47. Almuerzo

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Cuando Dylan supo lo que Issac planeaba hacer, se quedó mudo por la impresión y el miedo. Al principio no lo pudo creer. Creía estar soñando. Se convenció a sí mismo de que así era para no asustarse. Simplemente anotó la hora en la que se vería con Matty para ir de compras y la pegó con un magneto en el congelador de la cocina. Luego fue a su habitación a limpiar un poco. Se pasó el día así, realizando pequeñas actividades que no requerían de nada de su parte. Era domingo así que en cuanto pudo fue a la cafetería para ayudar. Su padre era quién horneaba casi todo lo que vendían así que él le ayudaba. Se concentró en eso hasta que tuvieron que cerrar. Fue entonces cuando Katrina le llamó a Becca para confirmar la hora en la que Matty pasaría por Dylan. De este modo ella se enteró de lo que pasaría porque su hijo nunca se lo mencionó. Le angustió saber la razón y mientras cenaban trató de sacar el tema.

— Katrina me contó sobre la fiesta de mañana— dijo ella con naturalidad mientras se servía agua—. Parece que será algo muy elegante.

Dylan sólo la miró sin saber qué decirle. Simon notó que su hijo debía estar muy asustado. Generalmente tener que ir a fiestas de los Cassell siempre le dio ansiedad y esa fiesta no sólo sería para él sino que Issac también estaría ahí. No podía imaginar lo angustiado que estaría Dylan.

— Apuesto a que será divertido— dijo Simon tratando de verse animado—. Además nadie espera una fiesta así en un lunes, es algo inesperado...

Dylan dejó caer su tenedor. No había sido su intención pero se sentía tan abrumado que simplemente se le resbaló de las manos.

— Disculpen— dijo tratando de no ponerse a llorar.
— Está bien, sólo es un tenedor— dijo Becca intentando no verse preocupada.

Dylan lo tomó y volvió a picar con él un poco de su ensalada. Se la llevó a la boca pero de alguna manera le supo muy amarga.

— No tengo nada qué ponerme— dijo Becca—. Creo que repetiré el vestido que usé en el cumpleaños de Katrina, espero que nadie lo note.
— Cambia tu peinado y usa otros zapatos, apuesto a que no lo notarán— le dijo Simon.
— Seguramente mañana te vas a divertir mucho al ir de compras— le dijo Becca a su hijo.

Dylan se levantó de la mesa entonces.

— Terminé— dijo y tomó sus cubiertos.
— Déjalos ahí, nos haremos cargo nosotros luego— le dijo Simon.
— Iré a mi habitación— dijo Dylan y se retiró de ahí lentamente.

Subió los escalones sintiendo que le faltaba el aire. Pero no se detuvo. Llegó a su habitación, leyó un libro un rato sin poder concentrarse del todo y luego fue a lavar sus dientes. También lavó su cara. El agua estaba fría pero eso lo ayudó un poco con el estrés. Sentía que el pecho le dolía, también la espalda, como si estuviera cargando con algo muy pesado... pero se negaba a ponerse a llorar. No quería hacerlo.
Se fue a dormir aún sintiendo ese dolor pero sin dejar sus lágrimas salir.

Lo despertó la alarma en la mañana. Era lunes así que debía ir a la escuela. El director y sus profesores le habían recomendado no regresar hasta pasando la boda y estaba de acuerdo con eso pero ese día sentía que necesitaba despejar su mente y quizá ir a clases con otros adolescentes lo ayudaría. Llamó a Ken para avisarle.

Ken se sorprendió acerca de eso pero llegó puntual con el auto y el chofer. Dylan salió de la casa y subió. No se veía feliz. No se veía triste. Su cara simplemente no reflejaba otra cosa más que angustia.
En el trayecto Ken trató de hablarle pero Dylan sólo contestaba brevemente.

— ¿Sus padres estuvieron de acuerdo con que vaya a la escuela hoy?— le preguntó.

Dylan simplemente asintió. Ken pensó que quizá creyeron que ese tipo de distracción sería buena para él antes de la fiesta. Llegaron al lugar. El auto se detuvo en la entrada. Ken bajó y ayudó a Dylan a salir. Todos los que estaban ahí dejaron de hacer lo que hacían para ver. Cuando Dylan se dirigió a la puerta del lugar, todos los ojos estaban en él. También en Ken que no debía alejarse de él, pero principalmente en Dylan. Sin embargo el jovencito no parecía preocupado por eso. Lo habían mirado así toda su vida. No sólo era el chico de la maldición, también era el único que llevaba un guardaespaldas.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora