Matty perdió el aliento y la cabeza mientras sentía los labios de Bryce sobre los suyos. Fue un gesto de un segundo pero que fue eterno para Matty. Después de esa caricia, Bryce se alejó un poco pero no dejó de tocar el rostro de su hermano con las manos.
— ¿Está mal?— le preguntó con inquietud—, ¿No debí hacer esto?
— ¿Por qué lo hiciste?— le preguntó Matty muy confundido.
— Quería— dijo Bryce—, ¿Tú no?
— No es eso, es sólo que... no deberíamos...
Pero entonces Bryce volvió a acercarse y sus labios se unieron de nuevo. Fue nuevamente otro gesto de sólo un segundo, pero el corazón de Matty latía muy fuerte, como si quisiera salir disparado de su pecho.
— Perdón— le dijo Bryce en un susurro.
— No, está bien— le dijo Matty mientras sentía cómo su cara se ponía muy caliente—. No es tu culpa.
Las manos de Bryce sintieron la suave y cálida piel de la cara de su hermano.
— ¿Tienes fiebre?— le preguntó Bryce.
— No lo sé— dijo Matty.
Tal vez así era, pensó Matty. Quizá todo eso que sentía era como una especie de enfermedad que invadía todo su cuerpo, algo tan infeccioso que no tenía control... que quizá jamás iba a poder curarse.
Así que totalmente convencido por la idea de que aquella fiebre debía detenerse o de lo contrario lo mataría, Matty se acercó más a Bryce y recorrió su cara con una de sus manos, puesto que no podía verlo gracias a la espesura de la noche.
— ¿Matty?— le preguntó Bryce.
— Ya es tarde— le dijo Matty—. Para todo. Estoy condenado, tanto como tú lo estás. No debiste besarme. Fue un horrible error.
Después sus dedos se deslizaron por el contorno de su cara y bajaron por su cuello. Bryce sólo se quedó quieto, sintiendo cómo lo acariciaban lentamente. Las manos de Matty llegaron hasta el pecho de su hermano. Sostuvo el borde de su abrigo. Sólo debía tirar de él un poco para dejar expuesto lo que había debajo. Pero sabía que hacer algo así haría que no hubiera vuelta atrás. Se estaba cuestionando mucho si debía cruzar o no esa línea cuando sintió las manos de su hermano sobre las suyas.
— Puedo encargarme si no sabes qué hacer— le dijo Bryce en un susurro.
Matty sólo se quedó quieto tratando de distinguirlo entre tanta oscuridad. Pero no veía más allá de su silueta.
— Acuéstate— le dijo Bryce.
Matty no entendió bien la orden pero aún así se inclinó hacia atrás, dejándose caer lentamente sobre el asiento trasero del vehículo.
Desde ahí no podía ver básicamente nada. Entonces sintió un calor sobre él. Levantó brevemente los brazos y puso sentir el hombro de su hermano. Descubrió que Bryce se encontraba inclinado hacia él.
Iba a preguntarle qué estaba haciendo cuando Bryce se acercó más y sus labios se juntaron. Pero esta vez no era un beso como los anteriores, en donde sólo se tocaron suavemente. Ahora Bryce se abrió paso entre los labios de su hermano y Matty sintió su aliento a alcohol. Aquel beso aumentó de intensidad, cosa que hizo que a Matty le costara respirar y su corazón latiera aún más fuerte. Al mismo tiempo le dolía el pecho. Entendía que nada de eso estaba bien. Sus lágrimas se juntaron en sus ojos.
En algún momento Bryce se separó de él un poco para recuperar el aliento.
Matty tuvo entonces unos momentos para pensar si debía seguir. Quizá aún no era tarde. Sólo debía apartarse y todo estaría bien. Podría pretender que nada de eso sucedió... pero una oportunidad como esa no volvería a sucederle. Si la dejaba pasar, jamás tendría a Bryce de ese modo. Entendía a la perfección que besar a su hermano estaba mal. Pero llevaba tanto tiempo deseándolo con tanta fuerza que era más potente que su voluntad. Aún sentía la cercanía de su hermano, su calor lo rodeaba y el sabor de su aliento seguía presente en su mente. Matty comprendió que sólo se engañaba a sí mismo al pensar que tenía una decisión por tomar, siendo que ya la había tomado desde el primer momento en que Bryce lo besó en los labios. No había forma posible en la que él pudiera negarse. Bryce era más fuerte que cualquier otra cosa que existiera en su mente. Más importante que sus prejuicios, que su historia e incluso que sus lazos sanguíneos. Nada era más poderoso. Querer resistirse sólo lo lastimaba. No podía. No quería. No iba a hacerlo.
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El libro de los amores imposibles
خوارقSi tu nombre aparecía en el libro dorado junto al de otra persona, debían casarse o de lo contrario cosas terribles le pasarían a todo el pueblo. Dylan lo sabía, creció toda su vida sabiendo que un día debía casarse con Issac Cassell para salvar a s...
