquí antes de que lo lastimen.

Todo eso tenía sentido pero Katrina no quería que así fueran las cosas.

— Sí pero... no es justo— dijo ella mientras sentía ganas de llorar—. Las cosas por fin estaban bien entre nosotros... ustedes debían quedarse. Ésta es su casa...

Issac miró a su madre. Suspiró y se acercó para abrazarla. Ella lo abrazó también.

— Honestamente no quiero irme— le dijo Issac—. Quiero quedarme contigo. Pero a veces las cosas no salen como queremos...

Recordó que Dylan estuvo a punto de lograr huir de verdad. Le pareció una lástima todo eso. Dejó de abrazar a su madre para seguir empacando. No habían muchas cosas que iba a llevar porque en su departamento tenía todo, sólo lo que llevó hasta ese lugar.

— Te ayudaré— le dijo Katrina mientras trataba de sobreponerse a la situación—. Estás haciéndolo mal.

Issac sonrió.

— Eres la única persona que me dice que hago las cosas mal— le dijo—. Los demás están demasiado asustados para decirme algo. Voy a extrañar esto.
— Podrías... tratar de verte menos enojado— le dijo ella—. Sobre todo con Dylan.
— ¿Me veo enojado ahora?— dijo Issac—, no lo estoy, sólo... tengo muchas ganas de dormir.
— ¿No pudiste dormir bien?
— No, después de lo de ayer fue imposible— admitió Issac.
— Sí, entiendo— le dijo Katrina—, pero debes saber que Dylan no es culpable de lo que pasó.
— Lo sé, es todo por esta estúpida maldición— dijo Issac—. Pero ya no importa.
— Sí importa— le dijo ella.

Issac la observó. Su madre parecía muy seria. Él suspiró. Se sentó en la cama. Ella fue hasta él.

— De verdad quería que él tuviera éxito— le dijo Issac—. No sabes cuánto lo deseaba...
— Yo también— admitió Katrina—. En parte. Otra parte de mí se sentía muy traicionada por Dylan. No entendía cómo era posible que quisiera irse. Pero creo que era sólo mi orgullo. No estaba pensando en él, sólo en esta familia. También en ti.
— ¿En mí?
— Soy tu madre. Para mí no existe mejor persona que tú. Me dolió que tu esposo quisiera irse con alguien más.

Eso hizo sonreír a Issac.

— No merezco que me quieras tanto— le dijo—. Pero por favor no dejes de hacerlo. Al parecer el único amor que voy a tener en la vida va a ser el tuyo.
— No digas eso— le dijo Katrina—. Eres un hombre muy guapo y muy exitoso, pronto encontrarás alguien que te quiera mucho.
— ¿Tanto como para querer huir en medio de la noche?— dijo Issac mientras recordaba la cara de Anna.
— Más que eso— le dijo ella.

Eso le dió un poco de esperanza a Issac. Terminó de empacar y tomó sus cosas. El señor Pratt apareció y él se las dio. El hombre salió.

— ¿Qué pasará cuando llegues a la ciudad?— le dijo Katrina.
— Volveré al trabajo y haré que Dylan pueda instalarse en algún lugar.
— ¿En dónde?— dijo ella.
— No tengo idea— admitió Issac—. Pero algo se me ocurrirá. Confía en mí, Dylan estará bien.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora