Matty vio pasar los días como si fueran horas en el reloj. Y la culpa no se fue, sólo aumentó. Su madre le prometió que nada de lo que pasó con Bryce era su culpa pero él sentía que sí. Su hermano volvió en algún momento en el periodo vacacional de verano en ese año. Lo ignoró como siempre. Matty quería acercarse para preguntarle qué pasó con su padre pero no pudo. Nadie lo alejó, Matty simplemente decidió apartarse. La culpa lo consumía pero no se atrevía a acercarse. Sentía que ya no soportaría otro rechazo. Para olvidar todo eso se dedicaba a la escuela. Sus calificaciones eran muy buenas, incluso mejores que las de Issac. Le gustaba leer así que solía perder el tiempo de ese modo cuando lo tenía. No se involucraba con nadie más. Tenía amigos pero no era íntimo de nadie. Era naturalmente social así que hablaba con facilidad con otros pero no le interesaba establecer alguna clase de vínculo con nadie. El único vínculo que le importaba era el que tenía con Bryce, que estaba totalmente roto o no existía siquiera.
Los años pasaron. Bryce cambió mucho de escuelas porque tenía problemas en todas. También supo gracias a una conversación que espió de su madre y una amiga de ella que su hermano empezó a beber y a fumar. Era violento y tenía una pésima fama. Las pocas veces que fue a la casa en vacaciones se la pasaba siempre en las calles. Cuando Matty lo veía mejor se alejaba. Hasta que una vez lo encontró dormido en una banca en el jardín. No había nadie cerca así que se acercó lentamente.
Bryce dormía profundamente. Su cabello negro estaba un poco largo y le cubría parte de la cara. Se veía tan tranquilo que Matty se arriesgó a apartar esos cabellos de su rostro después de un debate interno sobre si debía o no. Lo hizo. Tocó a su hermano. Bryce no despertó. Entonces Matty pudo por fin conocer oficialmente a su hermano porque hasta ese entonces nunca había estado tan cerca de él. Tenía 9 años. Bryce tenía 17.
Su primer pensamiento al verlo así era que efectivamente Bryce se parecía mucho a su padre. Tenía sentido que llevaran el mismo nombre. Aunque su hermano tenía el cabello ondulado como el de su madre. Como estaba largo las ondas eran muy notorias y a Matty le pareció hermoso. De hecho pensó que Bryce en general era alguien muy atractivo. Siempre solía escuchar que todos pensaban eso de su hermano Issac y era cierto pero él sentía que Bryce tenía incluso una cara más bonita.
Se encontraba pensando en eso cuando se vio tentado a tocar su cara de nuevo. No quería hacerlo por miedo a despertarlo pero pensó que quizá no tendría otra oportunidad. Pasó suavemente sus dedos sobre la mejilla de Bryce. Entonces éste se despertó.
Matty se sorprendió tanto que hasta se fue de espaldas y cayó al suelo. Bryce se levantó rápidamente. Matty lo observó desde el suelo. Bryce lo miraba fijamente.
— ¡Perdóname!— le dijo Matty muy alterado tratando de no ponerse llorar aunque se sentía terrible—, ¡No quería...
Pero no terminó la frase porque Bryce se levantó y se acercó a él. Se dejó caer al suelo justo frente a él. Matty lo miró fijamente mientras sentía un vacío en su interior. Una vez que estuvieron así de cerca, Bryce se acercó más y rodeó el cuerpo de Matty con sus brazos.
— Matty— le dijo con su voz profunda muy cerca de su oído— , estás bien. Qué bueno. Estás a salvo.
Matty no entendía qué pasaba. Ni siquiera entendió por qué le dijo Bryce esas cosas. Lo único que sabía era lo mucho que dolía todo eso. Esas palabras le resultaron tan insoportablemente dolorosas que no pudo evitar ponerse a llorar.
Quizá porque lo estaba abrazando la persona que llevaba toda su vida evitándolo.
— No llores, todo está bien— le dijo Bryce y lo abrazó con más fuerza—. Te protegeré.
Eso sólo lo hizo llorar más. Torpemente y sintiendo una presión terrible en el pecho, Matty rodeó a su hermano con sus brazos y también lo abrazó. Lloró por unos minutos sin parar, estuvieron así un buen rato. En algún momento Matty se tranquilizó. Dejó de llorar. Sólo se quedó en silencio sintiendo la calidez del cuerpo de Bryce. Respiró profundo para tranquilizarse y entonces descubrió un olor muy extraño. Era alcohol. Se separó un poco de Bryce para verlo. Tenía los ojos cerrados.
— ¿Bryce?— le preguntó.
Y Bryce entonces se dejó caer al suelo. Matty no pudo detenerlo, era muy grande y pesado. Al verlo así se asustó tanto que gritó. Llegaron unas personas. También su madre. Lo inspeccionaron.
— Por favor llévenlo a su habitación— ordenó ella—. Está muy ebrio.
Matty vio cómo se lo llevaron cargando pero no los siguió, se fue a su habitación. Pensó mucho en eso. Bryce estaba ebrio, el alcohol lo había hecho hablar. Por un momento incluso pensó que tal vez todo eso que dijo fue porque lo confundió de persona pero luego recordó que dijo su nombre. Bryce lo llamó Matty. Y aún si fue impulsado por el alcohol y nada de eso tuvo sentido, a él le alegraba haberlo escuchado. No sabía qué tanto necesitaba esas palabras y ese abrazo hasta que pasó. Incluso se sentía menos culpable. No quería buscarle significado a lo que le dijo porque probablemente no había uno, mejor decidió atesorar esas palabras en su corazón.
Al día siguiente Bryce estaba bien, como siempre. Lo ignoró igual que antes pero Matty no se sintió tan mal. El recuerdo de esas palabras y la sensación de ese abrazo seguían frescas en su mente.
Un año después las campanas del pueblo sonaron en señal de que el libro dorado tenía nuevas víctimas. Los Cassell fueron rápidamente, incluso Bryce que había llegado ese día porque por fin se había graduado del instituto.
Ya ahí dijeron el nombre de Issac. Matty recordaba la cara de angustia de sus padres y la de incertidumbre de Issac pero también recordaba la sonrisa en la cara de Bryce. Él sonreía y parecía feliz por eso. No dijo nada, sólo sonrió y ya.
Matty tenía 10 años y recordaba esos días como un caos total de padres preocupados. Los Jensen y ellos tuvieron muchas reuniones para ver cómo manejarían esa situación, gracias a eso él conoció a Dylan, un niño de 8 años de cabello platinado. Era pequeño, adorable y muy tímido pero jugaron juntos varias veces.
Hasta que sus padres decidieron que no podían jugar más. Matty no lo entendía y le preguntó a su madre. Ella le explicó que era porque Dylan sería algún día el esposo de su hermano Issac y no querían que él se enamorara de alguien más.
— ¿Dylan se va a casar con Issac?— preguntó muy confundido.
— Cuando los dos sean mayores— le dijo ella.
— Pero los hombres no pueden casarse con otros hombres— dijo Dylan.
— Sí se puede. Si el libro lo dice entonces debe hacerse.
— Pero Dylan es más chiquito que yo.
— Crecerá— dijo ella.
— ¿Y por eso no podemos jugar? Porque yo no quiero que sea mi esposo, quiero que sea mi amigo.
— Aún así nadie se arriesgará. No deben haber errores.
— Pero podemos seguir jugando algunas veces, ¿No?
— Sólo un poco— le dijo ella.
Y eso pasó. En días siguientes Matty se encontró con Dylan y jugaron. Como los dos tenían mucho en común pasaban tiempo juntos y se entendían. Matty creía que no había ningún problema con eso pero sí lo había porque a su padre no le gustaba. El señor Cassell no veía con buenos ojos que su hijo menor se entendiera tan bien con el futuro esposo de Issac.
De un momento a otro le dijo a Matty que lo había inscrito en un colegio lejos de ahí y que se iría. Viviría en los dormitorios del colegio. Él no quería pero su madre le dijo que eso sería bueno para él, aprendería mucho y además así no tendría que encontrarse con Bryce que como no quiso continuar en la universidad pasaría mucho tiempo en la mansión.
Así fue como Matty dejó su casa y comenzó a vivir en los colegios donde lo mandaban. Iba ocasionalmente a su casa pero no se quedaba mucho. Y cuando Issac tomó el control de las finanzas de su padre mucho menos porque él quería que su hermano menor tuviera una educación perfecta y lo metía a varios cursos en periodos vacacionales. Eso le gustaba a Matty aunque le parecía muy solitario.
Pero había estado solo toda su vida y sabía lo que era el desprecio... vivir así no le fue muy difícil. Se adaptó a la soledad. Aunque no le gustaba. A veces sentía que tanto silencio le gritaba y era insoportable. Pero decidía aguantarlo y no quedarse. Se tragaba sus sentimientos y a cambio de esconder todo ese dolor se ganaba cumplidos de sus padres y Issac. Le decían que era el hijo perfecto. Matty no se sentía así. Tampoco quería, sobre todo porque el camino a la perfección era solitario y doloroso. Pero Bryce ya lo odiaba así que no se arriesgaría a perder a más miembros de la familia.
Matty odiaba la soledad. Pero parecía que nunca iba a poder deshacerse de ella.
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El libro de los amores imposibles
ParanormalSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
