103. Legado

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Issac tuvo un día muy ajetreado. Se le juntaron bastantes pendientes durante su ausencia y aunque no pudo solucionar todo, hizo lo más que pudo. Terminó cansado y de mal humor. Sólo quería comer y luego dormir. Cuando al fin decidió irse a casa, ya estaba oscuro afuera. Perdió la noción del tiempo, usualmente le pasaba así que no le sorprendió. Sintió hambre y llamó a su asistente. Ella, una mujer rubia de traje elegante, apareció.

— ¿Hay algún lugar donde pueda ir a comer sin reservación?— le preguntó él mientras recogía sus cosas y las metía en un maletín.
— Investigaré— le dijo ella mientras tomaba su teléfono, iba a salir pero recordó lo que él le pidió en la mañana—, señor Cassell, traté de buscar un departamento pero no encontré ninguno que estuviera tan disponible de inmediato...
— ¿Qué?— dijo él confundido—, ¿Qué departamento?
— Usted me pidió buscar un departamento— dijo ella.

Entonces Issac recordó que Dylan y Marie estaban en su casa. Con tanto trabajo, se olvidó de todo. Por eso quería que le buscaran un lugar para comer porque por costumbre solía ir a cenar solo después de un largo día de trabajo. Suspiró. No se sentía preparado para volver a su casa.

— Ah, eso— le dijo a ella—, sigue buscando.
— De acuerdo— dijo ella.
— Olvida lo del lugar para comer, no es necesario— le dijo él, tomó sus cosas y se acercó a la puerta.

Salió y fue al ascensor. Entró y esperó tranquilamente hasta llegar a la recepción. El guardia le deseó buenas noches y él le correspondió el saludo. Después fue a la calle. Su auto lo esperaba ahí. Subió en la parte trasera y cerró la puerta. Dejó sus cosas a un costado.

— Buenas noches, señor Cassell— le dijo Sebastian.
— Buenas noches— le dijo Issac sintiéndose muy cansado—. Llévame a mi departamento.

Sebastian lo hizo. Estuvieron en silencio un buen rato hasta que Sebastian consideró necesario el decirle a Issac que cumplió con sus órdenes de la mañana.

— Llevé a la señorita y al joven a los lugares que me ordenaron— dijo él.
— ¿Qué?— dijo Issac confundido.
— Me pidió que los llevara— aclaró Sebastian.
— Ah, ellos— dijo Issac, también se le olvidó eso—, qué bien.
— Todo salió bien— agregó Sebastian—. Casi perfecto. El joven se cayó en el estacionamiento pero no se lastimó mucho.
— ¿Se cayó?— dijo Issac sin entenderlo.
— Cuando corría— dijo Sebastian—. Pero está mejor. Se comió una hamburguesa y se veía feliz.

Issac no supo qué decir, todo eso le parecía muy tonto. Además no le importaba mucho.
Llegaron a su edificio. Salió y le dijo a Sebastian que lo vería al día siguiente. Después entró al edificio y no quiso ir por el ascensor. Subió las escaleras. Llegó y se sentía mejor, el ejercicio lo ayudó con el estrés. Abrió la puerta y entró. No vio a nadie en el salón principal. Fue a dejar sus cosas en su estudio. Luego fue a su habitación. Marie se encontraba ahí guardando cosas en el clóset.

— Señor, buenas noches— le dijo.
— Buenas noches— le dijo él—, ¿Dónde está Dylan?
— En la cocina— dijo ella—. Hace la cena.
— Pensé que estaba lastimado porque se cayó— dijo él.
— Se cayó en el estacionamiento pero no está gravemente herido— dijo ella con nerviosismo—. Le dije que yo haría la cena pero prefirió hacerla él.
— Bien— dijo Issac y salió de ahí.

Fue a la cocina. Dylan se encontraba muy concentrado en revolver un par de cosas, tanto que no notó la presencia de Issac ahí. Lo hizo hasta que Issac accidentalmente empujó un cucharón y cayó al suelo. Dylan se giró y lo observó levantarlo. Su cara se puso roja sólo de verlo.
Issac regresó el objeto a su lugar. Luego vio que Dylan lo miraba fijamente.

— Perdón por tirar eso— le dijo.

Dylan simplemente negó con la cabeza.

— No era necesario que hicieras nada— agregó Issac—. Podemos comprar comida.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora