El regreso a la oficina estuvo marcado por un silencio aún más espeso que el que habían dejado en el aeropuerto.
Durante los dos días siguientes, Anna se encerró en su estudio con la excusa de ultimar los planos ejecutivos del hotel, negándose a cruzar al despacho de Harry salvo para dejarle informes impresos con una nota adhesiva y una firma pulcra.
Harry no aguantó más el viernes por la tarde.
Con los nudillos golpeando dos veces el marco de la puerta abierta de Anna antes de entrar sin esperar permiso, dejó claro que la tregua había terminado. Anna levantó la vista de la pantalla, con el ceño fruncido y una expresión defensiva que se desvaneció al ver la intensidad en la mirada de Harry.
-Esto se acabó, Anna -dijo él, cerrando la puerta a sus espaldas con un movimiento suave pero firme-. No sé qué demonios hice mal, ni qué clase de ofensa invisible cometí para que me trates como a un completo desconocido desde hace dos semanas. Necesito que hablemos, de frente.
Anna sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Se puso de pie lentamente, apoyando las manos en el borde de su escritorio para mantener la compostura. Sus ojos reflejaban una mezcla de dolor contenido y frustración.
-No has hecho nada malo, Harry. Simplemente... creo que es mejor mantener las cosas bajo un perfil estrictamente profesional. Eso es todo -respondió ella, intentando desviar la mirada hacia los planos.
-¿Estrictamente profesional? -Harry dio un paso al frente, acortando la distancia entre ambos con una determinación que dejó a Anna sin margen de maniobra-. Nos llevábamos increíblemente bien. Compartíamos ideas, risas, proyectos... y de la noche a la mañana empezaste a huir de mí como si fuera una plaga. No me digas que es solo por el trabajo, porque no te creo ni una sola palabra.
-Pues deberías creerme -espetó Anna, perdiendo por un segundo la compostura ante la presión de su cercanía-. Algunas líneas simplemente no deben cruzarse, Harry. No tengo ningún interés en ser parte de una complicidad ambigua con un hombre que tiene un compromiso en casa.
Harry se quedó completamente congelado. Sus ojos se abrieron ligeramente mientras procesaba las palabras.
-¿Un compromiso en casa? -repitió, con la voz teñida de una genuina confusión-. ¿De qué estás hablando, Anna?
-Del anillo, Harry -dijo ella, con un temblor casi imperceptible en la voz, señalando de forma indirecta su mano izquierda con un gesto lleno de reproche y desilusión-. Vi cómo lo usaste en la terraza en Chicago cuando esa chica intentaba acercarse a ti. Y lo vi en el taller de muestras. No tienes por qué darme explicaciones, es tu vida privada, pero yo no juego a ese tipo de dinámicas. No voy a ser la otra persona en la ecuación de nadie.
Un silencio denso y absoluto cayó sobre el despacho. Las piezas del rompecabezas encajaron de golpe en la mente de Harry.
La repentina frialdad, la distancia en el avión, la forma en que evitaba quedarse a solas con él... todo cobró sentido. Ella había visto la alianza y había asumido lo peor.
Harry soltó una exhalación que sonó a medio camino entre la incredulidad y la risa nerviosa. Sin pensarlo dos veces, levantó la mano izquierda frente a los ojos de Anna, deslizó los dedos de la otra mano y se quitó el anillo de platino con un movimiento seco, arrojándolo sobre los planos desplegados en el escritorio con un sonido metálico sordo.
Anna retrocedió un paso, sobresaltada por el gesto.
-¿Qué haces? -preguntó ella, mirando el pequeño aro de metal plateado que reposaba sobre las líneas de tinta negra.
-No estoy casado, Anna -dijo Harry, dando un paso más hacia ella, con una urgencia cruda y honesta latiendo en cada una de sus palabras-. Jamás lo he estado.
Ella parpadeó varias veces, con el rostro pálido y la respiración detenida.
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One Shots H. S. (+18)
Fiksi PenggemarHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
