70. Vaso

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Dylan se perdió en su mente unos minutos recordando aquel resplandor y cuando pudo enfocarse en la realidad, vio que ya se encontraba frente al comedor, rodeado de gente, con comida servida por toda la mesa y a su lado en la cabecera de la enorme mesa estaba Issac. No sabía cómo llegó hasta ahí, pero ya no importaba. Todos comían aunque no en silencio, se escuchaban unos leves murmullos en el ambiente que lo hacían sentir menos tenso. Eso aunado a los sonidos de los cubiertos, todo el ambiente se sentía más animado. A pesar de que existía la posibilidad de que algo terrible pasara si las cosas salían mal, las personas comían con cierta tranquilidad. Esto tenía muy tenso a Issac pues la presión en él aumentaba. Sin embargo a Dylan lo relajó un poco ver que el estado de ánimo de la gente había mejorado. Tomó una cuchara y comió un poco de la sopa que le habían puesto cerca. Le recordaba brevemente a su infancia, a aquellos días en los que su nombre todavía no aparecía en ese libro y todo lo que le preocupaba era jugar en la nieve con sus muñecos de felpa.

Issac se sentía tan nervioso que quería salir corriendo. Deseaba tener el poder de detener el tiempo. Sin embargo eso era imposible. Debía comer pero en cambio sólo podía ver el reloj antiguo que se encontraba sobre la chimenea más cercana para saber que los minutos avanzaban.
Estaba tan angustiado pensando en eso que no se dio cuenta que pasó a empujar su tenedor por el extremo de la mesa. Dylan sin embargo sí lo notó y se apresuró a levantarlo. Se lo ofreció pero Issac no lo escuchó. Se quedó mirando el reloj como si lo hubieran hipnotizado. Entonces Dylan simplemente deslizó el cubierto lentamente por la mesa hasta él. Esperó que en algún momento Issac lo tomara pero no, él no lo tocó siquiera. No comió nada de lo que le pusieron enfrente, sólo se dedicó a mirar a su alrededor mientras se perdía en sus pensamientos. A Dylan le preocupó eso y sintió ganas de preguntarle si se encontraba mejor. Así que tocó ligeramente su brazo. Después de hacerlo se arrepintió porque recordó que Issac debía estar molesto con él por huir, y aunque ya le había dicho que no lo odiaba, él no podía creerlo. Así que alterado por eso, lo miró esperando su reacción. Pero Issac no lo miró siquiera. Dylan decidió entonces acercarle el postre para ver si se animaba a comerlo.
Issac se encontraba repasando todo lo sucedido desde que llegó a ese pueblo cuando se movió un poco y pasó a tirar un platito con un pastelito que se encontraba a su lado. Cayó al suelo hecho pedazos.

— ¡Lo siento!— se apresuró a decir Dylan con exaltación.

Issac simplemente se inclinó en el suelo para recoger los pedazos pero no fue necesario porque algunas personas cercanas le ayudaron. Limpiaron rápidamente y él regresó a su lugar. Por un momento creyó que querían ser amables pero luego se dio cuenta de que no era así. Querían que él estuviera bien para poder llevar a cabo su destino aquella noche y que nada le pasara a ellos. Temían que pudiera cortarse con los vidrios.
Dylan se sentía muy avergonzado. Quería ayudar a Issac pero en lugar de eso sólo empeoró las cosas. Iba a disculparse cuando Issac se levantó del lugar y se acercó a la chimenea. Extendió sus manos hacia el fuego para calentar sus dedos. Su madre se acercó a él.

— Si tienes frío te traeré otro abrigo— le dijo ella.
— Estoy bien— dijo él—, son sólo mis dedos.

Ella entonces simplemente se acercó para abrazarlo. Dylan los observó así y sintió un poco de envidia. Quería poder ir con sus padres pero no se sentía bienvenido con ellos. Los buscó con los ojos por entre la mesa y los vio muy felices platicando con otras personas. Imaginó que no debían echarlo de menos. También vio a Ken, que no hablaba con nadie y parecía muy serio. Deseó ir y hablarle como antes. Quería poder decirle que se sentía nerviosos y angustiado pero sabía que ya no podía. Había arruinado todo cuando trató de huir. Perdió a Ken y su relación con los Cassell. Eso que por un momento le pareció algo bueno, en ese instante veía que se trataba de algo muy terrible. Ya no tenía un futuro o nada a qué aspirar. Tampoco sabía cómo remediar las cosas. Se había disculpado pero nada cambió con eso. Aún si Issac lo perdonó, las cosas seguían igual o peor.

El libro de los amores imposiblesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora