5. Llamada

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Matty vio que Dylan parecía triste. Se sentó a su lado.

— No es tan malo— dijo—. De hecho no lo es para nada. Isacc es una buena persona. Yo lo adoro. Me encanta visitarlo cada vez que puedo.
— Lo sé pero...
— Entiendo que esto da miedo, no puedo imaginarme como ha de ser vivir así pero... creo que tanto él como tú son buenas personas y su unión será algo bueno. Aunque él deberá mejorar sus regalos porque esto no es romántico para nada— dijo entre risas—. Sé que es una forma de compensar el hecho de que no está aquí pero como futuro novio deja mucho qué desear.

Dylan lo observó y sonrió.

— Sin embargo creo que yo soy el mejor de los Cassell porque apuesto a que mi regalo será mucho más especial que el de toda mi familia— dijo orgulloso—. Sobre todo porque los demás no se esforzaron tanto. Mis padres sólo te depositaron dinero así que esto es mucho mejor.

Le ofreció una cajita. Dylan la tomó. La abrió. Adentro había varios separadores de libros.

— Yo los hice— dijo Matty—. Así podrás llevar varias lecturas al mismo tiempo pero recuerda no pasar tanto tiempo en la biblioteca. A mi mamá no le gusta.
— ¡Me encantan, muchas gracias! — le dijo Dylan feliz.

Lo abrazó. Se separaron después de unos segundos.

— ¿Sabes qué será lo mejor de que te vuelvas el esposo de mi hermano?— dijo Matty—, que por fin vivirás aquí y podremos pasar mucho tiempo juntos. Al menos ahora no te alejarán de mí. Será divertido.

Dylan le sonrío. Ken observó todo eso mientras se escondía detrás de una enorme planta. Le aliviaba un poco saber que aunque lo que pasaría sería difícil, Dylan no estaría totalmente solo. Matty lo ayudaría. Quería ser optimista y creer que lo de la maldición no sería tan malo.

Por la noche, Dylan fue a casa. Ken lo dejó ahí y prometió verlo al día siguiente. Él entró a su casa que era pequeña y que tenía por la parte de enfrente la cafetería. Sus padres lo esperaban.

— Hola mi amor— le dijo Becca, su madre—, ¿Cómo te fue en tu fiesta?
— Bien— dijo Dylan.
— Lamentamos no poder ir pero teníamos mucho trabajo. Aunque espero que estés de humor para más festejos— le dijo Simon, su padre—. Porque tenemos algo para ti.

Lo llevó a la cocina. Sobre la mesa había un pastel de cumpleaños.

— Queríamos hacerte algo especial— dijo él—. Aunque probablemente no es tan bueno como los que haces tú.
— Me encanta— dijo Dylan con una sonrisa—. Muchas gracias.

Abrazó a ambos. Después partieron ese pastel.

Dylan se fue a dormir esa noche creyendo que había tenido el mejor cumpleaños de todos. Aún estaba preocupado pero no quería pensar en nada. Sólo quería dormir y creer que ya pensaría en lo demás luego, cuando el día llegara, enfrentaría todo.

Sin embargo él no sabía lo que pasaría al día siguiente.
Esa mañana Katrina se despertó muy temprano y después de su rutina de todos los días donde terminó luciendo perfecta, bajó a desayunar. En el comedor se encontró con Bryce Cassell, su esposo, un hombre de aspecto refinado y masculino, que bebía su café. Usaba un traje y su cabello oscuro se encontraba perfectamente peinado hacia atrás. Se veía tan elegante y respetable como ella.
Poco después llegó Matty. Parecía cansado aunque se veía muy bien. Se sentó. Ella ordenó que le sirvieran el desayuno. Una mujer se acercó para hacerlo. La mansión era grande y mucha gente trabajaba ahí así que sus peticiones se hacían de inmediato. Matty, un joven de 20 años de cabello rubio, miraba su desayuno frente a él con los ojos azules adormilados.

— Cariño, si tenías sueño debiste quedarte a dormir— le dijo ella.
— Estoy bien— dijo Matty—. No desaprovecharé mi tiempo aquí durmiendo. Tengo todo un mes para divertirme y hay muchas cosas que quiero hacer.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora